Actualmente, la OMC se halla en el proceso de elección de su nuevo Director General. A Pascal Lamy se le acaba su tiempo y ahora dos latinoamericanos han llegado a la final en el proceso de selección de su sustituto. Herminio Blanco de México y Roberto Carvalho de Brasil se disputan el puesto más importante del comercio mundial.
¿Pero qué significa la OMC en el comercio mundial actual?
La Cátedra Abierta Gerenci@ de la Institución Universitaria CEIPA abrió sus puertas para que, en una sesión on line, habláramos sobre el tema.Para ver la conferencia completa, accedan al siguiente link: https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=xqfYy_gBmq4
Estas son las principales conclusiones de la misma:
1. La OMC ha expandido su influencia a 159 países, los cuales representan el 95% del comercio mundial; y ha bajado significativamente el proteccionismo global -los aranceles promedio mundiales se hallan por debajo del 5%.
2. Para los mercados industrializados (NAFTA, UE y Japón) y las potencias emergentes (Corea, Brasil, China, India, principalmente), los acuerdos de la OMC son el eje que guía la mayor parte de sus exportaciones.
Nota: la mayor parte del comercio de los países industrializados y los grandes mercados emergentes se rige por las reglas de la OMC (barra azul) el resto depente de TLC firmados con países en vía de desarrollo, principalmente.
3. Sin embargo, para los países en vía de desarrollo, los Acuerdos Regionales de Comercio (ARC) son la principal herramienta para abrir mercado a sus exportaciones (aunque los países dependientes de hidrocarburos y otros commodities estratégicos, no tienen barreras para sus exportaciones). Pero, muchos países subdesarrollados fincan la esperanza de aumentar sus exportaciones no tradicionales en la firma de TLC con las potencias de Norteamérica, Europa y el Este Asiático.
Nota: aunque la OMC ya reune a casi 160 naciones planeta y ha bajado los aranceles aplicados menos del 5%, en promedio, paralelamente se da una expansión de los Acuerdos Regionales de Comercio (ARC), principalmente en forma de TLC.
4. Pero los bloques regionales históricos, como la CAN, Mercosur o el Mercado Común Centroamericano, se están debilitando. Los países latinoamericanos han perdido interés en los proyectos regionales y, en cambio, han volcado sus ojos en los TLC que firman con la Unión Europea, Estados Unidos y naciones asiáticas, principalmente.
5. Pero un fenómeno objetivo explica esta dinámica. La división internacional del trabajo cada vez es más especializada. Las factorías y los países ya no se especializan en la producción de bienes, sino que hacen parte de una Cadena Global de Valor (CGV) en la que se distribuyen diferentes tareas a lo largo del planeta. Así, por ejemplo, un Ipod ensamblado en China, tiene componentes norteamericanos, alemanes, coreanos, taiwaneses y de una docena de países más. ¿Entonces, cuál es el país productor?
Nota: el Comercio Mundial de Tareas, la nueva forma de entender la División Internacional del Trabajo, significa que una mercancía es hecha para fábricas de diversos países. Ningún producto procesado es hecho totalmente en un sólo país.
6. ¿En esa CGV qué papel juegan economías como la colombiana? somos los proveedores de hidrocarburos con los que se ponen a funcionar las fábricas del planeta: los demás son los responsables del Valor Agregado.
Cuando los estrategas de una organización planean su futuro, fijan el rumbo guiados por una Visión, la cual indica el Norte de su desarrollo. La Visión es el faro que inspira las decisiones estratégicas de los directivos de una empresa. ¿Cuál es la Visión que lleva a Colombia hacia el futuro?
Internacionalización de la economía colombiana: medidas y resultados.
Hace casi un cuarto de siglo, Colombia renunció al modelo proteccionista y abrazó el proyecto neoliberal de apertura y modernización de la economía. Más allá de las presiones de organismos financieros internacionales, promotores del Consenso de Washington, hay que reconocer que el relativo éxito de los llamados tigres asiáticos inspiró a muchas naciones latinoamericanas para liberalizar sus economías.
En esta tabla se evidencia que desde finales de la década de 1980, los países latinoamericanos han venido reduciendo sus barreras aduaneras al comercio, ya sea vía unilateral -curva roja- o a través de convenios preferenciales bilaterales -líneas amarillas-. En promedio, los aranceles han bajado de 42% a poco más del 12%.
