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Petro pidió perdón en nombre del Estado a las víctimas de las masacres de Ituango

El mandatario cumplió una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de hace 16 años como parte de la reparación por las masacres de El Aro y La Granja.

  • El presidente pidió perdón en nombre del Estado colombiano. FOTO Manuel Saldarriaga
    El presidente pidió perdón en nombre del Estado colombiano. FOTO Manuel Saldarriaga
  • Lorena Villa (izq) y Miladys Restrepo (der) asistieron al evento de perdón. FOTOS Manuel Saldarriaga
    Lorena Villa (izq) y Miladys Restrepo (der) asistieron al evento de perdón. FOTOS Manuel Saldarriaga
  • En El Aro y La Granja se instalarán placas conmemorativas para honrar a las víctimas. FOTO Manuel Saldarriaga
    En El Aro y La Granja se instalarán placas conmemorativas para honrar a las víctimas. FOTO Manuel Saldarriaga
30 de noviembre de 2022
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A Miladys Restrepo García le tocó recoger el cuerpo de su hermano Wilmar de Jesús con la presión de que no podía llorar. Esa fue la orden que le dieron los paramilitares el 25 de octubre de 1997, cuando llegaron al corregimiento El Aro, ubicado en Ituango, y cometieron una de las peores masacres de Antioquia.

Tuvo que aguantar el dolor de verlo tirado en una calle del pueblo, a donde otros vecinos lo trasladaron tras recogerlo muerto en la carretera, y soportar que lo ultrajaran, a patadas, mientras le decían que era un guerrillero. William de Jesús tenía solo 14 años y el último día de su vida estaba sembrando fríjol.

Han pasado 25 años desde esa masacre, en la que fueron asesinadas 14 personas, se dividieron hogares, se desplazaron varias familias y se arrasó con la vida del pueblo. Y han pasado 16 años desde que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), le ordenó al Estado colombiano pedir perdón, tras establecer que el hecho se cometió en connivencia entre “paras” y agentes estatales. Solo este miércoles 30 de noviembre se cumplió dicha orden.

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En el Museo Casa de la Memoria, en Medellín, fue el acto simbólico en el que el presidente Gustavo Petro, nombrando a las víctimas una por una, pidió perdón en nombre del Estado. “El Estado colombiano reconoce que los muertos no eran enemigos de nadie, era gente humilde y trabajadora, que los mataron porque sí, por designio del poder, y que en sus muertes, en La Granja y en El Aro, estuvo el Estado presente, fue cómplice del asesinato”, dijo.

La ceremonia estaba dirigida no solo a las víctimas de El Aro, sino también a las de La Granja, otro corregimiento de Ituango en el que ocurrió la masacre de cinco personas, el 11 de junio de 1996, y que también fue cobijada con las medidas establecidas en la sentencia de la CorteIDH.

Lorena María Villa García, hermana de William de Jesús, estuvo allí para escuchar esas palabras que tanto ella como otras familias de las víctimas consideran necesarias e importantes, pese a que remueven el dolor y la nostalgia. Ese 11 de junio, Lorena tuvo que sortear con la noticia de que a su hermano, de 24, lo asesinaron a los pies de su padre, mientras trabajaban en un trabajo de construcción.

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Hoy, ella lo recuerda como un joven trabajador, amoroso con su familia, su hijo de 6 años y su esposa, una profesora del pueblo. Y no puede olvidar cómo el hecho le causó a su hogar el dolor de la muerte, pero también el del desarraigo de una tierra en la que nacieron hasta sus abuelos. Trece días después de los asesinatos, la familia huyó hacia Medellín, donde todavía viven casi todos, porque no se ha ido el fantasma del terror.

El padre, que nunca volvió a ser el mismo tras ver morir a su consentido sin poder ayudarlo, falleció hace seis años esperando que el Estado colombiano limpiara el nombre de su hijo, señalado, como todas las víctimas, de ser colaboradores de la guerrilla.

