Santo Domingo

Por: Laura Maritza Avendaño

I.E. Antonio Derka Santo Domingo

Grado noveno

Tallerista Valeria Villamil Cock

Comunicación Social y Periodismo, Universidad Pontificia Bolivariana

 

Santo Domingo es un barrio ubicado en la comuna 1 de Medellín, habitado en su mayoría por personas desplazadas de sus tierras a causa de la violencia desatada por grupos armados. A la par, mi familia proveniente de Urabá, ha sufrido la violencia y llegamos a Medellín a reconstruir la vida. 

He habitado en este barrio desde que tengo memoria, al principio solamente éramos mi mamá y yo; ella, el único pilar del hogar. Vivíamos en una casita donde no había hermosas paredes revocadas ni pintadas, en cambio, eran de tablas forradas con plástico, la puerta no estaba elaborada en algún material resistente, solo era madera con una cadena gruesa y un candado. No había un hermoso baño enchapado o una cocina resplandeciente,  pero había lo necesario, era un lugar habitable. Así eran la mayoría de las casas que podía observar, todas hechas con los mismos materiales y en similares condiciones de pobreza.

Así, gran parte de mi familia vivía cerca de mi casa, por lo que yo nunca me encontraba sola a pesar de que mi mamá trabajaba todo el tiempo. Compartía gran parte de los días con mis primos, jugábamos hasta cansarnos, íbamos al mismo colegio en la misma jornada y hacíamos los mandados juntos, solo nos separábamos cuando era de noche y cada uno debía irse para su casa. Los días más tristes eran cuando no podíamos salir de la casa ni siquiera a la esquina debido a la violencia, a lo que más le temíamos era a los mandones del barrio, esos que amenazaban, extorsionaban, humillaban y mataban sin importarles nada.

El tiempo pasaba y yo seguía en el mismo barrio, pero ahora tenía 12 años y algunos aspectos cambiaban: la situación económica era mucho mejor que al inicio, ya había una vivienda digna, un trabajo estable y una mejor educación, sin embargo, mientras la pobreza disminuía un poco, la violencia aumentaba cada vez más, ya las bandas del territorio eran mucho más grandes, no se enfrentaban solo con machete sino también con armas de fuego, además aumentaron mucho más el precio a las vacunas que cobraban, y la supuesta justicia que ellos tomaban por sus manos era catastrófica.

Entre más uno crecía, las cosas se tornaban más grises, siendo tan jóvenes, el barrio no era lo mejor para nosotros, éramos víctimas de violencia por parte de los que controlaban el territorio hasta en los alrededores del colegio, no importaba dónde y cuándo, se originaban enfrentamientos. También, había más puntos de venta de vicio, que canchas y bibliotecas, y las fronteras invisibles eran lo más funesto. Esta situación nos afectaba más que todo en el ámbito académico, recuerdo que a veces cuando los enfrentamientos eran muy fuertes y habían muertes cerraban el colegio, todos temíamos salir de la casa, y cuando eran leves el uniforme era nuestro mayor escudo, porque nos identificaba como estudiantes y no como pertenecientes a una banda. Los salones de clase se encontraban vacíos, de treinta estudiantes íbamos solo la mitad y a la entrada del colegio ya no se encontraba el vendedor de siempre, durante esos días solo se hablaba de los sucesos que pasaban y cuando todo volvía a la calma, las cosas permanecía igual que antes, como si no hubiese sucedido nada.

Ante todos estos escenarios de violencia también habían cosas buenas, por ejemplo, las actividades de paz que hacíamos en el colegio Antonio Derka, las fiestas culturales, los actos cívicos y el poder compartir con maravillosos profesores que siempre se preocupaban por el bienestar de sus estudiantes dentro y fuera de la institución, dispuestos a ayudar y a velar por nuestros derechos. Son personas admirables por su labor y entrega al trabajo, insistiendo día a día en nuestra educación, en que busquemos mejores oportunidades y siempre orientandonos con sus valiosos consejos. A pesar de toda la violencia en la que vivimos y todos los caminos poco favorables que tenemos, podemos escoger todos los días la oportunidad de estudiar y construir nuestro futuro.

A pesar de las circunstancias de la vida yo le apuesto a un futuro mejor, uno donde tenga la posibilidad de cursar una carrera universitaria y pueda estudiar derecho, un futuro donde desde mi profesión pueda aportar un granito de arena a la sociedad, donde sirva de ayuda y orientación a las personas más necesitadas y en el que no viva dentro de un entorno de violencia. 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>