En el marco de esta estrategia, el país ha liberalizado su comercio y ha firmado una docena de acuerdos comerciales, algunos con vecinos de la región -CAN, G-2, Chile, Mercosur- y otros con mercados de otras latitudes: TLC con Estados Unidos, Unión Europea o el reciente con Corea. En esto nos parecemos a muchas naciones de la región y del planeta que han desarrollado un regionalismo abierto, fundamentalmente apoyado en la firma de TLC.
La presente tabla muestra que las exportaciones de muchos países latinoamericanos se realizan gozando de preferencias arancelarias fruto de acuerdos comerciales regionales (barra roja) o extrarregionales (barra azul).
Como resultado de esta estrategia, las exportaciones colombianas también han sido beneficiadas con preferencias aduaneras, primero con países latinoamericanos en el marco de los acuerdos subregionales reconocidos por la ALADI, y a través de preferencias unilaterales de Europa y Norteamérica (SGP y ATPDEA). En el futuro cercano estas preferencias estarán enmarcadas en los TLC recientemente firmados.
Sin embargo, tras 23 años de apertura económica un hecho relevante se presenta: la oferta exportadora colombiana no cambia, seguimos siendo exportadores de commodities, sin valor agregado. El proceso de apertura económica no se ha traducido en una modernización evidente del sector industrial, lo que se notaría en una diversificación y sofisticación de la oferta exportadora colombiana.
A pesar de las preferencias arancelarias, Colombia sigue siendo un exportador de combustibles (carbón, petróleo, ferroníquel), de bienes agrícolas tropicales (café, bananos) y de unas pocas manufacturas de baja complejidad tecnológica (confecciones). De hecho, el peso significativo de las manufacturas en las exportaciones sólo es evidente en el marco del mercado andino. ¿Por qué no se ha dado la transformación económica?
¿Dónde se embolató la receta?
Cuando miramos casos exitosos como los de Corea o de sus vecinos asiáticos, encontramos que los resultados han sido más que evidentes: diversificación de su oferta exportadora, agregación de valor a sus bienes y servicios, crecimiento significativo de sus exportaciones y del PIB per capita, caída en los niveles de pobreza, entre otros. Chile, nuestro vecino, con resultados menos asombrosos pero que van en la misma dirección, ha reducido su dependencia de las exportaciones de cobre, y ha ganado mercados importantes en Asia y Latinoamérica, además de incrementar sus ventas a Europa y Norteamérica.
Tanto en el caso asiático como en el chileno, el Estado no ha renunciado a su rol director de la economía, implementa políticas fiscales enfocadas al estímulo a la inversión, la innovación, el desarrollo tecnológico y la investigación. Además, son crecientes los recursos que utiliza para fortalecer las capacidades productivas: educación, infraestructura, capacidades científicas y tecnológicas, etc. O sea, las razones de su éxito no se reducen a la firma de acuerdos comerciales.
La formación bruta de capital fijo es la creación de capacidades para aumentar y diversificar la producción: nuevas industrias, infraestructura, tecnología, etc. Chile es un país que desde hace más de 20 años viene dedicando más de 1/4 de su PIB a formación bruta de capital fijo.
En Colombia no surgen nuevas industrias, los recursos para Colciencias son limitados, además de los problemas de gestión que aún vive, en Colombia no se patenta, la cobertura educativa sigue siendo baja, se tienen grandes problemas de vías terrestres y de puertos, además de una ausencia de opciones ferroviarias y fluviales. Pasados más de 20 años desde el cambio de modelo, Colombia no tiene nuevas industrias, el país sigue dependiendo de hidrocarburos, de café, de flores, de bananos y de una industria liviana tecnológicamente poco desarrollada.
En la cadena global de valor, donde la producción de bienes conecta a fábricas de países de todo el mundo, distribuyendo tareas de diversa complejidad, Colombia participa sólo en las puntas: de un lado, abastecemos de combustible a las fábricas asiáticas, europeas y norteamericanas y, del otro, ensamblamos productos de baja tecnología, vendiéndoles nuestra mano de obra barata.
En ejemplos más complejos que el que veremos a continuación, hay grandes oportunidades para empresas que incursionen en procesos tecnológicos apoyados en estrategias de innovación y de investigación. En estos eslabones de la cadena es que debemos incursionar si queremos, realmente, superar los niveles de pobreza y ausencia de oportunidades para gran parte de la población:
El comercio mundial de tareas representa casi el 50% del intercambio de mercancías y servicios entre el Este Asiático y las empresas de Europa y Norteamérica. Si un producto tan simple como éste requiere la participación de fábricas de 6 países, entonces, mayores oportunidades existen en la cadena global de valor de aeronaves, TIC, agroindustria, biotecnología, entre otros.
