EL COLOMBIANO buscó los relatos más cercanos de quienes luchan contra el virus que confinó al mundo.

La vida en una UCI covid depende de un respirador del que emana un pito que no deja de sonar. Si se acelera, hay alarma y se debe correr; si es estable, la rutina de revisar con frecuencia a un paciente se mantiene.

Ese “pi”, “pi”, “pi” que sale del respirador, agobia y recuerda el lugar en el que se está. “Uno aprende a convivir con el sonido, así se acelere cuando se complica un paciente”, explica el médico general Sergio Franco, quien sirve de apoyo en la UCI del hospital San Vicente Fundación de Rionegro.

Allí, al entrar y dar unos pasos —siempre con tapabocas y careta—, y tras abrir una puerta que da ingreso a la UCI, se ve al lado izquierdo del pasillo un típico dispensador de gel antibacterial. Pero al girar la mirada a la derecha, la realidad que se vive en el lugar impacta de inmediato.

Allí, dos auxiliares de enfermería sostienen, inclinada hacia la izquierda, a una mujer adulta, de unos 70 años, mientras la limpian. Su espalda, a través del vidrio que separa al pasillo de la cama, muestra el reflejo de la quietud a la que ha tenido que someter su cuerpo. La reacomodan, revisan los monitores y salen. La muerte intenta dejar su rastro. Y la vida, con los esfuerzos médicos, busca echar raíces.

Golpe de realidad

Así es por dentro una unidad en la que se enfrenta a la covid sin descanso desde hace poco más de siete meses. EL COLOMBIANO logró ingresar a ella y fue testigo de cómo transcurren las horas de quienes combaten el virus y de los que lo padecen; es un escenario de por sí crudo que ahora se torna más preocupante ante el aumento de casos que se registran este mes: al jueves de esta semana se llegó a 136.455 positivos, 21.343 casos más a los que había el 30 de septiembre (115.112). Los nombres de los muertos no aparecen en los reportes que envía el Ministerio de Salud, pese a que hasta el miércoles pasado ya había 28.306 confirmados. Las tragedias son anónimas. Pero aquí se siente el dolor y el luto que rodea a las familias y a quienes hicieron todo lo posible para salvar una vida.

Esta experiencia nos ha enseñado a valorar más a los nuestros Enfermera María Paula Carreño

"Esta experiencia nos ha enseñado a valorar más a los nuestros", reflexiona la enfermera Carreño, mientras aprieta su dedo pulgar izquierdo con la mano derecha. Un gesto ansioso. Narra que a veces no hay ánimo, aunque por los protocolos ya no se pueden abrazar para darse apoyo. Solo queda la opción que el virus no les ha podido arrebatar: ir juntos por un café. La rutina pasa por un turno de 24 horas, que empieza a las 6:00 a.m. y que se extiende hasta las 6:00 a.m. del otro día. El equipo está integrado por intensivista, terapeuta respiratoria, médico general, enfermeras y auxiliares.

EL COLOMBIANO llegó un sábado. Ese día, el reloj marca las 10:15 de la mañana. De las 20 camas UCI que hay, 18 están ocupadas. De esos pacientes, hay un hombre adulto que no está intubado y que permanece sentado en su cama, desde donde se resiste a que un virus que paralizó al mundo le quite la posibilidad de decidir qué hacer con sus días.

Pero las otras 17 imágenes son más agresivas. Reflejan cómo el virus somete a las personas a que un tubo sea la única opción para respirar, para vivir. Ellos son los testigos de la severidad del virus, ese del que todo el mundo habla desde diciembre y que tiene en alerta máxima a Colombia desde el 6 de marzo, cuando se confirmó el primer caso. Los pasillos se comparten con la muerte, pero eso solo se confirma cuando se conoce una UCI: el ambiente es frío y, por más tranquilo que se perciba, no deja de asustar.

El sábado que EL COLOMBIANO vio de frente las 18 estampas vivas de la pandemia, había una tensa calma en el San Vicente, que comenzó a romperse con el repunte de pacientes que llegaron a esta UCI en octubre: de las 20 camas habilitadas que tienen, 18 están ocupadas; hace dos semanas solo había pacientes en la mitad de ellas.

