Giovanny Cardona Montoya. Septiembre de 2018.
Lo he leído muchas veces, incluso el Banco Mundial nos lo dijo hace ocho años: debemos tener un crecimiento sostenido del 4% o 5% para poder abandonar el subdesarrollo. El mensaje no es sólo para Colombia, lo es para toda América Latina. El hecho es que dicha tasa de crecimiento raras veces se ha alcanzado en Colombia en los últimos 25 años. De hecho, el BID resalta que desde 1960 hasta 2017 la tasa promedio de América Latina ha sido de 2,6%.
La pregunta que emerge, en consecuencia, es: ¿cuál es el sendero para alcanzar un crecimiento sostenido en dicha dirección?
No hay recetas mágicas, pero es evidente que en Colombia el Modelo de Desarrollo no ha dado los resultados anunciados un cuarto de siglo atrás. Más grave aún, parece que las autoridades económicas no se dan cuenta -¿no pueden o no quieren?-.
Comercio Exterior: tenemos mercados, pero no tenemos productos.
Durante dos decenios el país se dedicó a firmar TLC con regiones y países con mercados domésticos grandes. Sin embargo, la respuesta del aparato productivo a las políticas implementadas ha sido la mengua en la agregación de valor. La consecuencia: una creciente exportación de bienes sin transformar y una expansión del mercado doméstico para las manufacturas importadas.
¿Dónde está el problema? Hay economías en el mundo con poblaciones que gozan de un alto poder adquisitivo gracias a la producción y exportación de commodities de origen minero, ejemplo de ello son los países del Golfo Pérsico. Considero que en Colombia hay dos razones para no tomar este camino:
– en el subsuelo colombiano no hay suficientes reservas de petróleo y gas para sostener un modelo económico extractivista (sólo hay reservas para seis años), excepto que se apruebe el fracking para su explotación, y;
– porque elegir el fracking es ir en contravia del desarrollo social y ambientalmente sostenible. Recordemos que en este artículo no estamos hablando de crecer en el corto plazo, sino de tener una tasa del 5% sostenible en el largo plazo, y ésta no se podrá mantener si vamos en contravía del ecosistema. No hay planeta para seguir devastándolo por décadas.
La otra característica de este modelo económico insostenible es que nos hemos dedicado a firmar acuerdos comerciales -TLC- buscando ventajas para ingresar a mercados de Europa, de Estados Unidos y del Este Asiático; sin embargo, para la exportación de hidrocarburos -que es lo que vendemos y exportamos desde hace dos décadas- no se necesita un acuerdo de preferencias comerciales. Los TLC sirven para exportar manufacturas, productos agrícolas (en menor medida), servicios y capitales.
Políticas económicas domésticas: destruyendo la industria de bienes transables.
Actualmente se discute en Colombia una nueva reforma tributaria. Cada gobierno hace una y la denomina estructural. Pero ninguna lo ha sido, por lo menos en las últimas décadas. Las reformas tributarias no han enfrentado los problemas de fondo, sólo logran “tapar el hueco” del cuatrienio.
En síntesis, dichas reformas presentan dos recurrentes defectos:
– no estimulan la producción empresarial y la generación de empleo, por lo tanto no aseguran creciente tributación para el futuro; y,
– mantienen altos niveles de inequidad, ya que, se centran en gravar a los trabajadores y en proteger las rentas del capital; pero, especialmente, liberan de compromisos fiscales a los terratenientes rentistas, esto es, a aquellos que no hacen uso productivo de la tierra.
Adicionalmente, las políticas laborales no estimulan la formalización del trabajo y, en consecuencia, el mercado doméstico no se expande de manera sostenible -sólo crece en tanto se mantienen las exportaciones de hidrocarburos y el comercio de no transables-. Por lo tanto, el poder adquisitivo de la población es bajo, ya que, el empleo informal es preponderante.
Adicionalmente, la seguridad social hace agua:
– la mayoría de los trabajadores no está haciendo ahorro pensional y el Estado está haciéndose responsable de la carga más pesada: con el sistema desequilibrado que existe, los fondos privados “atraen a miles de incautos a sus huestes” quienes les dejan sus ahorros pensionales para que los inviertan; pero, en sus últimos años de trabajo los trabajadores migran a Colpensiones buscando una más alta mesada de jubilación. Y;
. en materia de salud, la mayor parte de la población es cubierta por el régimen subsidiado (informales y desempleados), mientras la minoría de los colombianos es contribuyente al Sistema.
Por lo tanto, las incoherencias del Modelo Económico se materializan en un círculo vicioso: las empresas no generan empleos de calidad, en consecuencia, la mayoría de los colombianos no se pensionan y los que lo logran lo hacen de cuenta de los recursos del Estado; lo mismo sucede con el acceso universal a la salud, a través del SISBEN. El círculo se cierra con el hecho que el hueco fiscal que se deriva de una economía desacelerada -con una población mal remunerada-, se debe cubrir con más impuestos. Adivinen a quiénes se les cargan dichos tributos.
En síntesis, es claro lo que no hay que hacer si deseamos abandonar el subdesarrollo a través de un Modelo Económico Sostenible en lo social y lo ambiental.