Por @chepeverde
No le quiero dar muchas líneas a los “incoherentes” de Huracán. Y no se las pretendo dar porque a mí tampoco me gusta perder, también me ofendía jugar en el barrio y que la gente gritara “ole” o celebraran a rabiar un título o un partido ganado en mí cara.
Menos se las quiero dar porque si fue real que el juez central colombo-venezolano (porque ya dicen que nació en Colombia y migró a Venezuela) José Argote le dijo “cagones” a los jugadores, una de las cosas que más le duele al ser humano es que le digan la verdad en la cara. ¡No les mintieron!
Tampoco le voy a dar alargues a la discusión porque dicen que les roban en todas partes. Claro, por inocentes siempre nos metían la mano a los colombianos en el fútbol, pero como ya tenemos fogueo y bien puestas las de abajo para pararnos y frentiar, ahora les duele.
Tantos recuerdo de esos robos, solo para mencionar algunos. La quemada de tiempo de siempre mientras tienen todo a favor, el lloriqueo cuando se les revierte. Es una cuestión de gen futbolístico argentino. Armar la “joda” en todos lados.
Recuerdos como la pelea de Claudio Husaín con Fernando El Pecoso Castro en un River América de Copa. O tal vez la indecencia de no presentarse a recibir el subcampeonato de la Copa Libertadores de Boca Junior frente a Once Caldas en el 2004. O esa vez en que amañaron todo para que un Cúcuta sorprendente en Libertadores quedara por fuera jugando en La Bombonera en un terreno impresentable por el clima.
Ah y esta más linda todavía: en la final de la Copa Libertadores de 1986 América fue a hacer el reconocimiento de cancha, les apagaron las luces, la barra brava de River se metió al estadio, apretó a la gente de América y con armas de fuego en mano los intimidaron. Y les encimo otra, ¿se les olvidó lo bonito que se vieron entre la selección Argentina y Uruguay arreglando el último partido de las eliminatorias al Mundial de Corea-Japón en 2002 para sacar a Colombia?
O el castigo de la Conmebol para Nacional, que dirigían paraguayos y argentinos, en la Copa de 1990, en los cuartos de final sancionaron la plaza. Hicieron repetir el juego ante Vasco da Gama, por amenazas, nunca comprobadas al árbitro Daniel Cardelino.
¿Son cosas como por esas que lloran? ¿Se les olvidó el gran precedente que tienen en el fútbol mundial gracias al finado Julio Grondona? Todo esto y vienen a armar un zaperoco por lo que les pasó la noche del martes en Medellín. ¡Qué lindo espectáculo formaron! Ya no hay miedo.
Independiente de los aciertos o desaciertos el clasificado es uno y la responsabilidad como futbolista es respetar las reglas. Buenas o malas, de eso se trata este deporte de seres humanos, en los que prima la buena fe.
Y que pena, al inicio dije que no les dedicaría líneas, pero viendo tanta cosa me sentí en la necesidad de recordarles cositas que a veces se les olvida. Nada justifica la violencia, pero a ustedes por tradición les ha encantado frentiarse cara a cara con aquellos que los hacen quedar en ridículo. Así no haya justificación. Esto es fútbol y después les llegará su momento, por ahora no traten de empañar el nuestro.
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