La terapeuta respiratoria Mónica Echavarría advierte que esos datos son alarmantes, y según la Gobernación, la ocupación de UCI en Antioquia era del 67,93 % el 15 de septiembre y, casi un mes después, el 14 de octubre, ese porcentaje se trepó al 78,94 %.

En el departamento, desde el viernes y durante el festivo, se sumaron 9.525 contagios nuevos, y desde el inicio de la pandemia, Antioquia ya tiene 136.455 casos confirmados hasta el miércoles pasado.

Es muy duro cuando llegan aquí y no pueden ni siquiera tener la compañía de un familiar, porque el virus es contagioso y tenemos que protegernos entre todos Terapeuta Mónica Echavarría

Y ese “entre todos” incluye al personal de salud. Como medida de precaución, los líquidos endovenosos por medio de los cuales les aplican los medicamentos a los pacientes están por fuera de las salas, todo les llega por tubos para entrar a la habitación solo cuando sea necesario. Echavarría, con voz serena, le baja el perfil a su labor y menciona la palabra “equipo” cuatro veces, mientras conversa en el puesto de monitoreo de la UCI. En la pantalla del computador se pueden ver los signos vitales de cada uno de los pacientes internados. Pero su papel, según comentan sus compañeros, es clave. Es la persona encargada de aplicar las técnicas de intubación y sedación, y es quien se encarga de que el ventilador mecánico garantice la respiración y la vida del paciente.

Médica y contagio

Pero este desafío diario a la muerte se ha vuelto más inquietante en los últimos siete meses. Aunque lo más complejo de esta nueva realidad, señala el médico especialista en cuidado intensivos Fernando Peña, fue al principio de la pandemia. Para ese entonces no se sabía cómo actuar.

Inicialmente, la tasa de mortalidad fue muy alta y, como médico, es impactante ver que los pacientes se están muriendo Intensivista Fernando Peña

“Inicialmente, la tasa de mortalidad fue muy alta y, como médico, es impactante ver que los pacientes se están muriendo”, dice Peña mientras entrelaza sus manos y las acomoda en sus piernas.

¿Cómo es trabajar en medio de la vida y la muerte?

Como antídoto grupal, en una mesa de la cafetería mantienen colores y un libro de mandalas que les sirve para controlar el alma cuando se les quiebra debido a que el virus se lleva la vida de uno de sus pacientes.

No es lo único y así lo relata Franco, quien recuerda las guías de la facultad. Los mensajes iban dirigidos a la cercanía con la persona, pero eso, en este momento, no se puede implementar. Y lo demuestra antes de entrar a revisar a una colega suya médica, quien se infectó y ahora es paciente de esta UCI covid. En cinco minutos, y con un cuidado meticuloso, se pone una bata larga blanca, dos pares de guantes, gafas y su máscara; luego, una especie de pasamontañas de tela blanca que le cubre la totalidad de su cabeza y solo deja una apertura en sus ojos. Adicional, debe portar una careta para ingresar, aunque su corazón no deja de acelerarse.

Desde esa cápsula de protección en la que debió meterse, se escucha: “Todo esto debemos hacerlo antes de entrar”. La imagen a continuación es la del médico dentro de una “burbuja”, revisando los signos vitales; se asoma por la puerta y le dice a Echavarría: “Sigue estable”.

El impacto de la muerte

Aunque la vida ha salido victoriosa, inevitablemente la muerte ha dejado huella. Todos en la UCI coinciden en que lo peor, o lo más duro, es la soledad en la que están los pacientes.

Es muy duro, porque las visitas o el contacto se hace a través de llamadas o videollamadas, pero no es lo mismo Intensivista Fernando Peña

Pero no es lo único que impacta, según Peña, al mencionar que ha visto a muchos jóvenes llegando a la UCI infectados, incluso sin ningún tipo de enfermedad previa, y por más que luchan la pandemia se los lleva. “Eso nos duele”, agrega el intensivista, al recordar lo duro que ha sido comunicar el deceso a un familiar mediante una llamada, sabiendo que al otro lado de la línea están quienes no pudieron acompañar a esa persona en la fase final de la vida.

