Vos tan grande y el tiempo tan chico. Sueño con unas cuantas más vueltas de la manecilla delgada del reloj para verte jugar, y en ese sueño estás vos, el ídolo que se despidió con la roja al frente, la prohibida, por defender a la roja más sagrada. Mao Molina grande, Mao guerrero, Mao Corazón.
En esta fantasía hacés unos pases más, te mandan al suelo los profanos de pierna dura y vos levantás la pelota para agitar la tribuna en un grito glorioso. Ese 20 que ya extrañamos, apenas unas horas después, se abrazó con los que te llegamos a pensar de enemigo y hoy te vemos partir como uno de los más queridos de esta casa. Volvé a este relato y llorá otra vez, de alegría o de tristeza, llorá de amor por el DIM. Llorá cuando te cuenten que hubo invidentes que dicen haber visto tu gol en Pasto, llorá cuando te eliminen de un sueño continental, llorá cuando volvás como ídolo a colgar un brillo más en nuestro escudo.
Jugá un tiempito más, y te damos las gracias por tanto, y coreamos tu nombre sin parar. Y mientras adornás la cancha nos acordamos de vos con la del Santos de Pelé, sufrimos con ese golpe en la cabeza que casi nos deja sin aliento, volvemos a celebrar tus kilómetros de éxitos fuera de casa y te vemos difundir este amor por el Medallo a tus hijos que crecieron viéndote tras el balón.
Dejáme soñar con que estuviste más, y que hubo otro locos que te dejaron plasmado en la piel para siempre, porque mereciste los honores mayores, porque volviste para no irte de la memoria jamás. Mao héroe.
Quedáte unos tragos más y te decimos adiós con el amor que te tiene esta tribuna y nos llenamos de orgullo porque pusiste el pecho cuando esta causa, que a veces parece perdida, mereció tu defensa en primera línea. Pero así es este fútbol, caprichoso y misterioso como los caminos de Dios, que en medio del absurdo se deja extraer imágenes colmadas de belleza. De ese fútbol quedó la historia que contaré del día en que ya te ibas como ídolo, ya te ibas como campeón, ya te ibas como inolvidable y aun así pediste cinco minutos más. Mao querido, Mao Poderoso.