William Bernardo Román Flórez atendió el llamado en la puerta de su casa. Dejó adentro a los familiares con los que departía y se asomó al umbral, donde un hombre lo requería.
Lo saludó con cordialidad y habló un par de minutos con él, hasta que este último sacó un arma de fuego y le disparó en la cabeza. Así terminó la existencia de uno de los líderes sociales más importantes de los últimos años en San Cristóbal, un corregimiento del occidente de Medellín.
William Román residía en la vereda Travesías, de San Cristóbal, donde lo agredieron. Foto de cortesía.
El ruido de una ventana rota y las pisadas ajenas despertaron a la familia del barrio La Independencia I, en el occidente de Medellín.
Eran las 3:00 de la madrugada de hoy cuando la casa se llenó de criminales que buscaban a John Estiven Zapata Arcila, un pintor de brocha gorda de 19 años.
Aquí está la vivienda en la cual se perpetró el ataque. El objetivo dormía en el segundo piso.
“Hay ingenuidad de parte de los delincuentes”, fue la frase acuñada por el general Yesid Vásquez Prada, para describir un truculento crimen descubierto al mediodía de hoy.
El comandante de la Policía Metropolitana se refería a la captura de un hombre de 39 años y una chica de 19, sorprendidos cuando trataban de deshacerse de un cadáver en el kilómetro 5 de la vía Las Palmas, al suroriente de Medellín.
Esta es la alacena en la cual metieron el cadáver tiroteado. Foto de Carlos Taborda.
Un horroroso crimen fue descubierto hoy en una vivienda del barrio Santa Rita del municipio de Bello, en el cual las víctimas fueron una vendedora informal de mangos y su pequeño hijo.
De acuerdo con la información preliminar del caso, el padre del niño de 8 años fue a buscarlo a eso de las 4:00 p.m., porque hace tres días no lo veía.
En esta vivienda encontraron los cadáveres enterrados bajo una capa de tierra y cemento. Foto de Edwin Bustamante.
Tres hombres fueron asesinados dentro de un hotel del centro de Medellín, en un caso al parecer derivado de las pugnas entre los combos delincuenciales del sector, autodenominados ‘Convivir’.
Sucedió a las 11:00 a.m. de hoy en el barrio Jesús Nazareno, cuando los señalados se aprestaban a salir del establecimiento en el cual se habían hospedado en la noche anterior.
En este parqueadero interno del hotel ocurrió el tiroteo, dos de las víctimas murieron aquí. Foto de Esteban Vanegas.
La banda criminal de ‘Los Urabeños’ es una de las estructuras integradas al narcotráfico más poderosas de Colombia, junto a ‘Los Rastrojos’, ‘Los Paisas’ y ‘La Oficina’.
Su influencia delincuencial va más allá de la subregión antioqueña de Urabá, y abarca territorios en el Bajo Cauca, el Nordeste, el Norte y el Occidente. También actúan en los departamentos de Chocó, Córdoba, Bolívar y Sucre. Y, este año, sus negocios y alianzas los han traído al Valle de Aburrá.
A 'El Míster' lo mataron sicarios motorizados cuando conducía por la Autopista Sur, a la altura del barrio La Esmeralda de Itagüí. Lo raro fue que él acostumbraba a andar con varios escoltas, pero esta noche iba solo. Foto de Rodrigo Martínez.
Quienes lo conocían, aseguran que él era muy precavido a la hora de moverse en la ciudad. Llegaba a su casa a diferentes horas y tomaba rutas distintas; era tan reservado, incluso, que los vecinos de la cuadra no sabían con certeza en qué trabajaba.
Por eso es que la muerte del investigador criminalístico Jaime Alberto Henao Arteaga es tan sorpresiva, máxime cuando los asesinos lo esperaban en la esquina de su propia residencia, en el barrio Manrique Central de Medellín.
El ataque ocurrió en la calle 70 con la carrera 42 de Manrique Central. La víctima murió en un centro médico. Foto de Manuel Saldarriaga.
El barrio Santa Inés de Medellín no ha tenido un solo instante de paz desde 2009 y el último episodio de violencia lo dejó aún más triste, asombrado y desangrado.
Eso se debe a la matanza de cuatro hombres por parte de sujetos que al parecer portaban uniformes de uso privativo de la Fuerza Pública.
En esta vivienda entraron los asesinos a dispararle a los inquilinos. Foto de Edwin Bustamante.
Un taxista arribó a las 10:00 a.m. de hoy a la estación Popular de la Policía, ubicada en el barrio Santo Domingo Savio de Medellín. Estaba asustado y dijo que unos tipos le habían metido un muerto en el carro.
En efecto, los uniformados revisaron la maleta del vehículo Hyundai de servicio público y encontraron un cadáver abaleado.