Esa llamada viene acompañada de un trabajo sicológico para las familias y los médicos. Cuando del otro lado hay respuesta, el corazón se arruga, las manos pueden temblar y la voz se quiebra. “¿Aló, doctor, se está yendo, cierto?”, es la pregunta que con frecuencia hacen cuando el médico explica las complicaciones. El impacto es tanto que Francisco Molina, jefe de la UCI covid de la Clínica Bolivariana, así lo resume:

Me sé los nombres de los 27 pacientes que se me han muerto en los últimos seis meses Medico Francisco Molina

La enfermera Carreño también menciona que hay una especie de frustración que llega con la muerte, porque sigue siendo “difícil trabajar día a día y ver que fallecen tantas personas pese a los esfuerzos”. Y Echavarría remata: “Todos los días convivimos con el virus y tenemos miedo de contagiarnos”. Ella confiesa, a modo de enseñanza, que lleva ocho meses sin recibir el abrazo de sus padres y de su esposo, para evitar que la infección los soprenda. Dolor y esperanza, todo se conjuga detro de una UCI covid.

Las noticias falsas también llegan a las UCI

Al médico intensivista Fernando Peña le sucedió con dos pacientes que tuvo que atender, quienes aseguraron que al intubarlo lo dejarían morir. No obstante, al explicarles por qué debían ser intubados y con los argumentos médicos claros, accedieron y no perdieron su vida. No es el único caso que conoce EL COLOMBIANO, con versiones similares de pacientes que prefieren no recibir la atención médica por culpa de los rumores que circulan en las redes e internet. Dos gerentes de hospitales de la ciudad ya habían advertido el riesgo de este tipo de noticias, que atentan contra la ética médica al argumentar que se dejan morir pacientes. Pero también genera efectos graves en los mismos pacientes, quienes por creer en esa falsa información no acceden a consultar al médico pese a los síntomas.

El riesgo de la segunda ola covid es para todos

Lo que pasa en Francia y España es reflejo para Colombia. La tarea, dicen analistas, está en respetar las medidas de bioseguridad.

La llamada “nueva normalidad” en la que se convive con el coronavirus desde el 1 de septiembre pasado, cuando se dio pie a lo que el presidente Iván Duque llamó “aislamiento selectivo”, que básicamente fue abrir la economía y la vida social completamente, pero con protocolos de bioseguridad, sigue siendo un desafío de país. No solo por mantener las capacidades técnicas y científicas para garantizar la atención médica de quienes lo requieran, sino por la adherencia a las medidas de bioseguridad de los ciudadanos.

Así lo comprende Carlos Agudelo, epidemiólogo e infectólogo de la Clínica Universitaria Bolivariana y del hospital San Vicente Fundación de Rionegro, quien destaca que la prueba está en que, desde el 1 de octubre, la tendencia al alza en el número de casos es evidente.

En Medellín ya lo estamos viviendo y seguramente así se irá dando en otras ciudades Infectólogo y epidemiólogo Carlos Agudelo

En esta ciudad, por ejemplo, el 15 de septiembre había 55.886 casos confirmados, y el 14 de octubre ese reporte se trepó a 77.664, es decir, 21.778 positivos más en solo un mes. Agudelo lo plantea porque algo similar sucedió con el primer pico, cuando los primeros casos se detectaron en Bogotá, pero que fueron llegando a otras ciudades como Medellín, Cali o Barranquilla, al punto de que cuando llegó a Amazonas tuvo al borde del colapso del sistema hospitalaria. El día con más casos en esta zona fue el 11 de mayo, con 190 positivos y 2 muertes, situación que se mantuvo con una tendencia similar hasta el 6 de junio, cuando el reporte mostró 26 casos, y se ha sostenido con una tendencia descendente. Hasta el jueves pasado, el total de casos era de 2.757 positivos confirmados y 117 muertes.

