Las acciones preventivas no son suficientes y ello no solo es un síntoma local sino de toda Colombia.
La temporada de 2008 fue particularmente aterradora y por eso no debemos olvidar lo que aquí pasó.
El 4 de mayo se desbordó por enésima vez la quebrada La García, afectando a los habitantes de los barrios San Nicolás, Playa Rica, El Tapón, El Hueco y Las Granjas, en el municipio de Bello. De acuerdo con los datos de la Alcaldía en ese entonces, cerca de 1.681 personas quedaron afectadas y con sus viviendas inundadas.
Esa misma noche, pero en el barrio Robledo Miramar de Medellín, sucedió una desgarradora tragedia. Se desbordó la quebrada La Culantrilla y puso en riesgo la vida de varias personas, entre ellas una mujer enferma. Su vecino Manuel Velásquez trató de socorrerla, pero fue tragado por la borrasca.
El 6 de mayo apareció el cadáver de este hombre de 53 años, flotando en el río Medellín a la altura del municipio Barbosa.
En la noche del 16 de julio, Jorge Albeiro Espinosa Duque conducía su Renault 4 cuando un derrumbe lo arrastró junto a una volqueta en el municipio de Amagá. El chofer de este último vehículo se salvó al saltar cuando era succionado por la avalancha. Pero Jorge, de 30 años, no alcanzó a salir. Falleció enterrado en un paso conocido como Sinaí, a la altura del sitio La Huesera.
La situación más horrorosa sucedió en la mañana del 31 de mayo en el barrio El Socorro, al occidente de Medellín. Otra avalancha acabó con la vida de 27 personas, entre ellas una mujer embarazada, con lo cual la cifra ascendió a 28. Los socorristas estuvieron removiendo tierra durante tres días, hasta rescatar el último cadáver del fango.
El 10 de junio cayó una tempestad en el Valle de Aburrá, que dejó 50 casas afectadas en Medellín y 37 en el barrio París, de Bello. En este último sitio se concentró la desgracia, porque la quebrada La Esmeralda se salió del cauce y mató a una persona, dejó heridas a ocho y damnificados a 150 ciudadanos.
El difunto fue José ‘El mocho’ Castaño, de 60 años. Dejó una bebé de dos meses de nacida.
En la madrugada del 17 de julio, un deslizamiento de tierra sepultó una vivienda de dos pisos en un sector conocido como La Balastrera, en el barrio Popular Uno, al nororiente de Medellín. Cuatro personas de la misma familia murieron atrapadas y otras tres sobrevivieron con heridas.
Aquella no fue la única tragedia del 17 de julio. En la misma madrugada, un camión transportaba tres pasajeros y 2.500 gallinas rumbo a Chigorodó. Cuando transitaba por la vía al municipio de San Jerónimo, en un tramo conocido como El Mestizal, 10.000 metros cúbicos de lodo rodaron de la montaña y sepultaron el vehículo.
Murió el conductor, llamado John Jairo Gómez Rojo, de 29 años y apodado ‘El ciego’. También fallecieron dos de sus pasajeras, las hermanitas María Alejandra Espinosa Mejía, de 5 años, y Juliana Andrea Sepúlveda Mejía, de 2. La madre de las dos niñas pudo ser rescatada del fango.
Y el 16 de noviembre, una avalancha de tierra en el sector Alto Verde de El Poblado, en Medellín, dejó enterradas a 12 personas. Las autoridades prometieron revisar con lupa el tema de las construcciones en esta zona de estrato seis, ¿lo harán?
El Inspector.
muy bacano su blog men… qué tal las historias pues que da éste país. Y narradas tipo cronica roja, que permite cierto desvío de la noticia hacia campos más literarios. jeje. suerte
que pesar de esas personas pero tanbien que pesar de la naturalesa por que nosotros tambien malgastamos de ell