Hoy despedimos a uno que volvió de su escritorio una cancha, que le quedó pequeño el rótulo de presidente y dirigió como un Poderoso más. “El presi”, menos conocido como Eduardo Silva Meluk, con el corazón nos hizo palpitar y sufrir como si fuera uno de los que se visten de cortos en el rectángulo más lindo del planeta.
Fue arquero para atajar a los fantasmas, para hacernos olvidar de viejos Castillos, Ciros, Oros Negros y otros malos ratos y para mandar a la tribuna las malas críticas. En la zaga fue muralla y defendió la camiseta como nosotros, fuera del palco y dando golpes en el bombo y besos a la sagrada selló su amor por estos colores. Por la banda se desbordó, cambió de frente y nos llevó después de muchos años a recorrer el continente. En el medio, en ese puesto del trabajo silencioso y de la pata dura nos dio el equilibrio para acercarnos a la gloria en siete finales, en ocasiones la fuerza desmedida de la contención lo tuvo al borde de la expulsión, posición ingrata en que los errores te cobran caro. Allí le dijimos adiós al 17 y le dimos la bienvenida que a unos que ni queremos mentar.
Pero fue volante mixto también, y su buen juego nos trajo de nuevo al 20, al 14, al melenudo de la quinta estrella y a la estrella que hoy está con la banda cruzada. Silva, cuyo número en la espalda cambió cada tanto, se puso la diez, la del creativo, y con la magia de los que saben hacer del fútbol un bello espectáculo se sacó el mayor de sus lujos, su malasqueña, su olímpico: nos llevó al estadio de nuevo encendiendo los corazones que años atrás habíamos apagado entre fracasos seguidos. El Atanasio lleno, el Atanasio hecho familia, el lienzo de los tifos hecho de gente se lo debemos a él, a que nos supo conquistar cuando ni de ilusiones podíamos vivir.
De talentoso hizo esa y de delantero hizo el remate final, el del sexto pedazo de metal que perseguimos por siete vueltas al sol que son 14 vueltas de nuestros vecinos y otros más. Por ese grito desaforado, por la alegría de volver a ver a los nuestros y a los nuevos hinchas en nuestro templo le damos gracias a él, al que jugó en todas las posiciones, al que fue el Todos en Uno del equipo, al que se equivocó pero le puso el pecho a la brisa, al Presi la gratitud eterna por los buenos vientos que trajo y por la vara alta que dejó.
Que su camino sea tan Poderoso como el amor que demostró por esta casa.
Cristian Marín – Taquicardia Roja
#graciaspresi hoy no estamos tan felices y tan contentos por tu salida.
Sin palabras no se puede decir más solo gratitud
Que excelente nota, en cada palabra dijo la verdad de este gran señor que tomó las rienda de un equipo que estaba en el linbo sin rumbo alguno, y gracias a este señor “el presi” este equipo volvió hacer un equipo grande como lo es por su historia. Muy excelente la nota sobre este gran señor
gracias presi por todo lo que la aporto a este poderoso presi como usted son poquitos
se va un dirigente que supo meterle sopa al seco.