Esta fue la primera región del país que sintió con mayor rigor el virus y en la que quedaron las dificultades del sistema hospitalario, como lo reportó EL COLOMBIANO el 3 de mayo pasado, cuando reveló que el hospital San Rafael y la clínica privada de Leticia no tenían ni camas ni insumos ni personal de salud para hacerle frente a la pandemia en ese momento. Revisando el panorama regional, la representante de la Organización Panamericana para la Salud (OPS) en Colombia, Gina Tambini, recordó en el programa Prevención y Acción del pasado martes, que en América Latina el número de contagios está sobre los 18 millones y 592 mil muertes, “lo que representa el 50% de todos los casos mundiales y más de la mitad de todas las muertes”, lo que, a su juicio, plantea una tarea.

Más gente, más casos

Carlos Trillos, médico cirujano, con maestría en epidemiología y docente de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario, quien explica que, básicamente, el aumento se está dando porque hay más circulación de personas en las calles, claramente porque ya no hay restricción, y porque se han dejado a un lado las medidas de autocuidado.

Por ejemplo, cuando el país entró en cuarentena el pasado 25 de marzo solo se tenían 470 casos confirmados y cuatro muertes, según el Ministerio de Salud. En ese momento, el ministro, Fernando Ruiz Gómez, dijo que la medida de restricción buscaba reducir la velocidad del virus y darle tiempo al país para mejorar su sistema hospitalario.

La meta inicial era duplicar las 5.346 camas de Unidades de Cuidado Intensivo (UCI), tarea que se logró el pasado 2 de octubre, al llegar a 10.693 camas UCI tras pasar 6 meses, y 23 días.

No obstante, en ciudades como Medellín, Bogotá o Barranquilla, las clínicas y hospitales ya empezaron a suspender servicios ambulatorios no urgentes, en aras de mantener el personal para atender a los pacientes covid, dado el incremento. En Antioquia, por ejemplo, este diario conoció la carta que envió la EPS Sura el pasado 13 de octubre a la red de prestadores ambulatorios e IPS para suspender temporalmente la “gestión de la demanda”, es decir, frenar los procesos que no correspondan a urgencias médicas. Según el oficio, aparecen los servicios “relacionados con la atención de la salud bucal que estén en el ámbito hospitalario” y las cirugías que puedan ocupar “una cama hospitalaria general, UCI o Unidades de Cuidados Especiales”.

Los riesgos

Hoy el mundo ve que países como España, Francia a Inglaterra están cerrando, de nuevo, algunas ciudades, con el objetivo de evitar que el aumento de casos lleve a un colapso de sus sistemas de salud, como sucedió en Italia en marzo, por ejemplo.

Ante este escenario, Trillos destaca que se deben tener en cuenta las situaciones que suponen un riesgo, más allá de la reactivación económica que también provocó un aumento en la movilidad social y estuvo acompañada de más contagios y muertes.

Para ver el reflejo de cómo se ha comportado el virus, basta con revisar la cifra de contagios y decesos de los últimos cuatro meses. El 15 de julio se reportaron 5.271 casos y en el total se contabilizaban 165.169 casos y 5.814 fallecidos; el 15 de agosto fueron 11.578 casos y 318 muertes; el mismo día, pero de septiembre, el reporte mostró que fueron 6.698 casos y 165 muertes.

Finalmente, el pasado miércoles, 14 de octubre, el Ministerio reportó 6.061 casos nuevos y 165 muertes. Al revisar los datos del Instituto Nacional de Salud el 14 de octubre pasado, se puede ver la dimensión de cómo ha ido avanzando el virus en el país, pues la cifra se trepó a 930.159 contagios confirmados y 28.306 muertes.

Por eso, destaca Trillos, hay que analizar factores o situaciones de riesgo que lleven a una segunda ola. “Por ejemplo, acabamos de pasar la semana de receso, mucho gente salió de paseo o de viaje y ese es un factor que genera riesgo”, agrega el especialista, quien destaca que hubo personas que, aunque no salieron de paseo, sí se quedaron en sus casas “haciendo eventos, fiestas reuniones y eso también aumenta el riesgo”.

