La puja para definir quién se quedará con la mesa directiva que regirá el Concejo de Medellín el próximo año ya empezó a librarse y tiene pendiendo de un hilo a las cada vez más endebles fuerzas del alcalde Quintero en la corporación.
Aunque desde el bloque de gobierno ya había un acuerdo para que la presidencia del 2023 quedara en manos del liberal Fabio Rivera, el plan está en riesgo de desmoronarse por los acercamientos que se han dado entre concejales independientes y opositores.
Pese a provenir de diferentes bancadas y vertientes políticas, luego de los turbulentos debates de las últimas semanas, como el de la venta de UNE, la inconformidad por la manera en que esa corporación se está relacionando con la Alcaldía (que varios concejales califican de “poco independiente” y hasta “arrodillada”) está ambientando una reconfiguración de fuerzas que le podría complicar el cierre de gobierno al alcalde.
Tal como quedó evidenciado en el debate de UNE, uno de los proyectos de mayor interés para la Alcaldía, el margen de maniobra de Quintero cada vez es más reducido.
En aquella discusión, no bastó con los votos de dos liberales (Aura Marleny Arcila y Fabio Rivera), dos conservadores (Juan Ramón Jiménez y Babinton Flórez), dos que renunciaron al Centro Democrático (Lina García y Nátaly Vélez), uno de la Alianza Verde (Jaime Cuartas), uno del Movimiento Independientes (Carlos Mario Romero) y uno del Mira (Juan Felipe Betancur) para ganar el pulso en plenaria. Aunque a ese bloque debía sumarse el concejal Lucas Cañas (que no pudo votar por un impedimento), para un total de diez votos, las cuentas tampoco habrían alcanzado.
Pese a no llamar tanto la atención en aquel momento, los votos que le complicaron el panorama a la Alcaldía en el hundimiento de la enajenación no solo fueron los de la bancada uribista, sino principalmente los de tres concejales independientes que cada vez toman más distancia del gobierno: Simón Pérez, de Todos Juntos; Dora Cecilia Saldarriaga, de Estamos Listas; y Luis Carlos Hernández, del Partido de la U.
Los votos decisivos
Pese a su origen diverso (un factor que también podría jugar en contra), en los acercamientos que se están cocinando varios concejales consultados, que pidieron no ser citados, coincidieron que el principal motivo que impulsa la posible alianza es el deseo de que el Concejo ejerza un control político mucho más estricto a la Alcaldía y que la agenda no esté sujeta a los ires y venires del alcalde.
Por ejemplo, en el debate de UNE, entre muchos quedó un sinsabor luego de que el proyecto estuviera a punto de revivir cuando la coalición de gobierno aprovechó que el concejal Luis Carlos Hernández se retirara del recinto para intentar aprobar a pupitrazo la solicitud de reconsideración radicada por la Alcaldía, en lo que fue calificado por varios como una jugada desleal.
Así mismo, siguen pesando episodios como el polémico concurso para elegir al contralor de Medellín y casos más recientes como el ocurrido con los problemas en la radicación del presupuesto del próximo año, que varios ven como evidencia de que la corporación debería pararse en la raya cuando es necesario.
Junto a esos tres concejales, están otros que ya vienen haciendo oposición, como Daniel Duque, de la Alianza Verde; Luis Bernardo Vélez, que renunció al Movimiento Independientes; y los seis del CD (Alfredo Ramos, Sebastián López, Julio González, Leticia Orrego, Claudia Ramírez y Carlos Andrés Ríos), para un bloque de 11 concejales.
Pese a que vista de esa forma la idea seduce a la mayoría, también hay fricciones que complican practicarla. Los dos casos que más sobresalen son los del concejal Luis Carlos Hernández y la concejala Dora Saldarriaga.
La adhesión de Hernández, al bloque no es clara luego de lo ocurrido en el debate de la venta de UNE, en el que él mismo expresó su malestar tanto a la coalición de gobierno como al bloque opositor.
Mientras por el bloque oficial el concejal manifestó su descontento por la forma en cómo se buscó revivir el proyecto a sus espaldas, viéndolo como un acto desleal, también lo hizo contra al menos dos concejales uribistas (Alfredo Ramos y Sebastián López), que en ese mismo episodio plantearon públicamente desconfiar de las razones que habrían llevado a Hernández a irse del Concejo antes de la “jugadita”.
Aunque un día después tanto López como Ramos le pidieron disculpas públicas a Hernández, desde ambos bandos no ven claro si el concejal de La U se sumará a la nueva mesa directiva o votará con la coalición de gobierno.
Por el lado de Saldarriaga, el principal obstáculo aparece en varios choques que ha tenido con concejales como Julio González, tal cómo salió a flote también en el debate por la venta de UNE. En aquella discusión, curiosamente, pese a coincidir en su voto negativo, ambos emprendieron ataques mutuos y mostraron la distancia ideológica que los separa.
Buscando un punto medio en los acercamientos, uno de los nombres que suenan con más fuerza para arrebatarle la presidencia a Fabio Rivera sería el de Simón Pérez, que además de tener uno de los tres votos decisivos, es cercano a Saldarriaga y sería más conciliador para lograr acuerdos con el uribismo.
Tampoco se descarta que se barajen más nombres, pero luego de lo ocurrido con la elección del año pasado –con el frustrado “Pacto de Chuscalito”– la mayoría de los concejales consultados son cautos y esperan que logre llegarse a un acuerdo, que podría dejar por primera vez en minoría a la administración Quintero justo en su último año de gobierno, que coincide con la campaña electoral.