Pese a tener una matriz energética limpia y ser la única ciudad del país con un sistema de metro impulsado por electricidad, Medellín aún tiene múltiples rezagos y tareas pendientes de cara a migrar a un modelo de movilidad sostenible.
Desde una aún incipiente infraestructura de recarga energética, un parque automotor dependiente en su mayoría de los combustibles fósiles y la ausencia de programas públicos de largo aliento para fomentar esa transición hacen parte de los problemas más grandes.
Andres García, director Latam Mobility, advierte que en medio de un panorama marcado por el incremento del precio de los combustibles y la diversificación de las alternativas de movilidad, cada vez es más urgente discutir estas y otras coyunturas. Con ese objetivo, señala, partir de mañana expertos del país y el mundo se darán cita en Medellín para el Latam Mobility & NetZero Summit Colombia 2023, en el que se discutirán temas como descarbonización, energías limpias, entre otros.
¿Cómo están Colombia y Medellín en su tránsito a una movilidad sostenible?
Colombia, a nivel latinoamericano, es un referente de transporte público cero emisiones. Medellín con el metro y Bogotá con su sistema de buses eléctricos, con más de 1.400 vehículos en funcionamiento. Sin embargo, también tenemos que revisar nuestro modelo, porque no solo se trata de un ejercicio presupuestal de comprar vehículos, sino mirar la infraestructura de recarga. Ahí están los retos más importantes.
¿Medellín cómo está en esa infraestructura?
Eso es un reto que hay que empezar a asumir. Para pensar en eso hay que tener tres puntos muy claros. El primero Medellín lo tiene resuelto, que es la naturaleza de la energía que va para la infraestructura de recarga, porque no hacemos nada si nos movemos con energía que proviene de las centrales térmicas. En ese punto Colombia y Antioquia están muy bien, ya que tienen una matriz muy limpia. Por ejemplo, en México tenemos una matriz altamente térmica, al igual que en Chile, pero aquí tenemos una matriz altamente hídrica.
Sin embargo, hoy la matriz de combustible la tenemos en 44% gasolina y 38% diésel. Por ahí solo tenemos un pequeño 9,5% de bioetanol y etanol, y solo 1% eléctrico. Y ahí es donde está la verdadera transición, dejar de depender de los carburantes. En Colombia la verdadera transición la tenemos que dar en el sector transporte.
¿Y cuáles son los otros dos?
La otra parte son la cantidad de electrolineras o estaciones de carga y el parque automotor. En el tema de infraestructura debemos pensar también en la comercialización. En Colombia la energía la tienen ciertas empresas a partir de contratos, pero no puede llegar un tercero a comercializar energía en una electrolinera, entonces hay que empezar a mirar cómo vamos a desarrollar nuevos esquemas donde las empresas también puedan verlo como un modelo de negocio.
Por el lado del parque automotor, hay buenas señales. Hace unos años la tecnología no estaba tan desarrollada, entonces era más costoso, pero ahora vemos que la oferta está creciendo y los precios de los vehículos eléctricos se están equiparando con los de un vehículo tradicional. En el caso de las motos también hay una oportunidad de negocio bien importante y es que en Colombia se compraron el año pasado 800.000 motos, pero el porcentaje de motos eléctricas que se compraron es ínfimo. Ahí hay una gran oportunidad de negocio.
Y por el lado del combustible, con la subida de la gasolina, también se vuelva cada vez más atractivo el tema eléctrico.
¿Cómo apuntar a soluciones para impulsar esa transición?
Eso pasa por discutir diversos temas, como por ejemplo pensar qué alternativas de micro movilidad podemos impulsar, como bicicletas, scooters, y los mismos vehículos con bajas o cero emisiones. También discutir sobre biocombustibles como el bioetanol, el biodiesel o el hidrógeno verde. En el sector público pensar cómo gestionar las flotas y no solo bajar las emisiones, sino tener una movilidad más ágil.