La firma de TLC y la apertura unilateral de comercio son parte de una estrategia que no nos llevará muy lejos si no la complementamos con acciones contundentes para fortalecer nuestra capacidad productiva: infraestructura, educación, desarrollo, investigaciones, innovación y emprendimiento, principalmente.
El Centro de Estudios Superiores de Entre Ríos (CESER), Argentina, en la ciudad de Paraná, me ha invitado a su Cátedra Abierta Raúl Cane, para que exponga las ideas surgidas de la investigación que realizo sobre el Sistema Multilateral de Comercio y su relación con el auge de Acuerdos Regionales de Comercio, fenómeno conocido como Regionalismo Abierto.
La base de la exposición se centrará en los principios históricos y teóricos que dieron origen al GATT y que, posteriormente sirvieron de base para la creación de la OMC: Comercio Sin Discriminación (fundamentado en la Cláusula de la Nación Más Favorecida -NMF- y en Trato Nacional -TN-); y Base Estable para el Comercio, apalancada en la Consolidación Arancelaria. Estos principios, se asume, buscan un comercio global transparente y con reglas claras y equitativas.
Sin embargo, por décadas han surgido los Acuerdos Regionales de Comercio -ARC-, los cuales aparecen como excepciones válidas al principio de Comercio Sin Discriminación. Dichas excepciones se han ido masificando, han dejado de ser una dinámica de vecinos como la Unión Europea, el Mercosur o la CAN para pasar a ser un spaguetti bowlque conecta economías de diferentes latitudes del mundo: TLC de Estados y de la Unión Europea con países de todos los continentes. En otras palabras, surge la primera duda: ¿esta integración ha dejado de ser regionalismo?
Por último, las evidencias empíricas permiten, adicionalmente, hacerse dos preguntas trascendentales:
1. ¿Está el Regionalismo Abierto reemplazando a la OMC como ente rector del Comercio Mundial? y;
2. ¿El spaguetti bowl de acuerdos interregionales afecta a los bloques subregionales como la CAN o el Mercosur, los cuales no logran profundizar su integración?
Este martes 15 de mayo de 2012 es “quincena” para los exportadores colombianos, el TLC con Estados Unidos entra en vigencia y con éste, una lista importante de posiciones arancelarias queda exenta indefinidamente de gravámenes para ingresar al mercado norteamericano. Algunos productos serán beneficiados por primera vez mientras otros conservarán la franquicia de la que ya gozaban con el ATPDEA. Pero hoy quiero llamar la atención sobre la verdadera dimensión del TLC para los exportadores, puesto que esta oportunidad ni es Maná caído del cielo, ni equivale al único mercado potencial para nuestras ventas al exterior.
1. El TLC en el spaguetti bowl del regionalismo abierto.
Para empezar debemos entender que el tratado que entra en vigencia este mes de mayo no nos da una preferencia, sino que nos quita una desventaja que teníamos frente a competidores directos que ya gozaban de exenciones en el mercado de Estados Unidos. Antes que los productos colombianos, los de México, Centroamérica, El Caribe, Chile y Perú, habían sido beneficiados con acuerdos comerciales semejantes.
Lograr la apertura del mercado norteamericano básicamente sirve a algunos productores colombianos para que compitan en igualdad de condiciones con exportadores de otras latitudes que ya venden desde hace varios años con franquicia a este mercado. Para otros sectores (textil-confección, por ejemplo) el TLC es el aseguramiento de beneficios aduaneros con los que ya se contaba desde 2001 a través del sistema de preferencias unilaterales ATPA/ATPDEA. La reciprocidad que exige el TLC debe ofrecer mayores garantías para los inversionistas, quienes pueden sentir la tranquilidad de que las franquicias concedidas serán estables y no sujetas al vaivén del debate político en Estados Unidos, como sí sucedía con el ATPDEA.
Pero, el “plato de spaguettis” en el que se ha convertido el Regionalismo, lleno de tratados comerciales Norte-Sur y Sur-Sur, implica que entendamos que Colombia tiene intereses presentes y potenciales en otros mercados: somos integrantes de la CAN con importantes compradores en Ecuador, tenemos un G-2 con un creciente mercado en México, hacemos parte de un acuerdo presto a entrar en vigencia, CAN-Mercosur, con un enorme Brasil que consolida el segundo mercado más grande del continente. Adicionalmente, estamos próximos a inaugurar un TLC con la Unión Europea, el cual complementa acuerdos vigentes con Chile y con los países centroamericanos del triángulo norte. Para rematar, las negociaciones con Corea, Japón y próximamente China, amplían posibilidades en el mercado asiático. China es el gran exportador del mundo y eso lo convierte en un enorme y creciente comprador. ¿Qué vamos a venderle al mercado más atractivo de las próximas décadas?
