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Así fue como se gestó la paz total del Gobierno de Petro en Medellín

Desde los tiempos de la campaña presidencial, algunos líderes del Pacto Histórico viajaban a Medellín para buscar acercamientos con los combos de la ciudad.

  • Antioquia ya ha recibido varias visitas de emisarios del Gobierno que buscan establecer las bases de la paz total. FOTO: Colprensa y cortesía
    Antioquia ya ha recibido varias visitas de emisarios del Gobierno que buscan establecer las bases de la paz total. FOTO: Colprensa y cortesía
04 de septiembre de 2022

En una reunión donde nadie se identificó, y que sucedió hace menos de un mes, se decidió que todas las bandas de Medellín entraban en una tregua indefinida: nada de muertes, nada de venganzas, nada de peleas por poder. Fue un acuerdo rápido. Los capos de las grandes estructuras de la ciudad quieren pisar pasito porque todos quieren la “paz total” del presidente Gustavo Petro. Las presiones de paz no solo están en la calle por parte de líderes barriales que cruzan fronteras para salvarles la vida a los muchachos que se meten en líos, también desde las cárceles: excapos de la llamada Oficina se unieron a la carta de los extraditables.

Por las calles de Manrique, de San Javier, de Castilla el secreto ya se conoce bien: la tregua es un mandato. Tan organizadas están las bandas esperando la luz verde del gobierno, que las pocas que no habían levantado la mano fueron llamadas al orden hace ocho días por el mismo alto Comisionado de Paz, Danilo Rueda: “Hacemos un llamado en esta región a los Pachelly y a los Caparros para que manifiesten su disposición en apostar a la paz total. El llamado es a que ellos piensen si el ejercicio de la violencia para acumular o proteger riqueza les está generando felicidad y si eso está propiciando un bienestar para ellos mismos y sus familias”.

Las palabras de Rueda fueron directas: el resto de bandas ya estaban subidas en la paz. En el caso del Valle de Aburrá: La Oficina, La Terraza, El Mesa, Los Chatas, Los Triana. Justo por estas bandas es que ahora se habla de “Paz Total”, pues las conversaciones con el ELN se daban por sentadas. Todo empezó varios meses antes de las elecciones presidenciales, cuando el Pacto Histórico decidió buscar a las organizaciones civiles de base que negocian diariamente con las bandas en las comunidades urbanas y rurales; a Medellín viajó el abogado Danilo Rueda para conocer cómo era la convivencia en los dominios de la Oficina. Quizá pensando que nadie mueve un voto en las comunas sin la autorización de la misma.

Se encontró con que los procesos de convivencia se fortalecían desde la sociedad civil y no desde los gobiernos. Que eran esas organizaciones las que salvaban vidas. En Medellín encontró a Sinergia, quienes desde hacía 25 años llevaban un trabajo en los barrios de toda el área metropolitana. Fueron ellos quienes le propusieron al exsecretario de Seguridad, Gustavo Villegas —el mismo que usaron los influenciadores del Pacto para atacar a Federico Gutiérrez—, un trabajo barrial en la ciudad, trabajo que él estuvo dispuesto a sacar adelante, pero fue capturado por relaciones con grupos armados; hay que recordar que una de las audiencias la Fiscalía enseñó un audio en el que Villegas le pedía a un capo que le ayudara a liberar un carro de su empresa particular que estaba retenido por no pagar una extorsión. El caso: Sinergia apareció en el camino de la búsqueda de paz del petrismo.

Mientras que Daniel Prado buscaba enlaces en las comunidades urbanas de Medellín, Antioquia y el Valle, el hermano del presidente Gustavo Petro, Juan Fernando Petro, se encargaba de visitar a extraditables en las cárceles, tal y como lo reveló el periodista Ricardo Calderón en Noticias Caracol. Allá se vio con varios capos de la Oficina, a quienes la idea no les molestó. Hoy ya sabemos que todos quieren un espacio en la “Paz Total”, como en los tiempos de Pablo Escobar, cualquier cosa es mejor que una tumba en Estados Unidos. Y todo esto demuestra que la “Paz Total” no es un embeleco de última hora.

Medellín ha sido protagonista de varias desmovilizaciones y acuerdos de paz: empezó con las milicias urbanas y luego tuvo como protagonistas a los paramilitares con la ley de Justicia y Paz. FOTO <b>Archivo</b>
Medellín ha sido protagonista de varias desmovilizaciones y acuerdos de paz: empezó con las milicias urbanas y luego tuvo como protagonistas a los paramilitares con la ley de Justicia y Paz. FOTO Archivo

En el caso de Medellín, el trabajo del Movimiento Sinergia es innegable. Muchos de sus integrantes estuvieron en la cárcel, donde hicieron procesos de pacificación y ya en libertad se esforzaron por seguir ese camino. En los barrios se dice que gracias a ellos se han salvado cientos de vidas. Justo en su carta al presidente Petro, la organización criminal Los Pachelly dijo: “Proponemos que el Movimiento Social por la Reconciliación y la Convivencia Sinergia sea la organización de la sociedad civil, que en unión de los delegados del Gobierno Nacional, realicen los acercamientos e interlocución formal con los miembros de nuestra organización”. Parece que Sinergia es la vocera de todas las bandas de la ciudad para la paz.

