Por: May
Bueno, soy realista y creo que una ilusión se aplazó, la de clasificar y darse la oportunidad de disputar otro titulo del fútbol en Colombia; y otra, está latente, la satisfacción futbolística que como expresión del juego, debe proponer el equipo en todas las canchas donde juegue.
Es evidente que en los últimos encuentros y por ratos, a veces más extensos de lo que podemos creer, el cuadro verde recobra la memoria y expone la idea del fútbol que queremos ver y, además de renovarse el sentimiento, vuelven las palabras que hace rato olvidamos o que pronunciamos sólo como añoranza de un pasado: equipo, colectividad, fantasía, gambeta, pases, regocijo, entrega y goles. Triunfo, triunfamos.
Esos ratos son los que se deben extender y perpetuar para que el triunfo no sea efímero, de local y frente al equipo de la tarde, sino contra la mezquindad de quienes deforman un juego que nació bello y libre. Bello, porque es una expresión individual interior que, aunada a otras expresiones individuales interiores, un equipo, resuelven de una manera admirable, las dificultades que se presentan en la cancha y solo con un balón, y libre, porque aunque hoy es un negocio, no podemos permitirnos su extinción en “beneficio del beneficio”.
El fútbol nace en la calle, el potrero o la playa y materializa los sueños y las emociones en los estadios y nosotros los aficionados, existimos por ello. Entonces, que regrese el verde que anhelamos y retome de una buena vez, su lugar en la historia.