Después de la caída de Terra, las criptodivisas más estables fueron puestas bajo la lupa. Pero es necesario diferenciarlas según los activos que las respaldan.
La debacle de la stablecoin Terra, en el que el token nativo del proyecto, de nombre LUNA, fue un factor tan relevante como UST, quedará registrada en la historia de la industria cripto. No era esperable que una criptodivisa creada justamente para atenuar la volatilidad acabara involucrada en un desplome financiero que, además de causar pérdidas por $40,000 millones de dólares, afectó a todo el mercado de las criptomonedas.
Una stablecoin es una criptomoneda cuyo valor, para ofrecer un mayor rango de estabilidad, se asocia a un activo externo. Aquí radica su principal diferencia respecto a otra clase de divisas cripto, como bitcoin o ether, que tienen un costo anclado en la dinámica de la oferta y la demanda.
Las criptomonedas estables pueden vincularse a distintos activos, incluyendo dinero fiduciario (fiat), materias primas, reservas de minerales e incluso a otro criptoactivo. En el caso de Unicoin, definida como una criptomoneda de última generación, ese respaldo viene dado por la comunidad de negocios de Unicorn Hunters, que destaca a empresas innovadoras con alto potencial de crecimiento.
Como lo reveló la debacle de Terra, las stablecoins, a la hora de buscar la estabilidad, pueden seguir distintos caminos. UST pertenece a una categoría especial: las “stablecoins algorítmicas”. Sin entrar en explicaciones técnico-financieras excesivamente complejas, se puede afirmar que este tipo de monedas se apoya en mecanismos de software para definir las acciones que aseguren la paridad.
Aunque su forma de operar no es fácil de exponer, el expediente de Terra demuestra que los algoritmos pueden fallar y que esos desaciertos pueden verse agravados por las reacciones de especulación que se manifiestan en el mercado. A partir de este caso, muchos se han lanzado a decretar el fin de las criptomonedas estables, una perspectiva como mínimo apresurada.
Con innovación pero sin algoritmos
“Las stablecoins son parte del futuro. De hecho, creemos que, dentro de la industria cripto, será uno de los primeros sectores en ser regulados, empezando en Estados Unidos”, dice Fernando Martínez, director para las Américas de OSL, compañía que provee servicios cripto, como servicios de corretaje, exchange y custodia, a clientes institucionales e inversores profesionales.
“Las monedas estables algorítmicas tienen mayor riesgo, y en ese sentido, es recomendable mantenerse alejados de ellas, ya que estamos en una etapa temprana de su desarrollo. Y eso no quiere decir que no serán relevantes en el futuro”, añadió Martínez en entrevista con CryptoConexión.
Por otro lado, las criptomonedas estables “no algorítmicas” están demostrando su capacidad para desarrollar innovadores modelos de financiamiento. Un ejemplo de ello es la startup argentina Agroketen, que creó tres stablecoins respaldadas por el precio de las toneladas de trigo, soja y maíz.