2. ¿Qué vamos a exportar en el marco del TLC y demás acuerdos comerciales?
Este es un punto significativo y crítico. Las exportaciones colombianas, por décadas, han contado con preferencias para ingresar a los mercados más importantes: Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, las cifras no han sido las mejores. A pesar de las preferencias del ATPA/ATPDEA y del SGP a productos manufacturados principalmente, Colombia sigue dependiendo de las exportaciones de combustibles y algunos otros commodities que tienen pocas restricciones de importación. Ni la apertura económica (desde 1990), ni las preferencias unilaterales (SGP y ATPA/ATPDEA) han servido para lograr que la economía colombiana diversifique su potencial exportador.
Las cifras son relevantes, no solamente dependemos de las exportaciones de bienes sin procesar: 70% de nuestras ventas son de café, petróleo, ferroníquel y carbón, siendo el crudo y algunos derivados el 49% del total de las exportaciones, sino que las ventas al extranjero de bienes manufacturados se componen, principalmente, de productos de bajo nivel de complejidad, por lo tanto, poco valor agregado y, en consecuencia, baja cotización en los mercados internacionales. Menos del 2% de nuestras exportaciones se componen de productos de Alta Tecnología. Y esto no va a cambiar ya que somos un país que no patenta, que no investiga y que invierte poco en ciencia y tecnología (0.3% del PIB) si nos comparamos con países que avanzan como Brasil y Estados Unidos, los cuales dedican 1.4% y 2.8%, respectivamente.
3. A modo de reflexión final:
La importancia que pueda tener el TLC con Estados Unidos para las exportaciones y la inversión dependerá en gran medida de la capacidad de gestión de los empresarios y de la diligencia del gobierno colombiano para subsanar las deficiencias que en materia de infraestructura y legislación se deban abordar para crear unas condiciones que permitan realmente aprovechar las ventajas aduaneras que se crean. Sin embargo, el potencial de ese mercado en el largo plazo, no se podrá aprovechar sino se invierte en calidad en la educación, desarrollo científico y tecnológico, innovación y emprendimiento. Y esta tarea no es del gobierno sino de la articulación Empresa – Estado – Academia. No vamos a patentar, ni a exportar productos de Alta Tecnología en el corto plazo, ese es un hecho; pero si no se toman decisiones ahora, entonces, el TLC será un canto a la bandera porque seguiremos vendiendo café, petróleo, bananos, flores y algunas prendas de vestir.
Los acuerdos firmados y en proceso de negociación, a la par de las cifras, demuestran que Estados Unidos no es nuestro único mercado de interés y que hay regiones a las que se les debe dar igual o mayor importancia: Mercosur, China, México, Ecuador, Unión Europea, Sureste de Asia, etc. No olvidemos que por años nuestro principal comprador de manufacturas fue Venezuela y que, en la última década sólo 10% de las exportaciones a Estados Unidos se beneficiaban del ATPDEA. Así que es posible que en América Latina y otros mercados emergentes -China, India, Suráfrica- se hallen los potenciales compradores para sustituir en el corto plazo al vecino país, en lugar de concentrarnos en un mercado norteamericano más exigente y que en la actualidad apenas trata de salir de una recesión.
Desde el mismo momento que las negociaciones del ALCA se congelaron, el gobierno nacional declaró como estratégica la firma del TLC con Estados Unidos. Luego de muchas mesas de negociaciones y en un ambiente de debate nacional, se gestó el acuerdo hace ya cinco años. Entonces, todos éramos conscientes de la importancia de estar preparados:
1. para que los sectores ganadores pudieran aprovechar las nuevas oportunidades del mercado norteamericano
2. para que los sectores frágiles pudieran ajustarse a los nuevos retos y enfrentar a nuevos competidores.
Por ello, se acuñó el concepto AGENDA INTERNA. Una agenda de prioridades en diferentes frentes para preparar la economía colombiana en lo jurídico, infraestructura, investigación y desarrollo, seguridad, entre otros.
Sin embargo, hoy se reconoce que dicha agenda descansa en el congelador. Según Hernando José Gómez, negociador en jefe del TLC y hoy director de Planeación Nacional, el sector público y el sector privado se cansaron de esperar. El aburrimiento de nuestros empresarios y gobernantes nos ha costado un lustro.
