Quizás Medellín ha tenido ya dos vidas: una antes y otra después de la creación de la avenida Oriental, el trazado que cruzó y dividió, como una cicatriz, al centro de la ciudad. Fue, mientras se construyó entre 1970 y 1979, una promesa de desarrollo y un ícono de aislamiento.
El historiador Reinaldo Spitaletta, por ejemplo, dice en su libro “Medellín, ¡cómo te siento!” que la Oriental es una “avenida sin identidad” y que su origen, en los 70, cercenó al barrio Prado y lo aisló del Parque Bolívar y la Catedral Metropolitana.
Sin embargo, la avenida, que reemplazó a la carrera La Unión, fue la primera vía de alta capacidad, con seis carriles y 3.800 metros de longitud, que nació como una alternativa para descongestionar a la creciente villa industrial.
La hija del primer Plan Piloto
El origen de uno de los circuitos viales más importantes comienza a gestarse desde 1950, cuando Medellín recibió de los urbanistas extranjeros José Luis Sert (español) y Paul Wiesner (austriaco) un Plan Piloto que serviría como directriz al desarrollo futuro.
Este plan, como lo reseñó el estudio “Medellín Evolución Histórico- Demográfica” del Departamento Administrativo de Planeación, procuró establecer una zonificación estricta y un esquema vial lineal a lo largo del río.
Pero solo hasta 1969, con la consolidación de un nuevo Plan Vial para Medellín, se estableció la jerarquización de vías según el volumen de tránsito y servicios demandados.
El ingeniero Fabio Botero Gómez recordó en su investigación “La planeación del desarrollo urbano de Medellín, 1955-1994”, que en este estudio del plan vial se propuso un sistema arterial en el núcleo urbano principal, en el que se destacó la conceptualización de vías como la avenida Guayabal, el viaducto de la Nutibara, la avenida del Ferrocarril y, por supuesto, la avenida Oriental.
Pero fue hasta 1970 que comenzó la creación de esta última, a través del fondo de Valorización Municipal que, según Botero, fue un ente con una crucial intervención en el sistema vial primario. Primero se llamó Transversal Oriental y, como lo informó EL COLOMBIANO el 15 de abril de 1970, fue adjudicada a la firma de ingenieros Integral por $1 millón.
Su construcción finalizó en 1979 y fue bautizada bajo un mote conocido por pocos. Como indicó el urbanista Luis Fernando Arbeláez, el verdadero nombre de la avenida es Jorge Eliécer Gaitán, pero hace mucho que eso quedó en el olvido. Dice que, tras su creación, el trazado regular de la ciudad sufrió una transformación total.
Fueron desalojadas muchas viviendas de la centralidad, la avenida La Playa perdió su continuidad al igual que calles como Bolivia y Perú. También, añadió el urbanista, desapareció la relación con sectores centrales de la ciudad como Prado y Boston.
A pesar de esto, la Oriental atrajo centros comerciales que aún existen, además de quioscos de ventas ambulantes.
Lo cierto es que esta vía insignia, con todos sus contrastes, se ha puesto varios trajes: en la administración de Sergio Fajardo fue vestida con pirámides de colores y años después se convirtió en el eje de los corredores verdes.
Hoy la cambiante avenida, a la que nadie llama por su nombre, muestra otros matices: una lona verde demarca el inicio de las obras de metroplús e impide ver los jardines. Y, aunque hace unas décadas fue suficiente, ahora se queda corta ante el caos vehicular .