Otro factor que podría representar riesgo en el que coinciden ambos analistas es el 31 de octubre, día de disfraces, pues es una fecha en la que hay un aumento en la circulación de personas y por ende el riesgo está a la vuelta de la esquina. Por eso, lo mejor es hacerse a la idea de que el tapabocas será prenda obligatoria en los disfraces, tanto de niños como de adultos.

En cuanto a Antioquia, el ministro Ruiz Gómez, durante un debate de control político en la Comisión Séptima del Senado, indicó que hay evidencia de que aglomeraciones sociales sin el debido protocolo han generado un aumento de casos. Recordó que el día de amor y amistad, el 19 de septiembre pasado, generó un aumento de casos. “Siete días después sentimos un incremento, que volvió a registrar un pico 14 días después”, agregó el ministro, quien confía en la capacidad hospitalaria del departamento para garantizar la atención de los pacientes contagiados.

Ruiz Gómez también advirtió que hay regiones que apenas están sintiendo el primer pico de casos de coronavirus, como sucedió en San Andrés hace dos semanas, cuando incluso quedó en evidencia que el hospital se inundaba con las lluvias, pero no es el único caso. En el Eje Cafetero (Caldas, Quindío y Risaralda), Tolima y Boyacá, que “venían con tasas de contagio menores” ya están registrando el primer aumento de casos.

En Quindío, por ejemplo, el aumento se empezó a notar desde el 30 de agosto, con 131 casos y cuatro muertes, al punto de que el el jueves 15 de octubre, día con más casos, se contabilizaron 439 positivos.

Ojo al reporte

Trillos recordó que lo que se está viendo ahora es una “fotografía vieja”, pues, explicó, el retraso es de dos o tres semanas, especialmente en los fallecimientos.

El ciclo de las muertes es así: la persona se infecta, hay periodo de incubación, luego un periodo de enfermedad, hasta que fallecer, y hay que sumar el tiempo del reporte y la suma de casos que se entregan cada día Médico cirujano Carlos Trillos

Por su parte, Luis Carlos Fang, especialista en epidemiología, con maestría en inmunología y docente de la Fundación Universitaria San Martín, deja claro que el riesgo de “un segundo pico” está a la vuelta de la esquina, al sostener que la situación de covid no va a desaparecer por ahora. “Como sociedad tenemos que acostumbrarnos a una nueva realidad y seguir cumpliendo con las medidas de bioseguridad. No es un tema de política, porque no puedo esperar a que el gobierno, sea nacional o local, sea el que me diga que me tengo que cuidar, sabiendo que esa opción la tengo en mis manos”.

Los analistas consideran que es poco probable que el país vuelva a cerrarse como entre marzo y abril, pero sí recomiendan que, de acuerdo con el avance del virus, se realicen cierres sectorizados, por localidades o comunas, para reducir la velocidad del contagio.

Fang, por otra parte, menciona que hay un detalle del que poco se habla y que resulta clave a la hora de evitar el contagio y es la medida más práctica en estos momentos: hacer silencio. “Si usted se queda calladito no está generando gotículas (saliva que sale de su boca) que puedan salir y tampoco estás aspirando esas gotículas de otra persona”, aunque, siempre se debe tener el tapabocas bien puesto, “no esos que uno ve cuando sale a la calle y lo llevan en la barbilla”, detalló Fang.

Los analistas destacan que el número de pruebas también es un indicador que da muestra de que se ha mejorado la capacidad de rastreo y confirmación de casos. Por ejemplo, en abril, el promedio no pasó de las 3.500 pruebas de PCR (moleculares), pero en agosto, que hasta el momento ha sido el mes con mejor indicador, el número promedio de pruebas superó las 30.000.

¿Estamos preparados?

El infectólogo Carlos Álvarez, designado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para los estudios clínicos en Colombia, acude al sentido común para frenar el aumento de contagios.

Si queremos tener movilidad, tenemos que comportarnos; que nos estemos moviendo no significa que no debamos cumplir con el autocuidado, y es en las aglomeraciones, lo que nos va a llevar a tener mayor probabilidad de contagiarnos Infectólogo Carlos Álvarez

En cuanto a la capacidad hospitalaria para garantizar la atención, hay que decir que, con haber duplicado las camas UCI se logró una meta trazada desde el inicio de la pandemia. Sin embargo, en Medellín hay dudas en cuanto a las camas reales que hay de UCI.

