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Coca, tierras y minería ilegal: una guerra que se repite en el Bajo Cauca y el sur de Córdoba

Grupos armados se disputan ese corredor estratégico. Comisión de la Verdad lanzó un SOS por Bajo Cauca.

  • La Comisión de la Verdad advirtió que en el Bajo Cauca y el sur de Córdoba hay un recrudecimiento del conflicto. En la foto, un desplazamiento masivo en Cáceres, Antioquia a finales de 2020. FOTO: JAIME PÉREZ
    La Comisión de la Verdad advirtió que en el Bajo Cauca y el sur de Córdoba hay un recrudecimiento del conflicto. En la foto, un desplazamiento masivo en Cáceres, Antioquia a finales de 2020. FOTO: JAIME PÉREZ
14 de noviembre de 2021

Ubicado en plena Cordillera Occidental de los Andes y con 504.014 hectáreas de bosque, el Nudo de Paramillo es el centro de la disputa entre por lo menos cuatro actores armados que han puesto en jaque la seguridad de Antioquia, Bolívar y Córdoba.

Catalogado como uno de los corredores ilícitos más estratégicos del país, el terreno sirve como escenario para evadir a las autoridades y trasladar cargamentos de droga, armamentos y mercancías ilegales que facilitan la financiación de células de disidencias de las Farc, el Eln y el Clan del Golfo.

Dos poderosos al mando

Con 25 años de experiencia criminal que obtuvo como mano derecha del conocido narcotraficante “Otoniel”, y alrededor de 1.000 hombres en sus filas, José Gonzalo Sánchez, alias Gonzalito, es uno de los cabecillas que, según las autoridades, se mueve entre el espeso bosque del Paramillo para esconderse de los grupos especializados del Ejército que lo buscan en la zona y de su rival directo dentro de ese territorio: alias “Cabuyo”.

Este último, identificado como Ricardo Abel Ayala Ortega, es el actual comandante del grupo residual 36 de las disidencias de las Farc y cuenta con más de una década de experiencia manejando las finanzas y las tareas de reclutamiento de esa guerrilla.

Con sus filas, esparcidas entre Ituango, Valdivia, Campamento y Tarazá, logra controlar una parte de los envíos que llegan hasta el Golfo de Urabá y el Pacífico colombiano para enviar drogas al exterior y movilizar oro virgen extraído de montañas antioqueñas y cordobesas.

Datos del Ejército Nacional también indican que allí delinquen grupos organizados del Ejército de Liberación Nacional (ELN), como Héroes de Tarazá y Héroes de Anorí y grupos más pequeños de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

Coca, oro y tierras

En medio de esa guerra cruzada entre grupos armados e intereses económicos de habitantes de la región, se ahogan en violencia los once municipios que rodean el Nudo del Paramillo: Ituango, Peque, Chigorodó, Mutatá, Carepa, Tarazá, Cáceres y Caucasia, en Antioquia; y Montelibano, Puerto Libertador y Tierralta, en Córdoba. (Ver Infografía)

Tal es el drama de dichos territorios que solo en ocho de los 125 municipios de Antioquia se concentró el 17 % de los homicidios durante 2020, correspondientes a 303 muertes violentas.

En palabras del mayor Jhony Alexander Araújo, comandante del Gaula Militar del Bajo Cauca, entre esa subregión del departamento y el Sur de Córdoba persisten tres problemas que son la base de la violencia que hoy preocupa a las autoridades: la siembra de cultivos de uso ilícito, el problema por la restitución de tierras y la minería ilegal que cobra decenas de vidas y amenaza al medio ambiente.

En cifras concretas, basta con mencionar que el 52 % del total de hectáreas de hoja de coca sembrada en Antioquia se encuentra en la subregión del Bajo Cauca, y que la suma de los líderes asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz (2016) en los once municipios que rodean al Paramillo alcanza 97 víctimas, según el Instituto para el Desarrollo y la Paz, Indepaz.

Lo cierto es que, tal como explica Araujo, pese a que Antioquia y Córdoba no se posicionan como los departamentos con más hectáreas de siembra de coca, la posición estratégica del Nudo del Paramillo, que ambos departamentos comparten, los hace un punto clave para el transporte y la conexión de dichos grupos ilegales por el territorio colombiano.

Las serranías de San Jerónimo, Ayapel y Abibé, ubicadas dentro del Paramillo, conectan corredores de droga hacia el Magdalena Medio y puertos marítimos del norte del país que son utilizados para el envío de drogas hacia Centroamérica, desde donde parten hacia sus países destinos como Estados Unidos y Canadá.

“Por allí, logran pasar desapercibidos en contenedores de alimentos perecederos y abandonar el país sin ser detectados por los controles marítimos o terrestres”, explica el mayor Araujo.

S.O.S por Bajo Cauca

Bajo ese panorama y evidenciando un recrudecimiento del conflicto armado, la Comisión de la Verdad visitó la subregión del Bajo Cauca para analizar los factores que persisten y buscar salidas pacíficas que quiten del medio el sufrimiento de la población civil.

EL COLOMBIANO acompañó el recorrido de la Comisión, la cual es una de las entidades que surgió tras la firma del Acuerdo de Paz, y escuchó a los líderes de la subregión para conocer sus preocupaciones y denuncias: “nos han dejado solos en medio de esta guerra, como si no fuéramos parte de la región, como si estuviéramos bien y no amenazaran a alguien cada semana”, dijo uno de los líderes sociales*.

Dentro de los testimonios, los campesinos narraron parte de la confrontación armada que provocan los grupos armados por el control del Paramillo y un problema estructural documentado por la Comisión desde 2020: la falta de una presencia integral del Estado.

Pese hay asignados cerca de 5.000 hombres de la Fuerza de Tarea Conjunta Aquiles, la marina y el Ejército, los habitantes insistieron en que no basta con la presencia de dichos uniformados pues, en muchas ocasiones, no pueden ingresar a los territorios o carecen de legitimidad por parte de las comunidades.

“Hay mucha corrupción en la fuerza pública. Tanta, que la gente ya no le cree a las autoridades”, concluyó uno de los funcionarios de la Alcaldía de Caucasia durante el encuentro.

Así las cosas, los líderes sociales y campesinos coincidieron en la necesidad de “retomar los diálogos de paz con el ELN de manera urgente” y asegurar ofertas de empleo y educación para los jóvenes, quienes están siendo reclutados para esa guerra que “se creía extinta, pero que aquí sigue”, concluyó una lideresa.

* Los nombres de las personas que participaron en los grupos focales de la Comisión de la Verdad fueron omitidos por seguridad.

La Comisión de la Verdad visitó el Bajo Cauca antioqueño para escuchar a las comunidades el pasado 5 y 6 de noviembre. Esta es una imagen de ese encuentro. FOTO: Cortesía Comisión de la Verdad
La Comisión de la Verdad visitó el Bajo Cauca antioqueño para escuchar a las comunidades el pasado 5 y 6 de noviembre. Esta es una imagen de ese encuentro. FOTO: Cortesía Comisión de la Verdad
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