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Caminos históricos del Aburrá que urgen cuidado

En las laderas del valle de Aburrá existen dos senderos antiguos que se conservan a pesar del tiempo. ¿Qué representan para la historia?

  • Las rocas fueron talladas para usarse en el camino. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Las rocas fueron talladas para usarse en el camino. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Caminos históricos del Aburrá que urgen cuidado
  • Caminos históricos del Aburrá que urgen cuidado
  • Estructura circular del camino Corrales. FOTO Manuel Saldarriaga
    Estructura circular del camino Corrales. FOTO Manuel Saldarriaga
21 de febrero de 2018
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En el norte del Valle de Aburrá, hay un cerro que guarda un misterio en sus laderas. El Quitasol, esa gran pirámide natural, además de ser un referente de ubicación, resguarda en sus entrañas un camino digno de premios de ingeniería y que está a la espera de ser analizado, para determinar su origen.

Se trata de un sendero en piedra que va desde el sector de Niquía, en Bello, hasta aproximadamente la mitad de la ladera. Es un camino amplio, continuo, que ha sobrevivido al paso del tiempo, a los constantes incendios e incluso, a la urbanización de esta zona de la ciudad.

En domingo es normal ver algunos deportistas en su parte baja; sin embargo, son pocos los que se aventuran a seguir el rastro, pues es una cuesta empinada. Quienes lo hacen, suelen pasar la noche en una pequeña cabaña, justo en el punto final del camino: una estructura circular que tiene aire sagrado y unas terrazas en piedra que, bañadas por un sol tenue, parecen detenidas en el tiempo.

Aunque comúnmente es destacado como una ruta prehispánica construida por los indígenas que habitaron este valle, no existe un estudio completo y de largo aliento que confirme esto.

Para Pablo Aristizábal, arqueólogo PhD de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, EHESS, es un completo acertijo, pues aunque tiene características de un camino antiguo y está en una zona donde se han registrado hallazgos arqueológicos, también está la posibilidad de que haya sido construido, o al menos adaptado, por los españoles, como las familias Rodas o Barrientos, a quienes se les designó, en su momento, el cuidado de estos territorios y cuyas haciendas eran delimitadas con linderos en piedra.

“De ahí el nombre de Corrales, como también se le conoce al lugar, en referencia a los encerramientos en piedra. Pero, en la única investigación que se ha realizado sobre el lugar, adelantada por Gustavo Audi Ospina, también se encontraron vestigios de carbón que, tras un estudio, se estableció que eran del año 240 más o menos antes de Cristo, lo que lo catalogaría como prehispánico”, explicó.

Aspectos como la estructura del camino, sus muros de contención, desagües (estructuras que desviaban el agua y evitaban la erosión), entre otros, indicarían, según el experto, que estos senderos son prehispánicos.

Aunque también podrían ser válidas ambas historias, pues “es posible que haya sido realizado por los indígenas y que luego los españoles lo hayan adaptado o hecho reformas. Todo esto amerita una investigación exhaustiva”, anotó Aristizábal.

Los caminos prehispánicos de Medellín y el Área Metropolitana

El camino del comercio

En otra de las laderas del valle de Aburrá hay otro sendero que guarda las huellas de los primeros habitantes. El camino de Piedras Blancas, también llamado de Cieza o de la Cuesta, conecta la zona urbana de Enciso, oriente de Medellín, con la laguna de Guarne (de origen glacial), en el parque Arví.

Su principal uso era el comercio: alimentos y sal eran los elementos que solían transportar los indígenas y luego los porteadores, aquellas personas que, como especie de silleteros, realizaban encomiendas.

Elvia Inés Correa, arqueóloga e investigadora, detalló que este camino sirvió incluso como puente de comunicación entre los valles del Aburrá y del río Magdalena, hasta la década de 1960.

“Se dividía en dos ramales en el Alto de la Virgen: al nororiente y al suroriente, conservando parcialmente características estructurales y diseño ingenieril”, agregó Correa.

Su estructura con muros de cimiento, los desagües y algunas cunetas, y el ancho de los caminos, son características que lo hacen ser un elemento fundamental en el desarrollo y estudio de la arquitectura del Valle de Aburrá.

Correa resaltó de este camino aspectos como “el trazado recto, que resuelve los cambios topográficos y la pendiente mediante zigzag”.

Aunque algunos fragmentos de estos senderos no se conservan, otros han sido retomados y siguen siendo rutas para el transporte.

Por ejemplo, según contó Correa, tramos cercanos a la zona urbana del barrio Llanaditas fueron restaurados, pero la urbanización sigue siendo un problema para la protección de estos.

Aristizábal, por su parte, destacó que este sendero está registrado en las crónicas de los colonos. Cuando los españoles llegaron a este valle se encontraron con las estructuras en piedra y, por decisión del mariscal Jorge Robledo decidieron regresarse, pues, los compararon con los vistos en Cuzco, Perú, que eran más angostos y pensaron que se encontrarían con una población numerosa.

Un valle privilegiado

El Valle de Aburrá es el último de tipo interandino en Suramérica en dirección sur-norte. Lo rodean grandes ríos, como lo es el Cauca y Magdalena; altiplanos, el de Rionegro y el altiplano de San Pedro.

Por ello, siempre fue punto de encuentro y de paso en las rutas de comercio.

Además de Piedras Blancas, también llamado camino de la cuesta o de Cieza, y el de cerro de Quitasol, en el valle existen otros senderos que, aunque no están igual de conservados, quedan algunos vestigios. Estos son el camino del Alto del Boquerón, que conecta con el valle de Santa Fe de Antioquia, el camino hacía Popayán o el sendero conocido como “El espinazo del Diablo”.

Los caminos prehispánicos de Medellín y el Área Metropolitana

Protección urgente

El descuido y la urbanización, son amenazas inminentes para estos senderos, según alertó Aristizábal.

El profesional comentó que representan un gran valor patrimonial pues “muestran cómo eran las técnicas constructivas de la época. Si intentáramos hacer algo similar ahora, no se lograría”.

A esto, se le suma la oportunidad de establecer estos lugares como puntos de esparcimiento, idea en la que concuerda Correa.

La tarea entonces, debe comenzar por intervenir estos espacios y procurar su recuperación y permanencia en el tiempo. Esto complementado con estrategias de demarcación y educación, que indiquen qué son los caminos, sus características y su importancia histórica .

$!Estructura circular del camino Corrales. FOTO Manuel Saldarriaga
Estructura circular del camino Corrales. FOTO Manuel Saldarriaga
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