“¡Alto, Policía!”, gritó el suboficial, y los criminales de la motocicleta giraron sobresaltados, junto a la cancha de arenilla del barrio Campoamor, en el suroccidente de Medellín.
Estaban atracando a unos universitarios que viajaban en una camioneta, y apenas alcanzaron a arrebatarles una cadena de oro, antes de sentir los proyectiles que penetraban a sus cuerpos.