En Envigado se tomó una decisión que puede ser ejemplar para el futuro del patrimonio industrial en el Valle de Aburrá. La Alcaldía anunció que tras realizar el estudio de vulnerabilidad de las antiguas chimeneas de Peldar, se determinó que serán conservadas y harán parte del plan parcial Peldar con el que se urbanizará el megalote en el que operó la empresa durante 59 años.
La arquitecta Sara Quiceno explicó que la administración municipal realizó el estudio de vulnerabilidad estructural de las chimeneas que arrojó que las chimeneas 1, ubicada al sur, y la 2 en la parte central, presentan concretos en buena condición. Sin embargo, la chimenea 3, en el costado norte, tiene concretos en estado crítico. Por eso la decisión que tomaron es mantener en pie las dos primeras chimeneas y demoler la tercera. Con esto, se garantiza la conservación de estos elementos con valor patrimonial, estético, simbólico e histórico que se había planteado para la composición del espacio público de este plan parcial.
La chimenea 3 (norte, es decir la más cercana a Viva Envigado), desde los 20 metros hasta 42.80 metros, es decir su altura máxima, presenta condiciones del concreto en estado crítico, por lo tanto existe peligro de fragmentos de concreto.
No solo es una gran noticia para el patrimonio material de Envigado y el departamento, sino que es un anuncio ciertamente sorpresivo pues el panorama de estas chimeneas a finales de 2023 era incierto. Cabe recordar que, tras el cese de operaciones de Peldar en 2018, Envigado aprobó el plan parcial que fue aprobado en 2020 en este megalote de 101.445 metros cuadrados –unas catorce canchas de fútbol– siendo el plan urbanístico más ambicioso en la historia del municipio.
Desde el inicio, el plan determinó que el 60% del área quedaría destinado para proyectos de vivienda y el 40% restante para establecimientos comerciales o industriales que se construirán en ese punto sobre la avenida Las Vegas durante los próximos 10 años. En el decreto 288 de 2020, quedó contemplado que en ese cotizado polígono se levantarían en total 2.721 viviendas y se tendría que garantizar 16.906 metros cuadrados de espacio público, de los cuales 1.655 serían destinados específicamente para la llamada Plazoleta de las Chimeneas.
Después de firmado el decreto, comenzaron a llegar a la alcaldía las primeras preocupaciones de urbanistas, arquitectos y defensores del patrimonio y la cultura en el municipio que pedían claridad sobre el futuro de las tres chimeneas emblemáticas que representan, en gran medida, la historia industrial y el desarrollo de Envigado. No en vano el himno del municipio habla de penachos de humo que coronan los castillos de sus fábricas.
La alcaldía de Braulio Espinosa envió un mensaje tranquilizador y señaló en su momento que en el artículo 6 del plan parcial quedaba claro que la mencionada plazoleta quedaría “vinculada a la contemplación de las chimeneas como hito urbano paisajístico de conservación”.
Y ante la persistencia de las dudas, Espinosa lo dijo todavía de manera más enfática y aseguró que desde que se concibió el plan parcial quedó acordado con las firmas a cargo que debía quedar “algo que genere siempre esa huella de la historia para las futuras generaciones y que quede acá en el lugar, en el sitio y en el espacio público”.
Efectivamente, en los documentos técnicos que dieron origen al plan parcial quedó constancia de que uno de los pilares del éxito urbanístico y social de este proyecto era la “integración de la memoria del desarrollo de Envigado como determinante al diseño general, aprovechando las chimeneas como elementos simbólicos e integrando al espacio público a las condiciones espaciales resultantes”.
Pero hacia finales del año pasado todo fue cambiando. De manera sutil la administración municipal empezó a modificar el discurso. La entonces directora de Planeación, Eliana Ospina, dijo entonces que cuando hablaban de “conservarlas” no tenía que ser necesariamente de manera física, sino de una “remembranza”, algo que hiciera alguna “evocación” de las chimeneas y su importancia. Y para completar aseguró que al no tener ninguna declaratoria patrimonial, los encargados de definir si seguían en pie o las reducían a escombros eran los constructores del megaproyecto, que adelantarían un estudio estructural, un estudio del que nunca se anunció una fecha, con lo cual las esperanzas de que fueran conservadas se fueron casi al suelo.
El escepticismo no era para menos. En 2020, la decisión de conservar o demoler otro icono del patrimonio industrial del Valle de Aburrá también había recaído en manos del privado y estos, contra viento y marea, decidieron tumbar los emblemáticos hornos Hoffman en Itagüí, piezas fundamentales para contar la historia industrial del Valle de Aburrá y su crecimiento urbano y casi únicas en el mundo, razones que no fueron suficientes para evitar que terminaran reducidas a polvo.
Pero esta vez fue diferente. Una de las razones que expusieron en su momento ciudadanos, urbanistas, arquitectos y demás personas que ejercieron defensa de las chimeneas, es que tener la posibilidad de incluir dentro de un desarrollo urbanístico un elemento patrimonial único era razón suficiente para conservarlas. Algo similar había recalcado el entonces director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, Alberto Escovar, en una sentida carta en la que casi suplicó que no derrumbaran los hornos Hoffman. Escovar señaló que estos elementos eran el verdadero factor diferenciador en medio del competido sector inmobiliario cansado de prometer elementos diferenciadores que realmente no tienen.
Precisamente sobre el Ministerio de Cultura, la alcaldía señaló que será esta entidad la que emita un concepto defintivo sobre el informe estructural de las chimeneas pues al estar en área de influencia de un bien de interés cultural de la Nación, como la estación del ferrocarril de Envigado, es al Ministerio al que le compete dictar sentencia. Lo que se puede presumir es que no tendrá problemas en que se conserven estas chimeneas pues ya en una respuesta a un derecho de petición hace algunas semanas, el Ministerio había manifestado que al estar en área de influencia de la estación no avalaría ninguna intervención que afectara el patrimonio de la zona.
La conservación de las chimeneas se convierte en un hito pues marca un punto de quiebre frente a las posturas que hasta ahora prevalecieron respecto al futuro de la arquitectura industrial del siglo XX en el Valle de Aburrá. En tesis que abordan el tema se ha señalado que, salvo escasos ejemplos como la restauración de los Talleres Robledo, convertido en parte del Museo de Arte Moderno, Medellín y el Valle de Aburrá se ha caracterizado por arrasar con su patrimonio industrial en medio de su expansión urbanística.
No solo ha ocurrido en el Valle de Aburrá. En Colombia también existen pocos casos exitosos de conservación, restauración y revitalización de patrimonio industrial. En Bogotá existe, por ejemplo, el caso de la biblioteca de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, construida en el antiguo matadero de la ciudad.
Pero el país está en ‘pañales’, como se dice, en cuanto a patrimonio industrial. En grandes capitales del mundo como Barcelona, han convertido barrios como Poblenou, antiguos epicentros de grandes industrias que surgieron desde el siglo XIX, en apetecidos barrios, distritos culturales y turísticos, sin haber tumbado un solo edificio antiguo. Casos similares han ocurrido en París, Burdeos y Berlín.
Puede ser que la conservación de las chimeneas en el plan parcial más ambicioso de Envigado sea un punto de partida para repensar la llamada renovación urbana, caracterizada por los famosos “borrones y cuenta nueva” en la que desaparecen partes de la ciudad para levantar nuevos edificios, y reorientarse hacia la revitalización, lo que los expertos llaman crecer sobre la ciudad construida.