El fútbol colombiano es mediocre, tan mediocre que Nacional hoy está entre los 8 de la Copa Mustang peleando el título que por justicia debería ser para el mejor del campeonato, pero que por culpa del sistema del torneo y por la pobreza mental y deportiva de los futbolistas criollos lo puede ganar cualquiera.
Nacional definitivamente ha cambiado. La mano del técnico argentino es evidente, aunque el equipo no juega bien del todo por lo menos se le ve otra cara. A los jugadores se les nota compromiso, algo inimaginable en esa nomina hace 3 meses.
A algunos jugadores se les ve una actitud diferente, pero otros no cambian. Mendoza pasó de ser un jugador sin sangre y problemático para el equipo a un estandarte importante en la defensa, a pesar de que sigue con la terca idea de cobrar los tiros libres. Estiven Vélez es más seguro en el fondo y Bahiano da equilibrio en la mitad de la cancha. Moreno es el conductor indiscutible del Nacional y Palomino es un verdadero guerrero en el medio campo.
Uno de los problemas que ha afrontado el Atlético Nacional durante los últimos torneos ha sido la ausencia, en repetidas ocasiones, de algunos jugadores por expulsión, salud o bajo rendimiento. Con la mala fortuna de que en muchos casos son jugadores imprescindibles para el equipo.
Lo vivimos años atrás con Camilo Zuñiga, Víctor Aristizábal, Chicho Serna, entre otros. Siempre el verde ha dependido de un jugador en la cancha, ya sea por su liderazgo o por el corazón que le imprime a la casaca verde. Es una consecuencia frente a la escasez de ídolos en el fútbol colombiano y en especial en Nacional.
El primer torneo donde Nacional no lució bien fue la muestra de ésto. Un equipo perdido en la cancha, sin argumentos y sin identidad. Para la era del director técnico Ramón Cabrero se ha querido conformar una nómina de primera categoría en el onceno verde, pero la duda frente al hombre que lleve la vocería del grupo aún es incierta.
Lo que se vio el pasado viernes en la noche en el Atanasio Girardot fue una pequeña muestra de la tensión que aún hay entre el grupo de jugadores, cuerpo técnico y directivos de Nacional.
Los malos resultados en casa y el mal juego del semestre pasado se suman a las impresiones que recogimos los hinchas que visitamos el Atanasio. Es cierto que con un partido no se puede juzgar el proceso que se inicia con el profesor Ramón Cabrero, pero una cosa es el trabajo que él realiza en la semana y otra es la actitud de los jugadores en el gramado, ahí exoneramos al técnico de lo que pasa.