Para Lorena fue tal la insensatez que ese mismo 11 de junio también asesinaron a Graciela Arboleda, una cuñada de su madre que tenía siete hijos, la mayor de 14 años, y que quedaron a la deriva porque a su padre lo habían matado tiempo antes. Y tampoco olvida el homicidio, el mismo día, de Héctor Correa, un joven con discapacidad que arrebataron de su hogar mientras se escondía en la cocina abrazado a su mamá.

Tanto el relato de Miladys como el de Lorena dan cuenta de que los días que vivieron el horror de la guerra también sufrieron la decepción de que justamente en quienes confiaban que iban a protegerlos los dejaron a la suerte de la sevicia y la crueldad. En el caso de El Aro, recuerda Miladys, incluso se supo que paramilitares y soldados se coordinaron para el hecho. En La Granja, ni siquiera aparecieron y los dejaron a su suerte, manifiesta Lorena.

Lorena Villa (izq) y Miladys Restrepo (der) asistieron al evento de perdón. FOTOS Manuel Saldarriaga
Lorena Villa (izq) y Miladys Restrepo (der) asistieron al evento de perdón. FOTOS Manuel Saldarriaga

En parte por eso, Petro dirigió su discurso de ayer a una reflexión sobre que en Colombia existe una verdad que debe esculcarse más para descubrir los verdaderos orígenes de “un Estado que ha asesinado a sus ciudadanos”. “Como representante hoy del Estado colombiano debo pedirles perdón a todas las víctimas familiares y a las víctimas que ya no nos pueden acompañar porque fueron asesinadas por el mismo Estado, un Estado asesino, que no es el de la Constitución del 91”, expresó el presidente.

El mandatario también lamentó que en estos casos en los que “por omisión o acción” del Estado mueren civiles inocentes ha reinado la impunidad. “Indudablemente, el Estado hubiera podido corregir su rumbo en el momento adecuado, pero los procesos judiciales, las investigaciones, la institución que llamamos Fiscalía y otras no fueron capaces porque no tenían la voluntad política, en primer lugar, de descubrir los orígenes de un asesinato sistemático de civiles a lo largo y ancho de Colombia”, dijo.

En El Aro y La Granja se instalarán placas conmemorativas para honrar a las víctimas. FOTO Manuel Saldarriaga
En El Aro y La Granja se instalarán placas conmemorativas para honrar a las víctimas. FOTO Manuel Saldarriaga

Posteriormente, el presidente señaló que las masacres ocurridas en La Granja y El Aro son delitos de lesa humanidad y que se podrían llamar, con muchas otras que han sucedido en el país, como un genocidio: “En Colombia hubo un genocidio reciente”. Añadió Petro que esta construcción de sociedad se fundamentó en enfrentar como enemigos a los colombianos.

Las palabras fueron un alivio para las víctimas. En primer lugar porque se dignificó la memoria de sus seres queridos y se pidió perdón por sus homicidios. En segundo, porque esperan que con este acto se cierre el cumplimiento de la sentencia, pero atada a otras acciones que lleven reparación y garantías de no repetición a los dos pueblos que hoy siguen habitados por personas que, hayan vivido o no las masacres, han visto desangrarse sus territorios, en los cuales persisten los riesgos por la presencia de actores armados.

En este sentido, una de las peticiones comunes que hacen Lorena y Miladys es que las reconozcan y reparen a ellas y a sus familias por el desplazamiento al que se vieron obligadas tras las masacres, pues lo perdieron todo, incluida la posibilidad de vivir en el lugar que les pertenecía por herencia de sus antepasados. Pero también esperan mejores condiciones de vida para sus pueblos, así nunca vuelvan a vivir en ellos.

Por su lado, Petro les dio una esperanza al comprometerse con acciones que permitan que estos hechos no se repitan, que la sociedad cambie la mentalidad hacia la reconciliación y que los lugares donde ocurrieron las masacres, de El Aro, La Granja y otras zonas del país, tengan mayor calidad de vida. Dio la orden a los funcionarios de su gobierno para que trabajen para que estos sitios se conviertan en “lugares hermosos”, de “arte, belleza, memoria y cultura”, como parte de la indemnización a las víctimas.

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