Ubicado en plena Cordillera Occidental de los Andes y con 504.014 hectáreas de bosque, el Nudo de Paramillo es el centro de la disputa entre por lo menos cuatro actores armados que han puesto en jaque la seguridad de Antioquia, Bolívar y Córdoba.
Catalogado como uno de los corredores ilícitos más estratégicos del país, el terreno sirve como escenario para evadir a las autoridades y trasladar cargamentos de droga, armamentos y mercancías ilegales que facilitan la financiación de células de disidencias de las Farc, el Eln y el Clan del Golfo.
Dos poderosos al mando
Con 25 años de experiencia criminal que obtuvo como mano derecha del conocido narcotraficante “Otoniel”, y alrededor de 1.000 hombres en sus filas, José Gonzalo Sánchez, alias Gonzalito, es uno de los cabecillas que, según las autoridades, se mueve entre el espeso bosque del Paramillo para esconderse de los grupos especializados del Ejército que lo buscan en la zona y de su rival directo dentro de ese territorio: alias “Cabuyo”.
Este último, identificado como Ricardo Abel Ayala Ortega, es el actual comandante del grupo residual 36 de las disidencias de las Farc y cuenta con más de una década de experiencia manejando las finanzas y las tareas de reclutamiento de esa guerrilla.
Con sus filas, esparcidas entre Ituango, Valdivia, Campamento y Tarazá, logra controlar una parte de los envíos que llegan hasta el Golfo de Urabá y el Pacífico colombiano para enviar drogas al exterior y movilizar oro virgen extraído de montañas antioqueñas y cordobesas.
Datos del Ejército Nacional también indican que allí delinquen grupos organizados del Ejército de Liberación Nacional (ELN), como Héroes de Tarazá y Héroes de Anorí y grupos más pequeños de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.
Coca, oro y tierras
En medio de esa guerra cruzada entre grupos armados e intereses económicos de habitantes de la región, se ahogan en violencia los once municipios que rodean el Nudo del Paramillo: Ituango, Peque, Chigorodó, Mutatá, Carepa, Tarazá, Cáceres y Caucasia, en Antioquia; y Montelibano, Puerto Libertador y Tierralta, en Córdoba. (Ver Infografía)
Tal es el drama de dichos territorios que solo en ocho de los 125 municipios de Antioquia se concentró el 17 % de los homicidios durante 2020, correspondientes a 303 muertes violentas.
En palabras del mayor Jhony Alexander Araújo, comandante del Gaula Militar del Bajo Cauca, entre esa subregión del departamento y el Sur de Córdoba persisten tres problemas que son la base de la violencia que hoy preocupa a las autoridades: la siembra de cultivos de uso ilícito, el problema por la restitución de tierras y la minería ilegal que cobra decenas de vidas y amenaza al medio ambiente.
En cifras concretas, basta con mencionar que el 52 % del total de hectáreas de hoja de coca sembrada en Antioquia se encuentra en la subregión del Bajo Cauca, y que la suma de los líderes asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz (2016) en los once municipios que rodean al Paramillo alcanza 97 víctimas, según el Instituto para el Desarrollo y la Paz, Indepaz.
Lo cierto es que, tal como explica Araujo, pese a que Antioquia y Córdoba no se posicionan como los departamentos con más hectáreas de siembra de coca, la posición estratégica del Nudo del Paramillo, que ambos departamentos comparten, los hace un punto clave para el transporte y la conexión de dichos grupos ilegales por el territorio colombiano.
Las serranías de San Jerónimo, Ayapel y Abibé, ubicadas dentro del Paramillo, conectan corredores de droga hacia el Magdalena Medio y puertos marítimos del norte del país que son utilizados para el envío de drogas hacia Centroamérica, desde donde parten hacia sus países destinos como Estados Unidos y Canadá.
“Por allí, logran pasar desapercibidos en contenedores de alimentos perecederos y abandonar el país sin ser detectados por los controles marítimos o terrestres”, explica el mayor Araujo.