Estaban hablando del escritor Julio Cortázar cuando una de las talleristas de la Fiesta del Libro y la Cultura pasó repartiendo hojas blancas, como si fueran esquelas.
“Hagan una carta”, les pidió, y Alejandra Vergara recordó que nunca había escrito una, más allá de las que redactó para las novias de sus amigos cuando estaba en el colegio. Ese día, aunque al principio se resistió, escribió en el Jardín Botánico de Medellín su primera carta de amor.
Jessica Mileidy Agudelo, tomó sus primeras clases de yoga en el Jardín Botánico. Dice que es un lugar para encontrarse con la infancia “y con uno mismo”.
Pero también es casa de la investigación científica. Tal como lo explica la directora ejecutiva (e) de este lugar, Juliana Montoya, el Jardín Botánico de Medellín —casa de fauna y flora local, un espacio para eventos y punto de encuentro— no solo ha evolucionado como institución, sino que se ha transformado a la par con la ciudad.
Durante 47 años, agregó, este espacio ha derrumbado muros, abierto las puertas y convertido en un referente de una zona que, en el pasado, estuvo olvidada. Y es que antes de ser un bosque urbano, un jardín dentro de Medellín o “un pulmoncito” —como lo llama Luis Bonza, estudiante de la U. de A. — en el terreno en donde hoy existe no había otra cosa que un potrero.
Los baños del Edén
Su historia comenzó a finales del siglo XIX, en la antigua casa de baños El Edén, una finca que era propiedad de Víctor Arango y a la que llegaban las familias de la Villa, en coche o a caballo, a descansar, concretar negocios y alianzas.
En su libro De El Edén al parque público, el arquitecto Juan Sebastián Bustamante Fernández explica que en esta época apareció el parque público como pulmón de las ciudades en creciente congestión.
Añade, también, que el hombre, a lo largo de la historia, ha necesitado de jardines y bosques —asociados a la idea del paraíso — para buscar por medio de la exaltación de la belleza un bienestar solo reservado en un principio para las altas esferas de la sociedad.
Pero luego El Edén fue enterrado bajo otros sueños de progreso y perdió auge como “estadero” reconocido con la extensión de la ruta del tranvía hasta Bermejal.
Fue hasta el primer centenario de la Independencia de Antioquia, a manera de celebración, que la Sociedad de Mejoras Públicas adquirió el terreno en el que se crearía un nuevo bosque para Medellín. Así, el 11 de agosto de 1913 nació, con 235.000 varas de extensión, el Bosque Centenario de la Independencia.
En Medellín, indica el investigador Bustamante, el bosque, el parque y el árbol se convirtieron en elementos determinantes de la sociedad moderna, bajo las ideas de higienismo y ornato.
En la “Guía de Medellín y sus alrededores”, publicada en 1916 por la Sociedad de Mejoras Públicas, se lee: “Si es en verano, dese una vuelta por el Bosque del Centenario”.
Casa de la conservación
El investigador Enrique Forero explica en su estudio en Los jardines botánicos y la conservación de la naturaleza, que estos centros son indispensables por sus programas de investigación, enseñanza y conservación y que “deben ser laboratorios vivos”.
El Jardín Botánico como hoy se conoce fue inaugurado el 19 de abril de 1972, en el marco de la VII Conferencia Mundial de Orquideología (y de la mano de la Sociedad de Mejoras Públicas, la Sociedad Colombiana de Orquideología, la Alcaldía y el Club de Jardinería de Medellín).
En 1979 fue declarado Pabellón de Flora y pasó a ser parte del antiguo Sistema de Parques Nacionales.
Concluye su directora (e) que el jardín es, ante todo, un escenario que fortalece la relación del ser humano con el entorno natural, pero que también lo acerca a la ciencia a la importancia de la biodiversidad y el cuidado del entorno.
Alejandra nunca entregó la carta, pero aún la conserva. Incluso le contó a su destinatario que le había escrito una vez, recostada en el piso, bajo el techo de madera y hexágonos .