Según la Alcaldía, en la ciudad hay 580 camas UCI disponibles, 220 por activar y otras 200 por aprobar por el Invima, es decir, la capital antioqueña solo tenía hasta la semana pasada 580 camas UCI disponibles para hacerle frente a una segunda ola de casos de coronavirus.

Ahora bien, vale la pena recordar la advertencia que hace Álvarez, quien señala que nadie es inmune, ni los jóvenes, pues como quedó en evidencia en la crónica Las huellas que marcan el tiempo en una UCI covid, que hace parte de este especial, la muerte de personas jóvenes y sin ningún tipo de enfermedad, es lo que más ha marcado al personal de la soledad: “A pesar de que se tiene un gran número de camas de cuidado intensivo disponible en el país (10.875 hasta el jueves pasado), con personal de alta calidad, no olvidemos que 1 de cada 3 personas fallece”.

La tarea de Colombia para conseguir la vacuna covid

Johnson & Johnson suspendió el ensayo, al encontrar una “inexplicable” enfermedad en un voluntario. Le contamos cómo va el país en esta tarea.

Todo el mundo está esperando la vacuna contra el coronavirus, aunque como ya lo dijo el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, por ahora, lo más importante, es mantener las medidas básicas de cuidado: usar el tapabocas, lavar las manos y evitar aglomeraciones. Entretanto, según la OMS, en el mundo hay 29 proyectos en fase III, que es cuando experimentan en miles de voluntarios, para revisar su efectividad.

En el país, de acuerdo con el Invima, se realizan los ensayos clínicos del proyecto de vacuna de Johnson & Johnson. Sin embargo, esta sufrió un traspié el pasado lunes, lo que obligó a la farmacéutica a frenar el ensayo que realiza en Estados Unidos, Chile México, Perú, Sudáfrica y Colombia.

El laboratorio aseguró que la decisión se tomó debido a que se detectó una “enfermedad inexplicable” en uno de sus voluntarios. Asimismo, señaló que “siguiendo nuestras pautas, el evento adverso está siendo revisado y evaluado por la Junta independiente de Monitoreo de Seguridad de Datos, así como por nuestros médicos clínicos y expertos en seguridad”.

Hasta la semana pasada el ensayo se había iniciado en el país con 17 voluntarios. En Medellín no ha pasado de la fase de inscripción de quienes quieren hacer parte de este. EL COLOMBIANO habló con uno de ellos, quien señaló que no hay novedad al respecto, “mucho menos ahora con la suspensión”.

Lo mismo dijo Andrés Aguirre, gerente del Hospital Pablo Tobón Uribe, uno de los dos centros donde se tiene previsto que se realice el ensayo, quien señaló que hasta cuando se conoció la suspensión no habían iniciado pruebas en la institución. Carlos Alvarado, director médico de Janssen (propiedad de Johnson & Johnson), para Latinoamérica, precisó que todos “nuestros ensayos clínicos cuentan con lineamientos que han sido preestablecidos y que permiten que hagamos estas pausas cuando se presentan estas situaciones”.

¿Qué implica?

En estos casos, explicó Claudia Vaca, docente de Farmacia de la Universidad Nacional, se realiza un análisis de causalidad mediante el cual se revisan las condiciones de base del paciente (enfermedades) que puedan explicar o no el evento: “Se mira la relación temporal, es decir, que la reacción adversa se haya registrado después de la exposición a la vacuna o la inyección”.