El taxista se parqueó junto a la estación policial, donde se realizó la inspección judicial al cadáver. Foto de Esteban Vanegas.
En tres días la violencia en el municipio de Itagüí ha puesto otro punto alto en materia de homicidios, dejando como víctimas de las balas a seis personas.
La racha comenzó a la 1:50 de la madrugada del jueves anterior (14 de abril), cuando en el barrio El Rosario asesinaron a John Jairo Arenas Restrepo, de 38 años.
En el parqueadero externo de una empresa transportadora, en la zona industrial del barrio El Carmelo, bajaron de un taxi a un hombre para matarlo.
Se criaron juntos, rieron juntos, lloraron juntos, vivieron juntos y murieron de igual manera. Lo único que no lograron hacer en compañía los hermanos Jorge Orbey y Jerson Arley Bustamante Valle fue ver crecer a sus hijos.
El primero tenía 28 años y lo apodaban ‘Polo’, el otro 25 y lo conocían como ‘Rayas’ en el asentamiento Sol de Oriente de Medellín, adonde habían llegado, al parecer, huyendo de la muerte.
Así finalizó la inspección judicial en Sol de Oriente, llena de curiosos de todas las edades.
Cinco personasacribilladas en un taxi era el presagio de otro violento fin de semana en Medellín y su Área Metropolitana, que vio correr la sangre de por lo menos 30 personas en tres días.
De nuevo la guerra entre los combos delincuenciales es el principal motivo para estas muertes en nuestra región, aunque las agresiones, como un virus incontenible, también llegaron hasta el deporte que más pasiones nos mueve.
En este taxi viajaban las víctimas del quíntuple homicidio. Foto de Carlos Taborda.
Dos matanzas, un secuestro con asesinato incluido, una balacera contra los festejantes de un cumpleaños, el ataque a un busero y un incremento del promedio de homicidios, de seis a nueve diarios, dejó este fin de semana en Medellín y Antioquia.
En la sección TESTIMONIO GRÁFICO hacemos el recuento de los hechos para que no se los lleve el viento, como a la mayoría de crímenes en nuestra región.
En esta cuadra de Guayabal sucedió la matanza. Foto de Carlos Taborda.
La criminalidad en Medellín es diferente al resto de las ciudades colombianas. La muerte parece, aunque nos duela en el alma, tan arraigada a nuestro devenir como la misma idea de ser exitosos. Es la peste, una contracultura tan fuerte que solo los abuelos, quizás, alcanzaron a disfrutar de esta urbe sin soportar la zozobra por un paisano asesinado a diario.
Miles de millones de pesos se han invertido en seguridad, en programas educativos, en estrategias para generar empleo, en infraestructura para vincular a los suburbios con el desarrollo progresista del resto de la ciudad, y hoy seguimos en la misma intranquilidad de hace 30 años. ¿Por qué?
Dos amigas adolescentes de 16 años, que llevaban una semana perdidas, fueron asesinadas y encontradas ayer en el Cerro Pan de Azúcar de Medellín. Una de ellas tenía dos meses de embarazo. Como siempre, la escena del crimen estuvo llena de niños. Foto de Carlos Taborda.
Un policía está en el ojo del huracán tras ser procesado por el asesinato de otro miembro de la institución estatal en el centro de Medellín.
El motivo de la agresión no se ha esclarecido en su totalidad, aunque se sabe que tanto la víctima como el verdugo eran conocidos.
La propia Policía hizo la inspección a cadáver, algo inusual, porque generalmente cuando hay policías involucrados es el CTI de la Fiscalía quien asume el caso. Foto de Carlos Taborda.
Un adolescente de 17 años fue capturado por la Policía, sospechoso de haber asesinado a un sacerdote católico en el municipio antioqueño de Rionegro.
El crimen que entristeció a la feligresía sucedió en las escaleras de acceso a la catedral de la localidad, en pleno parque principal. Allí estaba el presbítero de la Díócesis local Luis Carlos Orozco Cardona, de 26 años, rodeado de varias personas de la comunidad.
Al padre Luis Carlos Orozco lo mataron en el atrio de la catedral donde daba la misa.
Los matones, protegidos por la negritud del cielo, se desplazaron sigilosamente en la lancha por la represa de Guatapé. Armados con fusiles de calibre 5.56 y pistolas 9 milímetros arribaron al sector La Pradera, en la vereda El Marial del municipio antioqueño El Peñol.
Serían las 00:30 a.m. de ayer cuando tocaron la puerta de la finca. Una hipótesis preliminar sugiere que se hicieron pasar por agentes del CTI (Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía) para que los dejaran entrar.
El sitio de la masacre en Medellín es boscoso y ubicado en una zona de conflicto entre bandas. Foto de Edwin Bustamante.