José Daniel Palacios
Estudiante Colegio Salesiano El Sufragio – Grado noveno
Participante en el Taller de Apoyo a Medios Escolares – Prensa Escuela 2014
Durante la Octava Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, se generaron espacios de ciudad para pensar y pensarse. La cotidianidad particular hizo parte de esta Fiesta que propuso como tema las fronteras.
“En la frontera” es la historia de los sucesos particulares que acontecieron durante la Fiesta y que dan inicio a este planteamiento sobre límites y los innumerables caminos a los que éstos llevan.
Después de la demagogia, la política y la politiquería, después del mundo y antes de él, está el ser que es definitivamente el emblema inspirador de todo lo que rota y lo que no rota en la tierra.
La primera frontera es inevitablemente el desconocimiento de las propias fronteras. ¿Qué nos limita? Si bien la humanidad decidió aislarse de sí misma, seguimos siendo el origen y la consecuencia de toda tragedia y de todo placer.
¿De dónde provienen nuestras fronteras? En el transcurso del tiempo, tomamos la decisión tal vez incisiva de una frontera, implícita o explícita ¿Cuáles son nuestras fronteras?
Nuestra concepción de existencia, contempla desde el cuerpo hasta los sucesos externos que afectan el balance y la estabilidad de la vida.
Divididos en diversos aspectos, cada situación creada se convierte entonces en una construcción, destrucción o convivencia con los límites de sí mismo.
Límites que llamaremos fronteras. Vivir con fronteras es esa cotidianidad que no se puede evadir pero que también es la posibilidad de transformar de manera positiva o negativa.
Hemos establecido fronteras concretas siendo nosotros el único factor cambiante. El miedo es una de esas fronteras, la más común.
Destructora de esperanza y sueños, encargada de la construcción inimaginable de otras fronteras.
Pero, ¿Qué es una frontera? Daniel Mordzinski, conocido como “el fotógrafo de los escritores” se posiciona de acuerdo a las fronteras como el propio ser, nosotros somos la frontera y ella es la que nos imposibilita a saber qué hay después, además, si construimos también la imagen de la lejanía, recordamos las palabras de Mordzinski durante “Lo que han visto estos ojos” que, al definir la lejanía en una frontera, dijo:-lejos de dónde-. En referencia al libro de Claudio Magris.
El problema de las fronteras no es suficiente, también es necesaria una solución, para ello Mordinzski dice que, la lectura, es la solución que encuentra cada una de las historias particulares de las personas.
Existen también otras nociones de frontera, que hacen este concepto mucho más plural. Las fronteras invisibles en Medellín y las fronteras físicas en Tijuana, son fronteras trazadas por otros.
En el momento en que otros empiezan a definir límites y limitantes hacia iguales, las fronteras se transforman en una imposición.
La RAE define frontera como “puesto y colocado en frente”; ésta definición permite nuevos significados de fronteras.
Uno puede convivir con la frontera o ser la frontera. Las historias individuales como la vida misma, son un proceso particular y único en cada persona, por eso, las fronteras siempre son distintas. Beatriz Helena Robledo, escritora y promotora de lectura y escritura argumenta que “vivir en la frontera es mejor, se vive más cerca del caos y no del orden”.
Ver salir el sol encima de la montaña, sentir la mañana fría. Caminar entre una ciudad llena de historias escritas en los muros. Seguir caminando y de repente, no poder avanzar más.
La vida o la muerte, esa es la decisión que deben tomar muchos ciudadanos en Medellín; estamos atravesando la paz pero no hemos comprendido todavía su significado para nosotros.
Después de eso, sólo podemos evitar lo que los otros han llamado paz o el camino hacia ella. La frontera de la juventud siempre ha sido para mí, una frontera de doble filo que se encarga de convertirlo todo en un límite como el espacio, las personas y el miedo; tres factores comunes que definen en muchos las fronteras que han considerado físicas.
El proceso para construirse fronteras, felices o infelices, es un proceso en algunas ocasiones triste, feliz o traumático. Todo en una misma vida. Se empieza a construir la primera frontera desde el momento donde no nos es permitido en la primera infancia, hacer algunas cosas que no están bien vistas.
Luego, en la adolescencia, la construcción continúa con la pubertad y la guerra eterna por la libertad y por último, la edad madura que decide la finalización de las fronteras y la progresión de ellas o su destrucción.
El proceso normal de destrucción de fronteras puede ocurrir en cualquier etapa pero el conocimiento y la identificación de ellas es voluntario.
Si todos vivimos con fronteras, somos mundos completamente cercados que no tienen la posibilidad de avanzar a ningún lugar por el miedo de herirse con las púas de la frontera, con las personas de la frontera, herirse con la propia construcción.
Después de habernos construido la incapacidad para soñar, después de haber creído que aquellos muros entre ciudades y entre países eran irrevocables.
Después de haber sentido que el otro es la lejanía y que esto lo condena al desconocimiento de uno mismo, después de entender el horizonte como un límite y no como una meta, lo único que olvidamos es el origen de las fronteras.
Si las hemos construido, nosotros mismos podremos abolirlas e inclusive somos los únicos capacitados y dotados con la oportunidad para destruir todos los muros, cruzar todas las fronteras y por último soñar.
Es un requisito soñar, en tanto la realidad no sea perfecta, es requisito soñar, no sólo por autoestima, sino también por justicia.
La única frontera que debemos construir es la unión porque, hemos pensado en muchas fronteras que no son realmente positivas pero no hemos logrado tener la capacidad de imaginar fronteras que nos construyan en una perspectiva distinta.
Construir fronteras para no dejar que el miedo entre, fronteras para la frustración e inclusive fronteras para que los sueños no salgan corriendo cada vez que la realidad intenta sorprendernos.
No podemos convertirnos nunca en un complejo de redes que nos encierran y nos cohíben la libertad, es necesario que entreguemos todo por el simple hecho de ser libres. El hecho de vivir felices en la frontera, cerca del caos. Es indispensable sonreírle a las fronteras.
Soñar, ese acto revolucionario, es el momento donde se renuevan todas las esperanzas, el tiempo, el aire. Soñando es posible crearse un nueva realidad que pensada antes desde los sueños se puede convertir en una realidad que dibuja la inexistencia completa de los límites reales o imaginarios.