Martha Ospina, directora del Instituto Nacional de Salud (INS). Cortesía de Presidencia.
Colombia está ad portas del millón de casos confirmados de coronavirus y de las 30.000 muertes a causa de la pandemia, desde el 6 de marzo, cuando se confirmó el primer positivo en el país.
Por eso, el riesgo de una segunda ola de casos, como la que están viviendo Francia o España, obligó a las autoridades de salud a fortalecer los esfuerzos de campañas pedagógicas y, a los ciudadanos, a poner en práctica a cabalidad las medidas de autoprotección: lavar las manos, usar tapabocas y evitar aglomeraciones.
En vista de que es latente una segunda ola de contagios, EL COLOMBIANO habló con la directora del Instituto Nacional de Salud (INS), Martha Ospina, para conocer cómo se está preparando el gobierno.
Cuando se mira el aumento de casos, ¿se podría pensar que el aislamiento selectivo como estrategia está fallando?
“Todas las medidas son importantes. Como también es importante mantener el lavado de manos, el uso de tapabocas y el distanciamiento social. Son las estrategias comprobadas y más efectivas. La cuarentena inicial tuvo un efecto notorio en reducir la velocidad de contagio y dar tiempo de preparación. Las aperturas tuvieron el efecto esperado: que poco a poco se fueran recuperando espacios económicos y sociales sin aumentar la velocidad de contagio. Es decir, que esa velocidad de transmisión se diera dentro de los niveles esperados y sin perder la capacidad de respuesta de nuestro sistema de salud. La falla principal se da en las medidas dentro de los hogares, con crecimiento de reuniones y fiestas sin medidas”.
Y si el país no hubiera aplicado cierres como los de marzo y abril, ¿qué habría pasado?
“Un escenario sin medidas habría llevado al colapso de la atención en salud, algo que no era un futuro deseable. Es importante entender que la pandemia sigue y las medidas de aislamiento se mantienen para las personas sospechosas y contactos de casos confirmados. El programa Prass desde el Ministerio de Salud tiene ese objetivo. Se viene haciendo, pero muchas de las medidas dependen de nosotros y están en nuestras manos. Las fundamentales y más efectivas son en las que hemos insistido permanentemente y dependen de cada uno”.
¿Ya estamos en una segunda ola de contagios?
“Con la última apertura, a inicio de septiembre, se esperaba una nueva aceleración de los contagios, ya habiendo pasado por un primer pico. Recordemos que la epidemia no ha terminado. No es una nueva epidemia. Estamos hablando de que la epidemia no ha terminado. Los nuevos casos que veamos dependerán de la proporción de población ya infectada y de la cantidad de susceptibles. Para esto se necesita conocer los resultados de seroprevalencia y continuar, como se ha hecho, el monitoreo de la velocidad de contagio con el Rt (indicador que permite conocer cuántas personas se contagian por cada positivo). Adicionalmente de mantener las medidas de protección individual y continuar con la vigilancia continua, seguimiento de casos y aislamiento efectivo”.
¿Cuáles son las regiones que generan más preocupación frente a esa segunda ola?
“En general todos los territorios son susceptibles de un incremento de casos. Ciudades como Leticia y Barranquilla se esperaría sea menor o inexistente, pero eso solo podría verificarse con los estudios de seroplevalencia ya en curso”.
En vista de que el aumento de casos se empezó a sentir desde la primera semana de octubre, ¿es posible recomendar cierres generales de ciudades o, por lo menos, sectorizados como los que vemos en Europa?
“Los cierres se necesitarían que hacer en la medida en que se ponga en riesgo la capacidad de atención hospitalaria. Es muy probable que de acuerdo con la situación particular de cada territorio, se piense en medidas a nivel sectorizado y no cierres generales. Es muy importante insistir en que mantengamos las medidas de protección individual. Está en nuestras manos”.