El hallazgo de tres cadáveres en el norte del Valle de Aburrá, envueltos de manera similar, es el reflejo de los asesinatos orquestados por el crimen organizado, pero también de un oficio delincuencial muy poco investigado por las autoridades: el perverso trabajo de deshacerse de los cuerpos de las víctimas.
De acuerdo con investigadores judiciales consultados por Revelaciones del Bajo Mundo, los encargados de esos “trabajos” no necesariamente son integrantes de bandas, sino terceros especializados en esa truculenta modalidad, que trabajan bajo contrato.