En plena entrada, ya lo están recibiendo con alegría y refranes Juan de la Cruz y Asunción, dos “montañeros” de traje típico muy orgullosos de sus raíces. La entrada al sitio –a punta de música carrilera– evoca las fondas de antaño frecuentadas por los arrieros. Igual sucede con las coloridas materas y flores que bordean los aleros del techo.
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En su extensión, la granja cuenta con varios espacios: el primero es un pequeño "museo" donde se conservan artilugios de la época de los abuelos que a más de uno le aflorará un recuerdo. Así mismo, las mesas de este sitio tienen incrustados diferentes tipos de granos de café mientras que de las vigas están colgados letreros con refranes y palabras de la jerga paisa. Mención especial merecen los baños del recinto que tienen como puertas las cortinillas de bambú y guadua tan características de las cantinas rurales.
Toda la decoración logra emanar ese aire auténtico a campo y a estancia familiar. Mismo aire que tantas chabacanas discotecas de Medellín buscan recrear forzadamente en un intento que sale muy mal.
Sigamos. Más alla de la fonda, está una minigranja donde gallinas copetonas y “saraviadas” arañan la tierra mientras que un grupo de ovejas balan con estridente “alaridos”.
Y al fondo de la granja está tal vez la joya de la corona del agroparque: un enorme jardín de plantas tradicionales –algunas en riesgo de extinción– que de seguro se volverán el deleite de las visitantes. No por nada al entrar allí se hace la advertencia de: prohibido llevarse “piesitos” de matas.
En el extenso huerto hay estragón anisado para la gastritis; afrodisiaca lavanda; “oreja de conejo”, una especie de minifrailejon; amenazadas tritomas o antorchas; caprichosos pensamientos –que escogen el color de sus pétalos–; plantas de mirto que atraen fortuna y barranqueros; así como flores “de pato”y San Antonio, con sus curiosas formas. También hay "flores secas" como Botón de Oro; y hortensias, de las que casi nadie conoce su extraño vínculo con la soltería.
“Todo lo que acá contamos de las flores hace parte de la herencia oral de Santa Elena que, como es mi caso, se pasa de abuelos a nietos”, explicó la guía y silletera Daniela Soto, oriunda de la vereda Barro Blanco.
La propiedad se extiende por más de 75.000 metros cuadrados, de los cuales el 75% es zona verde y de conservación. Entre tanto verde hay una colina coronada por un peculiar hotel que –según dijo el administrador Cristóbal Montoya– fue construido con las viejas técnicas de construcción usadas por los habitantes de Santa Elena y en donde los huéspedes son recibidos con los aromas de otro gran jardín de más de 400 especies de flores hospederas que a futuro será un gran reservorio de las mariposas del corregimiento, porque no solo hay que preservar lo cultural sino también el medio ambiente del territorio.
El agroparque es una idea de Jorge Eliécer Ríos Gallego, un empresario nacido en Santa Elena quien hoy funge como director de la Fundación.
“El agroparque nace nace en 2015 luego de que una vez subí a una noche silletera acá en Santa Elena y, pese a la romería de gente, vi y sentí que faltaban tantas cosas de nuestra cultura silletera y que se le podían ofrecer al turista como experiencia. De ahí es que me nació el interés de crear una finca silletera más fiel a esas raíces campesinas”, comentó.
“Empezamos a ponerle una granja, un hospedaje y otros espacios para reforzar el tema del turismo en el corregimiento. Pero, a la vez, comenzamos a jalarle a la preservación de la cultura antioqueña y silletera, esfuerzo que aumentó con la creación de la fundación en 2023” comentó.
Sin embargo, el agroparque también tiene un origen místico, según admitió don Jorge. “Yo estuve muy delicado de salud en 2013. Yo ya estaba desahuciado. Siendo así las cosas, yo me vengo para Santa Elena y estando acá tengo una aparición de Jesús en sueños. Tras eso, empecé a sembrar y a transformar el predio y puse la estatua del Cristo en el mismo punto en el que se me apareció (es el Cristo que junto al hotel corona la colina). Así mismo hago la promesa de construir la capilla de la zona. Y después de eso tuve una mejoría total tras casi estar fuera de este mundo”, resumió Ríos.
La idea de Ríos y sus colaboradores es que más que un espacio para el turista, el agrohotel se convierta en un eje cultural pero también de empleo para la comunidad de Santa Elena. Por ello, el Agroparque tiene las puertas abiertas para la comunidad del corregimiento. De hecho, para la edición de esta Feria de las Flores se espera que 10 silleteros de todas las categorías armen sus silletas allí.
“Apoyamos los emprendimientos locales de artesanías y de gastronomía local, así como a los silleteros y artistas de la zona. Trabajamos con la red de cultura y turismo y ya tenemos montado un club de silleteritos para que los niños aprendan de jardinería con enfoque cultural. Y con los artistas y trovadores del territorio hacemos puestas en escenas costumbristas para los visitantes”, dijo Ríos.
De acuerdo con Eliana Gómez, corregidora de Santa Elena, si bien el agroparque se haya en jurisdicción de Envigado, su impacto positivo se extiende por todo el territorio pues parte de la mano de obra proviene de la zona que se extiende hasta Guarne y también ofrece una opción de turismo cultural a los cerca de 8.000 habitantes que llegan al corregimiento cada fin de semana.
De hecho, hoy en día el agroparque genera 20 empleos directos y 120 indirectos provenientes de los emprendimientos y pequeñas empresas del territorio que disponen de las vitrinas del agroparque para comercializar sus productos.
"Trabajar acá es una experiencia bonita que me motiva porque es volver a las raíces. Es volver a un lugar que me permite a compartir con gente de la zona y también ayudarles a crecer. Con lo que hacemos siento que acá todos somos parte del Jardín", comentó Valentina Amariles Hurtado.