Lo recuerdo como si fuera hoy y han pasado dizque 15 años. Esa ansiedad tan brava, esa ilusión infinita de que era el día y esa sensación inédita de ser campeón.
Ese equipo hermoso que se vistió de blanco en Pasto y que se batió en la cancha cuando los nervios y el hombre de menos le negaron el fútbol.

Arriba: Tressor, Orozco, González, Muñoz, Leal y Perea; Abajo: J.D. Moreno, W. Vásquez, Mao, Choro y Choto. FOTO ARCHIVO EL COLOMBIANO
Los tres centrales que se hicieron enormes dentro del área donde mandaba un gigante de apellido González.
Cómo olvidar esa nómina que salía de memoria con los David, Choro, Mao, Choto, Amaranto y Tressor. También con Róbinson Muñoz y William Vásquez Chacón.
O el penal de David Montoya que no entró, el tiro libre de Mao que nos aceleró el corazón a tope y nos robó la voz, el papelón del Páncer Carvajal que nos angustió, más todavía, como si 45 años no fueran suficiente agonía.
Y ese condenado reloj que no avanzaba mientras tiraban pelotazos desde todos los ángulos. Creo que hasta el Galeras llovieron centros ese día para buscar a Walter Escobar.
El “¿cuánto falta?” De ese Mao juvenil desde un palco, improvisado, porque que se había ido expulsado.
Ese abrazo eterno y llorón con mi papá al frente del televisor cuando el reloj por fin se agotó. Esa felicidad tan fugaz y tan escasa para nosotros. Ese Atanasio de puertas abiertas al otro día y esa colilla con tres estrellas y las dos palabras mágicas que tanto añorábamos: MEDELLÍN, CAMPEÓN.