La especialista agregó que en este momento también se debe revisar la plausibilidad biológica, es decir, que el evento esté asociado de alguna manera a la vacuna y se mira la relación dosis-respuesta, es decir, “que habiendo expuesto a la primera dosis y a una segunda dosis, este evento adverso haya aumentado en signos y síntomas”. Johnattan García Ruiz, magíster en salud pública de Harvard, indicó que lo que sucedió es fiel reflejo de la complejidad del desarrollo y la investigación de vacunas y resaltó que, como este tipo de estudios se hacen a través de la técnica de doble ciego, es decir que a un grupo le aplican un placebo y a otro la vacuna, aún no hay información para decir qué fue lo que produjo la enfermedad que dice el laboratorio. Con esta técnica ni el investigador ni los voluntarios saben en qué grupo están. Ambos analistas destacan que este tipo de suspensiones son normales, solo que, ahora, como todo el mundo está pendiente, se hace más público. “Las vacunas pueden tardar muchos años en desarrollarse y estamos viendo uno de los impulsos más grandes de la historia para encontrarla, pero aún estamos a muchos meses para que se logre, se valide la efectividad y eficacia con las agencias y se produzca masivamente”, agregó García Ruiz.

¿Y Colombia qué ha hecho?

El ministro de Salud, Fernando Ruiz Gómez, durante un debate de control político en la Comisión Séptima del Senado el pasado miércoles, recordó que el país está buscando acceder a la futura vacuna a través de dos mecanismos. Uno, que es el mecanismo Covax de la OMS, y el segundo, negociaciones con los laboratorios. El ministro dejó claro que el país no adquirirá ningún biológico que no cuente con los estándares internacionales que garanticen seguridad y eficacia.

“Este tema está todavía muy en construcción, de manera que lo que se está dando acá es una actualización de cómo se encuentra la estrategia actual de vacunación para el covid-19 en Colombia”.

El ministro, en las respuestas enviadas el Senado, señaló que la meta del país es llegar a una vacunación de 30 millones de personas, con una inversión estimada entre $575 mil millones y $2,3 billones”. Frente a este punto, El viceministro de Hacienda, Juan Pablo Zárate, en el mismo debate aseguró que se han apropiado unos 213 millones de dólares para este fin (alrededor de $800 mil millones), que garantizaría adquirir un primer lote de vacunas.

En cuanto se tenga una vacuna, agregó el ministro Ruiz Gómez, se harán los trámites a través del Invima, para flexibilizar la regulación y, de esa manera, el biológico llegue con más facilidad al país.

La experiencia

En este punto vale destacar lo planteado por Diego García, exdirector de vacunación del Minsalud, quien explicó que los estándares internacionales indican que la cobertura de ideal de vacuna es superior al 95 % y, en cuanto a infraestructura y logística, para el país ha sido ha sido clave que los esquemas de vacunación sean vistos como una política de Estado, lo que ha permitido que se tenga una red de frío, que es lo que garantiza que el biológico esté en óptimas condiciones antes de ser aplicada. Finalmente, el ministro recordó que la meta inicial es aplicar la vacuna a 14 millones de personas, teniendo en cuenta poblaciones priorizadas, entre las que se encuentran el personal de salud, los mayores de 60 años y las personas con enfermedades crónicas (hipertensión, diabetes, por ejemplo).

No es el único caso de suspensión de ensayos

Al médico intensivista Fernando Peña le sucedió con dos pacientes que tuvo que atender, quienes aseguraron que al intubarlos los dejarían morir. No obstante, al explicarles por qué debían ser intubados y con los argumentos médicos claros, accedieron y no perdieron su vida. No es el único caso que conoce EL COLOMBIANO, con versiones similares de pacientes que prefieren no recibir la atención médica por culpa de los rumores que circulan en las redes e internet. Dos gerentes de hospitales de la ciudad ya habían advertido el riesgo de este tipo de noticias, que atentan contra la ética médica al argumentar que se dejan morir pacientes. Pero también genera efectos graves en los mismos pacientes, quienes por creer en esa falsa información no acceden a consultar al médico pese a los síntomas.

‘Es muy probable que se piense en medidas a nivel sectorizado y no en cierres generales’: INS

Martha Ospina, directora del Instituto Nacional de Salud (INS). Cortesía de Presidencia.

Colombia está ad portas del millón de casos confirmados de coronavirus y de las 30.000 muertes a causa de la pandemia, desde el 6 de marzo, cuando se confirmó el primer positivo en el país.