Esta pérdida es increible, ya que, si se firmó el acuerdo fue con la convicción de que, a pesar de los tropiezos, éste sería ratificado. Pero, tal vez, lo más preocupante es ver que la agenda se congeló a pesar de que se seguían firmando acuerdos con la Unión Europea, Mercosur, Centroamérica, entre otros.
Es innegable que Estados Unidos es nuestro principal socio comercial, pero también es un hecho que nos hemos estancado como un país exportador de commodities, sin lograr abrir de manera importante mercados para nuestras manufacturas y servicios. O sea que más que el TLC con Estados Unidos, lo que está en juego es nuestra política comercial al mundo, la cual debe dar un giro de 180 grados para transformar nuestra oferta exportadora hacia sectores procesadores de materias primas y servicios de alto valor agregado. Si bien el TLC con Estados Unidos se enredó, otras puertas se abrieron y, además, la crisis de relaciones con Venezuela obliga a una estrategia agresiva de búsqueda de mercados para nuestras manufacturas, ya que, como se ha enfatizado en LA CAJA REGISTRADORA, el país vecino era casi nuestro único cliente para este tipo de bienes:
Aunque Venezuela aparecía como nuestro 2do cliente para 2009, era el primero en materia de manufacturas. Con su salida de la CAN, esas exportaciones han perdido mercado y Venezuela dejó de ser un comprador importante desde 2010. Hay que buscarle un mercado sustituto.
Por lo tanto, la Agenda Interna no puede ser la respuesta a un TLC en particular, se debe tratar de una Hoja de Ruta para redireccionar la economía colombiana para competir en un mercado global. La bonanza de commodities que estamos viviendo desde hace algunos años es una oportunidad, cuyos recursos se deberían dirigir fundamentalmente hacia los temas claves de dicha Agenda:
Infraestructura: es claro que el transporte terrestre en Colombia, desde los centros industriales hasta los puertos, es sumamente costoso. Por ello es prioritario construir, ampliar, dar mantenimiento a las vías y elevar su seguridad; además de protegerlas del deterioro por temporadas de lluvias -aquí juega un papel fundamental el Ministerio del Ambiente-.
Igualmente, en materia de transporte marítimo, el escenario no es el más alagueño. En los mejores años de crecimiento económico en la primera década de este siglo, se evidenciaron problemas de capacidad para movilizar carga. Fueron frecuentes los casos en que nuestros exportadores no encontraron espacio para sus contenedores en buques que llegan a los puertos colombianos después de haber cargado en otras naciones del subcontinente. Tal vez es hora que los inversionistas vean la posibilidad de crear una nueva naviera colombiana, para asegurar el movimiento de carga hacia nuestros crecientes mercados.
Aduanas: la firma de TLC incluye contingentes -restricciones cuantitativas-. Ello implica que la DIAN debe proteger a los agricultores colombianos, de modo tal que se cumpla lo acordado en materia de cuotas, en temas relacionados con leche, arroz, carne, maíz, principalmente. Este tema también es relevante en otros acuerdos como el del Mercosur y la Unión Europea. Con la DIAN es necesario fortalecer, además, las instituciones especializadas en controles técnicos, veterinarios, sanitarios, fitosanitarios y ambientales. Hoy el comercio mundial no es sólo un tema de aranceles y licencias de importación.
Investigación y Desarrollo: en esta temática se han tomado decisiones pero somos lentos. Si bien el sistema educativo se ha transformado en los últimos años, es evidente que los mayores logros se han dado en materia de ampliación de cobertura y en menor medida en calidad. Aunado a ello, el país no despega en lo referente a patentes, innovaciones, desarrollo y emprendimientos. Aquí también hay un rezago notorio en temas ambientales. El comercio mundial cada vez será más exigente en materia de insumos naturales, procesos de producción limpia, embalajes y empaques no contaminantes, etc. Hay mucho que innovar en este ámbito.
Las cosas hay que decirlas, los presupuestos del Estado y de las empresas siguen siendo pequeños en materia de I+D. Colciencias apenas comienza a mostrar liderazgo, y el sistema educativo sigue relegando el estudio de la matemática, la física, la química y las ciencias naturales, disciplinas fundamentales para preparar personas que puedan participar en el desarrollo de nuevos productos, servicios y procesos.
En síntesis, el embolate en el que anda la Agenda Interna es un fiel reflejo del cortoplacismo que caracteriza al liderazgo nacional. El Estado y el sector empresarial no han hecho la tarea, ahora nos tocará habilitar para no tener que repetir…la década.