El miedo y la incertidumbre se viven a puerta cerrada y en silencio. El paro armado del Ejército de Liberación Nacional, ELN, significa eso: “no salir de la casa, ni ir a estudiar. Mucho menos pasar a otra vereda o salir a cazar, pescar o recoger la cosecha”.
Entonces, como cuenta Arleison Morales, habitante de el Bebedo, en el Medio San Juan del Chocó, “el paro se convierte también en hambre y escasez”, pues ahí se vive del “pancoger” que es la comida que se recoge a diario.
Como él, otras 27.000 personas que están totalmente confinadas en los municipios de Istmina, Medio San Juan, Sipí, Nóvita y Litoral del San Juan, en Chocó, recibieron la noticia de la culminación de un paro armado que los confinó durante cuatro días por agua y tierra.
Tal como informó el mismo ELN a través del máximo comandante del Frente Che Guevara, alias Alan, el paro armado que impusieron aún estando en la Mesa de Negociación con el Gobierno se levantará a partir de la medianoche de este martes “agradeciendo a la comunidad que asumió al llamado para que no se presentaran incidentes”, como concluyó el comunicado.
Esas palabras que pueden sonar hostiles y atrevidas para el resto del país lo fueron todo para el Chocó. “Ya estamos mucho más tranquilos y contentos porque solo falta un día más del paro y retomaremos nuestras labores”, dice Arleison del otro lado del teléfono mientras cuenta cómo han sido estos cuatro días de encierro.
Aún así, para el defensor del pueblo de Chocó, Luis Enrique Murillo, el levantamiento del paro del ELN no es más que un paño de agua tibia que deja a la comunidad sumida en el terror de que vuelva a suceder.
“Aunque levanten el paro, el daño ya está hecho. Están desabastecidos, sin recoger sus cultivos ni cuidar a sus animales. Y es que esta no es la primera vez, es una situación sostenida y repetitiva que vive confinando y desplazando a la comunidad”, dice Murillo.
Y es cierto. En los últimos 12 meses, entre febrero de 2023 y 2024, esos municipios del Chocó han sido sometidos a seis paros armados y confinamientos por parte de grupos armados.
Pero lo peor no termina ahí. Luego de que se levanta el paro la gente solo se mueve tranquila en el agua, por el río de San Juan que une las comunidades afro e indígenas con el centro poblado más cercano que es Istmina.
Por tierra, los chocoanos que dejan de estar confinados pasan a caminar con miedo porque los cultivos y los caminos quedan con minas camufladas y trampas explosivas. “Cuando no estamos confinados estamos con miedo a explotar o a que se explote una vaquita, un marrano”, dice un habitante de Istmina que vive ahí desde que nació y ya se acostumbró a la zozobra.
Volver a moverse en el río
Una vez termine el paro, a las 00:00 de este mièrcoles, lo más importante será volverse a mover con las lanchas que mueven a toda la comunidad. En esas canoas que se mueven de arriba a bajo por el Río San Juan, las comunidades más alejadas viajan entre una y dos horas hasta los pueblos de Istmina y Negría, donde se abastecen de lo necesario y van al médico, entre otras cosas.
Pero moverse en el paro era imposible. “No es que la Defensoría del Pueblo no pudiera entrar a las comunidades confinadas, es que no había lanchero que nos manejara. Acá nadie se atreve a salir en el paro”, dijo Murillo.
Y en en eso concuerda la habitante de Istmina:
“¿Cómo siente el ambiente en su comunidad, qué dicen ellos?”
“No, mija, yo ni sé porque desde el 10 (de febrero) que nos avisaron del paro no he salido. La puerta ha estado cerrada porque de mi casa no sale nadie”, dice.
Mientras el miedo sede y la gente vuelve a salir, la gobernadora Nubia Carolina Córdoba solo pide dos cosas “que los grupos dejen de afectar a la población y que la Mesa de Paz venga a los territorios o incluya a las comunidades”.
Pero no será fácil. Esta semana los diálogos de paz tambalearon por el paro armado y el ELN se limitó a decir que lo hacía para proteger a la comunidad para que no quede en medio del fuego cruzado. “Qué toca hacer entonces? –se pregunta la chocoana– ¿agradecerles, aplaudirles.Yo les pediría más bien que nos dejen en paz y nos dejen hacer la paz?”, concluyó.