Por eso, el riesgo de una segunda ola de casos, como la que están viviendo Francia o España, obligó a las autoridades de salud a fortalecer los esfuerzos de campañas pedagógicas y, a los ciudadanos, a poner en práctica a cabalidad las medidas de autoprotección: lavar las manos, usar tapabocas y evitar aglomeraciones.
En vista de que es latente una segunda ola de contagios, EL COLOMBIANO habló con la directora del Instituto Nacional de Salud (INS), Martha Ospina, para conocer cómo se está preparando el gobierno.

Cuando se mira el aumento de casos, ¿se podría pensar que el aislamiento selectivo como estrategia está fallando?

“Todas las medidas son importantes. Como también es importante mantener el lavado de manos, el uso de tapabocas y el distanciamiento social. Son las estrategias comprobadas y más efectivas. La cuarentena inicial tuvo un efecto notorio en reducir la velocidad de contagio y dar tiempo de preparación. Las aperturas tuvieron el efecto esperado: que poco a poco se fueran recuperando espacios económicos y sociales sin aumentar la velocidad de contagio. Es decir, que esa velocidad de transmisión se diera dentro de los niveles esperados y sin perder la capacidad de respuesta de nuestro sistema de salud. La falla principal se da en las medidas dentro de los hogares, con crecimiento de reuniones y fiestas sin medidas”.

Y si el país no hubiera aplicado cierres como los de marzo y abril, ¿qué habría pasado?

“Un escenario sin medidas habría llevado al colapso de la atención en salud, algo que no era un futuro deseable. Es importante entender que la pandemia sigue y las medidas de aislamiento se mantienen para las personas sospechosas y contactos de casos confirmados. El programa Prass desde el Ministerio de Salud tiene ese objetivo. Se viene haciendo, pero muchas de las medidas dependen de nosotros y están en nuestras manos. Las fundamentales y más efectivas son en las que hemos insistido permanentemente y dependen de cada uno”.

¿Ya estamos en una segunda ola de contagios?

“Con la última apertura, a inicio de septiembre, se esperaba una nueva aceleración de los contagios, ya habiendo pasado por un primer pico. Recordemos que la epidemia no ha terminado. No es una nueva epidemia. Estamos hablando de que la epidemia no ha terminado. Los nuevos casos que veamos dependerán de la proporción de población ya infectada y de la cantidad de susceptibles. Para esto se necesita conocer los resultados de seroprevalencia y continuar, como se ha hecho, el monitoreo de la velocidad de contagio con el Rt (indicador que permite conocer cuántas personas se contagian por cada positivo). Adicionalmente de mantener las medidas de protección individual y continuar con la vigilancia continua, seguimiento de casos y aislamiento efectivo”.

¿Cuáles son las regiones que generan más preocupación frente a esa segunda ola?

“En general todos los territorios son susceptibles de un incremento de casos. Ciudades como Leticia y Barranquilla se esperaría sea menor o inexistente, pero eso solo podría verificarse con los estudios de seroplevalencia ya en curso”.

En vista de que el aumento de casos se empezó a sentir desde la primera semana de octubre, ¿es posible recomendar cierres generales de ciudades o, por lo menos, sectorizados como los que vemos en Europa?

“Los cierres se necesitarían que hacer en la medida en que se ponga en riesgo la capacidad de atención hospitalaria. Es muy probable que de acuerdo con la situación particular de cada territorio, se piense en medidas a nivel sectorizado y no cierres generales. Es muy importante insistir en que mantengamos las medidas de protección individual. Está en nuestras manos”.

Créditos:

  • Directora: Martha Ortíz
  • Editora General Multimedia: Margarita Barrero Fandiño
  • Macroeditor Actualidad: Daniel Valero
  • Edición Digital: Santiago Cárdenas
  • Periodista: Richard Aguirre Fernández
  • Fotografía: Esteban Vanegas, Edwin Bustamante, Camilo Suárez y Richard Aguirre
  • Video: Juan Sebastián Carvajal, Alejandro Bermúdez y Richard Aguirre
  • Diseño web: Camilo Giraldo
  • Redes Sociales: Ana María Plata
  • Infografía y mapas: Adriana Lucía Puentes