Por: Eva Gómez
Centro Educativo Autónomo
Todas las mañanas cuando me dirijo hacia el colegio veo un hombre de estatura promedio, en ocasiones con barba, un piercing en las orejas, pelo oscuro, muy sonriente, con ropa desgastada y botas platineras que nunca le faltan. El barrio está lleno de sitios y personas por descubrir. Gratamira, comuna 5 de Medellín, es un lugar donde en cada esquina hay cosas diferentes: la tienda del Gordo, en donde venden muy barato; doña Silvia, la vecina que siempre tiene una sonrisa para todos; el parque, donde el arte se convierte en excusa para el encuentro y Nelson, ese hombre que se lleva mi atención mañana tras mañana.
En ocasiones lo veo completamente despierto, animado y saludando a todo el barrio, pero en otros momentos lo veo acostado en un cartón en la acera de un negocio, muy acurrucado y en un sueño profundo.
Él me causa curiosidad. Lo saludo todos los días, sin embargo de ahí no paso. Creo que ya es hora de conocerlo mejor.
“Hola Nelson, ¿cómo va tu día?”- Le pregunté. Eso hizo detonar una conversación muy personal, en la que respondió: “Hoy, maso, yo normalmente voy de allí para allá sin preocupaciones, voy relajado por la vida, pero con una buena dosis eso sí, yo vivo parchado, pero hoy estoy pensativo.” Sonreí y le pregunté que cómo se sentía, que lo veía un poco aburrido. Él me dijo: “es que en ocasiones sí pienso que esto ya no tiene remedio. De joven me dejé llevar, tenía mis problemas y, ya que tomé malas decisiones, mi salida fue esta. Pues yo ya no me arrepiento porque ya me adapté, pero hay muchos jóvenes en esta vida y me preocupa, gente con muchas capacidades y dizque aquí metidos.”
No dije nada, quedé impactada con su respuesta a esa simple pregunta, pero él siguió diciendo: “vea niña, la vida no es fácil, es de retos, pero cuando empecé a caerme no me levanté y por eso ahora estoy en un viaje sin regreso. Yo pude haber seguido estudiando, hubiera sido un mecánico profesional, pero me rendí, no busqué otra solución y por eso ahora habito las calles.”
Quedé sin palabras, me levanté y le dije que se me hacía tarde para ir a mi casa. Él me respondió que no había problema, que gracias por preguntar y dijo algo que jamás se me olvidará: “todo en la vida tiene solución, y no es la más fácil. Ojo con las malas decisiones que esas llevan a malos caminos”. Cogí mi bolso, me despedí y me fui.