Por @jofesos

Nacional se volverá a enfrentar en la próxima fecha ante el Junior, esta vez en el estadio Metropolitano de Barranquilla. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ- EL COLOMBIANO.
En 45 minutos se libró lo que podría haber sido una casi eliminación prematura de los cuadrangulares finales de la Liga Águila II-2019. El empuje de la tribuna y la sensatez que le dio el juego al profesor Juan Carlos Osorio le permitieron salvar la piel como pudo.
La falta de empatía del profe y un sector de la hinchada es diciente. El fútbol mismo es subjetivo en opiniones, análisis y comentarios sueltos, pero la realidad en la cancha ha llevado a zanjar una lucha de egos en la que ninguno de los dos frentes afloja.
Por un lado el método “osorista”, en el que su conocimiento se expresa en una “revolución” táctica que es más interpretativa que cautivadora. Reflejo de ello son los planteamientos que ofrecen los partidos desde la conformación de la nómina y los primeros 45 minutos de los juegos, en los que la mayoría han sido controvertibles y con más preguntas que respuestas.
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Perfiles cambiados, centrales improvisados y jugadores confundidos en otras posiciones en las que se busca potenciar, pese a bajos desempeños. Es la aplicación de un método, que nos guste o no, sabíamos de sus intenciones antes de su regreso.
Los 45 minutos iniciales ante Junior en el tercer juego de cuadrangulares fueron el reflejo de eso, con un 0-1 en contra al camerino y el 0-2 recién iniciada la segunda etapa. No es necesario argumentar el porqué, cuando se hacen los cambios lógicos y el juego termina 2-2 con un equipo acosando, presionando y casi al punto de revertir la historia ante los de Barranquilla. La falta de eficacia no dejó hacer más.
Pudo ser una barbarie y aunque nos hemos dedicado a dar garrote, también hay que reconocer el trabajo del estratega para recomponer su planteamiento inicial. Aunque en rueda de prensa quiso dispersar sus decisiones para darles todo el crédito a los jugadores.
La falta de autocrítica tiene el tamaño del Atanasio. Si bien se defiende una metodología, basta con reconocer las equivocaciones. No es necesario reducir las críticas a ataques y respuestas insolentes en las que se demerita el trabajo constructivo. El DT es él, pero el espectáculo es de todos.
En las camisetas que suele llevar a los entrenamientos, Osorio deja claro el mensaje: imposible ganar, si no asumimos la posibilidad de perder. Difícil tarea para el hincha adaptarse a un estilo con esas ruletas rusas.
Nota al pie: arrogante e irónico el profesor en la rueda de prensa tras el duelo ante Junior. El periodismo, uno de los aliados en su primer paso por la casa verde y que ayudó a consolidar su proceso, se vio agredido con la respuesta y la falta de respeto ante las inquietudes planteadas. Él está para dirigir y para ser el vocero que refleje las ideas del equipo desde los micrófonos. Mal papel ese de verdugo.
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