Por: May
El domingo 25 de octubre asistí de nuevo al templo, el Atanasio Girardot. Y, al igual que hace 2009 años, hubo una crucifixión. El verde fue ajusticiado y a diferencia de El Mesías, no fue por su ideología, pensamientos, liderazgo o moral; al contrario, fue por la ausencia de principios. Esto me recuerda al escritor francés Albert Camus, quien dijo: “…después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol, lo aprendí con mi equipo…”
La tarde del domingo, los apóstoles dejaron solo al fútbol. Lo abandonaron y olvidaron, se escondieron. Lo negaron. Y la contraparte, es decir, los paganos que para completar el cuadro, también se visten de rojo según las representaciones modernas de sus antepasados, se divirtieron, gozaron y convirtieron el sagrado templo de la 73, en su coliseo. Allí, como gladiadores consumaron su poderío para satisfacción de sus 15 o 20 feligreses.
Tres días después, como la historia vive para conocerla y en nuestro caso, vivenciarla a causa de nuestra terquedad, y parafraseando al Gerardo Bedoya del programa La Luciérnaga cuando dice: “eso es lo bonito del fútbol”, llegó el miércoles de resurrección y también el domingo. No fue la panacea futbolística, ni tampoco una expresión lírica de valientes que enfrentan los infortunios y los resuelven con la inteligencia de la gambeta y la sabiduría del regate, pero fue la esperanza, la bendita esperanza que se puede esperar de los números, los que avalan el desempeño de dos victorias. Un inicio de conversión para los idólatras. Ínfimo, pero inicio al fin.
De estas visitas a la cancha, no salí contento o satisfecho y mucho menos complacido, y con tales evidencias, todavía muchos se preguntan ¿por qué a veces nos volvemos ateos?
Solo quiero decir que me gusta este blog y los escritos que ponen. Se ve que ven el futbol y les gusta escribir sobre el. sigan asi, que los seguire leyendo.
El valor retórico, metafórico específicamente, permite concluir que es un acierto estilístico, además demuestra la enorme riqueza imaginativa de quien lo escribe.