El teniente coronel Óscar Dávila, quien era el coordinador de protección anticipativa de la Presidencia (quien coordinaba la avanzada del presidente) y que apareció muerto en extrañas circunstancias este viernes al interior de su carro, respondió a una entrevista periodística antes de morir y en ella aseguró que no podía hablar del tema de las chuzadas porque “me acaban”.
Una periodista de Cambio reveló la conversación que tuvo tres horas antes de que el oficial de la Policía apareciera muerto en su camioneta al occidente de Bogotá. Las primeras versiones señalan que su muerte se debió a un suicidio.
El hombre murió justo 168 horas después de que enviara una carta a la Fiscalía para colaborar con la investigación sobre las chuzadas a dos exempleadas de Laura Sarabia, la exjefe de gabinete del presidente Gustavo Petro, quien denunció el robo de un dinero en efectivo que estaba en su casa.
Por cuenta de su cargo como coordinador de protección anticipativa de la Presidencia, que trabaja en llave con Casa Militar –desde donde se coordina la seguridad del Presidente y de su círculo cercano y está bajo la batuta del coronel Carlos Feria Buitrago–, sabía al detalle por qué aparecieron intervenidas las líneas telefónicas Marelbys Meza y Fabiola Perea, exempleadas de Sarabia.
El coronel Dávila también era el encargado de liderar la oficina de seguridad que tiene la Casa de Nariño en el piso 13 de un edificio de la Dian ubicado a cuadra y media de la Presidencia. En esa oficina, que funciona hace 8 años, pero cuya existencia se mantenía en secreto, presuntamente se realizaron las copias espejo de los celulares de las dos exempleadas de la que fue hasta hace poco la mano derecha de Petro.
Ese procedimiento, de acuerdo con las tesis que aparecen en los expedientes judiciales, se realizó sin una orden judicial previa y, por lo tanto, podría configurarse en un delito. Además, desde esa oficina se hacían perfilamientos de seguridad y se controlaban los pasos necesarios para salvaguardar la integridad del presidente, su familia y su equipo de trabajo. Por eso, apareció en todo este escándalo.
Eso motivó que esta semana arribaran 20 agentes del CTI de la Fiscalía para inspeccionar ese piso 13 de la Dian, con el fin de obtener copia de todos los equipos que allí están alojados y de los archivos que tienen. De hecho, fuentes extraoficiales indicaron que ahí se detectó el rastro de los teléfonos de Meza y Perea.
Precisamente por todo esto fue que el coronel Dávila fue consultado por la periodista de Cambio, quien le pedía su versión sobre la información que circulaba de que, junto al coronel Feria y con la ayuda del coronel Marcel Ricardo Villarte, jefe del área contra la delincuencia organizada de la Dijín, habían pedido que se incluyeran los números telefónicos de las dos empleadas en una lista del Clan del Golfo para poderlos interceptar.
Ante la duda de la comunicadora, el oficial le reiteró en varias oportunidades que no se podía pronunciar al respecto y en una de sus respuestas sostuvo que si decía algo “me acaban”.
Ante su negativa, la periodista dejó de insistir y colgaron; no obstante, Dávila le devolvió la llamada minutos antes de su fallecimiento; sin embargo, ella no pudo contestarle para saber qué quería decirle. Luego ella le escribió un mensaje por WhatsApp, pero para ese momento el teniente coronel ya estaba muerto.
También se supo que el oficial habló antes de morir con el coronel Feria, él y la periodista de Cambio habrían sido las últimas personas que tuvieron contacto con el coronel Dávila.
El oficial murió este viernes muy cerca del apartamento en el que vivía con su familia. El coronel le pidió a su conductor-escolta que se detuviera para que le comprara una botella de agua. Al regresar al vehículo, el conductor vio que su pistola de dotación estaba en manos del coronel quien, después de pronunciar una frase que no alcanzó a entender, se disparó en la cabeza.