Sinergia es la única organización que ha trabajado la teoría del “acogimiento a la justicia”, la que finalmente terminó recibiendo y aprobando Daniel Prado y luego el ahora ato Comisionado de la Paz, Danilo Rueda. El “acogimiento” fue bien vista antes por el secretario Gustavo Villegas y estuvo en el despacho del entonces fiscal Néstor Humberto Martínez, esa misma propuesta está en el paquete de la paz que el Gobierno acaba de presentar al Congreso.

Dice una parte del documento: “El acogimiento está cimentado en principios sociales, jurídicos y políticos, que da forma a un nuevo pensamiento en la búsqueda de alternativas cuyo foco de atención son las necesidades de víctimas y victimarios para generar un ambiente propicio de reconciliación, donde el sujeto social asume su responsabilidad como infractor al orden jurídico, pero al mismo tiempo el Estado reconoce su culpa en la deuda histórica en torno a la ausencia y la falta de garantías que debió brindarle al sujeto de derecho propiciando en él conductas negativas para trasgredir la norma”.

Para algunos senadores que ya tienen el documento en sus manos, la idea del acogimiento no funciona bien, pues ya de entrada hay una culpa que debe asumir el Estado; por otro lado, no queda muy claro cuáles serían las penas para los delincuentes ni mucho menos se considera castigo para delitos que tienen las estructuras urbanas como la extorsión, el microtráfico y el desplazamiento intraurbano.

El desarme ha sido una actividad clave para traer paz a Anitoquia y a Medellín. FOTO: Archivo
El desarme ha sido una actividad clave para traer paz a Anitoquia y a Medellín. FOTO: Archivo

Incluso EL COLOMBIANO conoció que al interior del gobierno hay dialogados encontrados entre el alto Comisionado Rueda y el canciller Leyva —quien desde hace varios años ha tenido contactos con las organizaciones civiles de Medellín y ha mediado para el aterrizaje de exparas y capos a la JEP—, pues algunos creen que a los capos que están en la cárcel se les puede otorgar el estatus de gestores de paz, mientras que quienes apoyan el acogimiento y la idea de Sinergia creen que estos capos debe tener un careo con las comunidades a las que pertenecen y las autoridades para allí encontrar una medida de justicia.

Dice el documento de Sinergia que está en el Congreso: “El acogimiento es una figura que propende por el diálogo, la reconciliación, el perdón, la convivencia y la inclusión, que utiliza la justicia transicional y restaurativa para contribuir a la construcción de paz desde los territorios y así vislumbrar un futuro esperanzador para las nuevas generaciones”.

Un temor de la oposición: que la justicia se encuentre en el careo con las comunidades, pues los criminales pueden influir en ellas. Sucede, por ejemplo, que estructuras como El Mesa, La Terraza y Los Pachelly, aseguran tener un trabajo político en los barrios, tesis que nadie puede comprobar y que para muchos suena más como una excusa para subir su estatus de narcotraficantes. Aquí está uno de los puntos por los que esta paz no funcionó con el gobierno de Juan Manuel Santos: era un sapo difícil de tragar.

Dice el proyecto: “El mecanismo de acogimiento para los procesos de paz, fue incorporado formalmente al orden jurídico mediante el acuerdo suscrito entre el gobierno nacional y la FARC EP, en su numeral 3.4.13 y serán las comunidades las encargadas de desarrollarla”.

Después de la masacre a policías en zona rural de Neiva, el expresidente Álvaro Uribe Vélez tuiteó: “Dolor profundo con el asesinato de los policías. Los terroristas se burlan de la generosidad, son desdeñosos con las ofertas sociales, fortalecen su capacidad delictiva con la impunidad. Al terrorismo solamente lo arredra la autoridad”. En ese trino ya se puede sopesar lo que será la “Paz Total” en el Congreso. Pero la carta que tiene el petrismo debajo de la mano es el cambio en la lucha contra las drogas, es decir, la legalización.

En toda esta maraña, Medellín es clave. La obsesión de Petro es llegar a un gran consenso nacional en el que la paz urbana reine. El objetivo de Daniel Prado cuando vino a Medellín fue encontrar esos acuerdos y, un detalle que no es menor, en ese momento no se vio con el alcalde Daniel Quintero, él terminó aterrizando por medio de sus enlaces en la comuna Oriental y la secretaría de Noviolencia.

Justo Quintero es otro de los factores de la “Paz Total”, pues entre las ideas que baraja el gobierno es hacer conversaciones de paz con las comunidades afectadas por la guerra urbana —idea que también nació con el Movimiento Sinergia— y en ese escenario es importante asegurar a las alcaldías de las ciudades donde la criminalidad está totalmente organizada.

Mientras llega el momento de la “Paz Total” —si pasa en el Congreso y el Gobierno logra unir a los ciudadanos alrededor de la idea—, Medellín vive una paz suave. Justo pocos días atrás hubo siete días sin homicidios que, dicen desde la criminalidad, se deben a aquella reunión en que los capos decidieron no atacarse, bajar la violencia, porque no quieren contaminar el agua de su propia negociación.

$!Documento del Movimiento Sinergia. FOTO Archivo
Documento del Movimiento Sinergia. FOTO Archivo
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