Los disfraces de la paz

Isabela Chavarría Pérez_FotoPor: Isabela Chavarría Pérez

I.E. Pbro. Antonio José Bernal

Maribel Aguirre es una profesora pelirrojita, bajita y trigueña que enseñaba en la modalidad de aceleración en la I.E. Presbítero Antonio José Bernal Londoño S.J. Es también maestra de la Universidad de Antioquia en educación para la paz y fue quien enseñó a Belladona que la paz debe estar sostenida por la educación y el amor.

La profesora Maribel ingresó a la institución con una idea muy marcada sobre el tema, y por eso se convirtió en la fundadora del Semillero de paz, territorio y memoria “Entre voces y relatos”. 

Muchos integrantes del Semillero de paz se inscribieron gracias a la curiosidad que les generó desde que cursaban el grado séptimo, en plena adolescencia, aún con pensamientos de niños. También se unieron jóvenes de los otros grados, hasta undécimo. Sin embargo, en el 2023, tiempo antes del posible final del semillero, los integrantes y maestros hicieron retrospectiva y supieron que todos se habían convertido en jóvenes investigadores con miradas más sensibles sobre la ciudadanía.

Durante el transcurso de la existencia del semillero, la profesora les reiteraba que la paz, así como ellos, también se vestía de negro. La paz era negra, así se lo enseñó Maribel a sus estudiantes.

El Semillero de paz estaba constituido por veinticuatro estudiantes y egresados de la institución. Los miembros usaban camisas representativas de color negro con un arbolito que tenía ojos y bocas colgando de sus ramas: ese era el logo.

Belladona siempre iba con la camisa del semillero, pantalón negro y tenis negros. A su vez, adoptaba una personalidad oscura, consonante con su vestimenta. Pero lo que sabían muy bien, Belladona y los demás integrantes del semillero, era que ese era el disfraz que debían usar semanalmente: su disfraz de paz.

Los encuentros los hacían al aire libre. Permanecían con esa camisa negra a pleno sol, a las dos de la tarde. Los integrantes del semillero de paz realizaban su trabajo con exactitud y diversión, después de todo, a pesar de ser un semillero de investigación, también era una excusa para que estudiantes ocupados se olvidaran del estrés y se convirtieran en amigos cuatro horas a la semana. Disfrazarse con esa camisa negra era también un impulso para hacer las cosas bien.

Belladona es una muchacha que quiso ser líder porque se dio cuenta de que eso es importante para avanzar como persona, y cuando uno logra ser persona, logra tolerar. Para ella ir un lunes a las seis y media de la mañana en Metro es un parche, no se enoja la verraquita; y andar el Centro a las tres de la tarde con pleno sol en la frente, tampoco es un lío.

Un día Belladona fue a estudiar con la almohada aún tallada en la cara, desde muy temprano debía exponer junto con sus compañeros del semillero en un museo que desarrollaron sobre el conflicto armado. Iba en orden, desde la Guerra de los Mil Días hasta la violencia del narcotráfico y la reconciliación con los niños que sufren la revictimización.

Belladona empezó a exponer a las siete de la mañana y se sentía maravillada por lo que decía: todo con una sensibilidad tan pura. A las nueve le empezaron a doler los pies, y solo pensaba: “qué mamera hacer esta vuelta pa’ esta gente”. Entonces, como un juego, empezó a caracterizar a las personas que pasaban por la exposición y creó grupitos con estereotipos de personas que, sabía, iba a reconocer fácilmente a lo largo de su vida. 

Primera categoría: “Confucio creador de la confusión”.

Según la modelo aspirante a Miss Panamá en 2009, el filósofo chino Confucio era el creador de la confusión. En una clase, Belladona se dio cuenta de que si los estudiantes no hacen lo que tienen que hacer, que es estudiar, van a seguir bien confundidos como aquella modelo. El que tampoco estudia la historia de Colombia queda igual de confundidito, como una minoría de las personas que pasaban por la exposición, desorientados, no saben ni dónde están parados.

Segunda categoría: “Por un oído le entra y por el otro le sale”

La segunda categoría es la de los que prestaban atención y después se dispersaban fácilmente. Hablamos tanto de paz, y aun así se nos olvida que no es un problema trivial. 

Tercera categoría: “Más terco que una mula”

Los terceros y más cansoncitos son los negacionistas del conflicto armado en Colombia. Preguntan hasta de qué están hechas las armas, dizque para refutar, simulando que no saben nada y después corchar. Esos supuestamente son seres de luz que cada octubre se disfrazan de paz, solo para no ser acribillados por la historia. Ven el conflicto desde una percepción “real”, diciendo que, al final del cuento, todos merecíamos esto.

Cuarta categoría: “Derribados mas no destruidos”

El cuarto y más admirable es aquel que vivió el conflicto, el que sabe lo que pasó y resignifica su historia para pisar fuerte por la no repetición.

Belladona estaba segura de que mucho de lo que escuchó en esta exposición iba a repercutir en el futuro.

Y tal cual. Dos años después, Belladona participó en un proyecto de investigación sobre el conflicto armado en el marco de las escuelas. Influenciada por el Semillero de paz “Entre voces y relatos”, quiso abordar una línea qué también ha sido recurrente en el conflicto armado a gran escala: las escuelas en medio de tiroteos, muerte y dolor.

El proyecto transcurrió bien, pero fue doloroso para ella, pues se dio cuenta de procesos muy lamentables que vivían los niños, como el desarraigo y el desplazamiento. Sin embargo, era reconfortante saber que había una intención de mejorar como sociedad, aunque fuese por parte de una minoría. La paz es un tema que imaginamos como utopía y Belladona sentía impotencia al pensar que, quizás, no íbamos a evolucionar para saldar las cuentas que la violencia nos dejó en el pasado. 

Alguna vez Belladona escuchó decir: “para qué aprender sobre la paz, lo que hay que hacer es matar a los pirobos que crearon tanta guerra, esa es la verdadera paz”. Y esta parece ser una frase recurrente actualmente, no siempre para bien. 

En el instante en que me di cuenta de que adopté el nombre de una planta que contiene flores y frutos venenosos, Belladona, pensé que, a todos los que nos importa la pacificación y el acuerdo, en algún punto de nuestras vidas nos disfrazamos de paz un mes y arrumamos el disfraz para cuando nos sirva de nuevo. 

Pocas veces utilizamos la camisa de paz como parte de una pinta cómoda. A pesar de que en ocasiones pasa por nuestra mente, vestirnos así, a pesar de que es un tema que debemos reiterar y a pesar de saber que el conflicto armado en Colombia todavía sucede, duele.

En el trayecto a mi casa, atravesando un barrio popular cuyo suelo está lleno de pantano, caí en cuenta de que lo que debemos hacer es reconocer la historia. Una historia llena de precariedades, desarraigos, muertes, pasado, presente y futuro; unirnos en un fuerte abrazo que borre la ignorancia y el dolor, para darle cabida a la educación y al amor.

 

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