En La Pintada, a falta de palacio de gobierno, la Alcaldía funciona en una especie de tugurio municipal hecho con paredes delgadas de PVC, un material poco apto para refrescar en un municipio donde la temperatura promedio es de 28 grados centígrados.
El conjunto tiene cara de campamento de obra civil, y de hecho lo fue, porque allí funcionaron las oficinas temporales de la concesión vial Pacífico 2, que le cedió en calidad de comodato la infraestructura al Municipio. Por eso también en vez de salas de espera para los ciudadanos que arriman por alguna diligencia les toca aguardar el turno en un caspete donde por fortuna venden buen tinto.
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El sitio queda en un espacio de propiedad del Municipio, entre el río Cauca y la vieja carrera que conduce al Eje Cafetero, al lado de los corrales de la feria de ganados. El suelo alrededor es de tierra pelada y por tanto se encharca cuando llueve. Para mitigar el sudor dentro de los 15 cajones con forma de contenedores de carga de dimensiones variables –unos son de 4x6 metros, otros de 4x7 y los más recogidos, de 2,50 x 2,50 metros–, el alcalde Herman Correa y su gabinete deben mantener el aire acondicionado a toda máquina. Hablar de privacidad o concentración es una quimera en estas estructuras súper delgadas que permiten la filtración del calor y del más mínimo ruido.
Pero eso no es lo peor, porque en estas tierras en las que la canícula quema, igualmente se desatan de vez en cuando ventiscas implacables que ya han hecho volar los techos de peso pluma.
“Los módulos tienen goteras y nos toca mantener plásticos listos porque cada que llueve o ventea se moja todo y ya se nos han dañado archivos”, apunta el alcalde Correa.
Así comenzó el descalabro
Pero, ¿cuál es la razón para que los funcionarios municipales estén pagando esta especie de penitencia? Resulta que en el año 2016 el alcalde de entonces, César Zapata, pensó en cambiar la vieja sede municipal localizada a bordo de la troncal, frente a Asados Doña Rosa, por un palacio de gobierno moderno. Procedió a demoler e inició la nueva construcción que costaría $3.248 millones; sin embargo, hubo incumplimientos del constructor y las obras se pararon, según recuerda Correa. Vale la pena anotar que Zapata fue capturado en 2019 por presunta corrupción.
Con el cambio de administración, añade Correa, la nueva alcaldesa Mary Luz Corrales (2020-2023), comenzó a laborar en el Parque Educativo, pero se trasteó en 2022 para el campamento, aparentemente porque estaba prohibido utilizar la otra sede en fines administrativos.
Igualmente, habría invertido $880 millones del reconocimiento obtenido por la póliza en muros internos, enchape de pisos y pintura, cosa que para Correa resulta inexplicable porque de nuevo los recursos se acabaron y suspendieron una vez más los trabajos sin que se instalaran redes de acueducto, alcantarillado, electricidad y mucho menos internet. “Es evidente que las obras fueron mal planeadas. Es ilógico que se hubiera invertido la plata en pintura habiendo cosas más importantes que hacer”, atina a expresar el alcalde que heredó este “elefante blanco” y tampoco tuvo desde dónde despachar.
El “nuevo” palacio
Lo paradójico es que actualmente el “nuevo” palacio municipal luce desvencijado y en completo abandono, como si hubiera sucumbido a los embates de una guerra contra el tiempo. Las hojas que obstaculizan el paso al entrar denotan que nadie se ha asomado por allí en meses, por lo menos a limpiar, y en cambio sí entran habitantes de calle buscando refugio, a pesar de que el edificio está rodeado por una malla. La pintura blanca en que gastaron la última plata está completamente manchada. Al entrar es mucho más visible que algunas o muchas cosas fallaron en el proyecto. A simple vista se notan las venas de acero mal cubiertas en las losas, lo cual, según explica un ingeniero, puede ser un factor de riesgo para que este material comience a padecer de “cáncer” (una degradación). Faltan detalles como el cielo falso y la red de alcantarillado presenta fallas porque instalaron mal algunas tuberías.
Tampoco diseñaron rampas para personas con dificultades de locomoción ni existe un ascensor aun teniendo en cuenta que la oficina del alcalde está proyectada para el cuarto y último piso, por lo cual si llega alguien con una discapacidad, sería a él al que le toque bajar.
En varias partes del piso se observan cerámicas reventadas debido, según el ingeniero, a que no dejaron juntas para la dilatación de esas piezas, un fenómeno que es normal sobre todo en el clima ardiente de un municipio ribereño.
En rincón del primer nivel, donde en el futuro se supone que debe quedar el Concejo, hay un nido de murciélagos que revolotean de día y de noche aprovechando la oscuridad interna, y en el último nivel, donde planean la oficina del alcalde, las palomas la tomaron como escampadero y sanitario.
Las manchas en las paredes producidas por la humedad son síntoma inequívoco de que ha habido aguas empozadas filtrándose y en el tercer piso, si se dirige la mirada hacia arriba, se observan acabados irregulares en la losa superior, lo cual indica que le faltó “vibrado”, es decir, asegurarse de que la inyección de los materiales fuera uniforme para que no se segregara el cemento y la arena.
Algunas vigas comienzan con un espesor y van reduciéndolo hasta verse enclenques al lado contrario, como cuando a alguien se le seca un brazo por la quietud obligada por un accidente.
Todo esto, según el ingeniero, evidencia que “no se siguieron buenos procesos constructivos”. Y aunque no necesariamente afecta la estabilidad de la estructura, de acuerdo con funcionarios locales de Planeación, existe un informe de la Gobernación que aconseja realizar un estudio de patología antes de gastar un peso más en la edificación.
El estimativo del alcalde Correa es que se necesitan más de $2.600 millones para concluir el Palacio, es decir, que terminaría costando casi el doble de lo que presupuestaron al inicio. EL COLOMBIANO trató de conocer la versión de la exalcaldesa Corrales, pero hasta el cierre de esta edición no había contestado.
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Reinician obra de centro de adultos
El alcalde Heman Correa asegura que uno de sus propósitos es poder obtener los recursos necesarios hacia el próximo año para culminar el palacio municipal, ojalá antes de que concluya su mandato.
Otro “elefante blanco” que dice haber recibido fue el Centro Día para adultos mayores, que fue licitado por $1.400 millones dos alcaldías atrás y estuvo quieto hasta que la alcaldesa Corrales continuó las obras, pero volvieron a frenarse entre octubre y noviembre del año pasado. La reactivación se hizo el martes de la semana pasada con el pago de $216 millones al contratista, que quedaron apropiados por la administración pasada.