Colombia necesita un crecimiento sostenido del 7% anual ¿Qué hacer?

La ortodoxia macroeconómica colombiana.

En análisis de política macroeconómica hay dos indicadores que dan cuenta del éxito de una gestión pública: la estabilidad y el crecimiento. Es reconocido, al menos en los organismos multilaterales, que las autoridades económicas colombianas (léase Banco de La República, Ministerio de Hacienda y Planeación Nacional) manejan una cierta ortodoxia a la hora de tomar decisiones macroeconómicas: tanto monetarias como fiscales. Ello explicaría que, en décadas, nuestro aparato productivo no hubiese sufrido profundas o extendidas recesiones y que nuestra moneda no fuera víctima de procesos de hiperinflación.

El tener una inflación controlada (aunque tuvimos picos del 30% a finales de la década de 1980) y haber alcanzado lustros sin recesión (salvo contadas excepciones como en 1999 o en 2008), son evidencias para los inversionistas que éste es un país con estabilidad macroeconómica.

Sin embargo, las tasas de crecimiento económico del último medio siglo dejan mucho que desear. Con contadas excepciones -2007, por ejemplo-, Colombia ha sido un país con crecimiento que oscila entre el 2 y el 4%, lo que es un resultado muy poco significativo frente a un país que pretende abandonar el subdesarrollo.

Ya se ha vuelto recurrente permitir que nos denominen “economía emergente”. Nada más alejado de la realidad. Emergentes son los coreanos, los taiwaneses, los chinos o los indios; países que dan cuenta de tasas de crecimiento elevadas y sostenidas en el mediano y largo plazo. Así, por ejemplo, según el Banco Mundial, entre 1961 y 2016 el crecimiento promedio de Corea del Sur fue de 7.5 % con un máximo de 14.83 % en 1973. No hay mucho que decir del PIB chino, el cual, a lo largo de 30 años ha tenido tasas de crecimiento superiores al 6%, teniendo picos hasta del 12%. Hoy que el coloso asiático anda desacelerado, tiene tasas superiores al 6%.

No hay una “regla de oro” pero en 2013 el Banco Mundial señalaba la necesidad de alcanzar un 7,5% anual para eliminar la pobreza absoluta en 2030 en América Latina. ¿Qué debemos hacer para lograrlo?

¿Estimular la oferta o dinamizar la demanda?

Este es el debate histórico de las dos corrientes dominantes en materia de política económica a lo largo de dos siglos. Para los ofertistas, la estrategia para garantizar un crecimiento sostenido se halla en las políticas que reduzcan los costos de producción: salarios controlados, reducción de parafiscales y costos laborales de horarios nocturnos, contracción de la tasa impositiva al capital, entre otros.

La tesis de esta corriente de pensamiento consiste en señalar que si a los empresarios se les abarata el costo de produccion, entonces, se generará más empleo lo que dinamizaría la economía. Esto explica la actual reforma tributaria de Trump en Estados Unidos o el desmonte de los recargos nocturnos durante el gobierno de Uribe Vélez en Colombia.

Para los críticos, la evidencia empírica no es tan sólida. O sea, habría datos que señalarían que una política en esta dirección se traduce en incremento de las ganancias sin que se de una garantía de generación proporcional de nuevos empleos. Una evidencia en esta dirección es el hecho que cuando el Banco de la República reduce las tasas de interés para estimular la economía, dicha baja no se evidencia inmediatamente en el mercado, o sea, la reacción de los  bancos comerciales no es proporcional al beneficio que reciben.

La otra corriente (keynesianos) señala la necesidad de estimular la demanda como motor del crecimiento económico. Incrementar el gasto público y bajar el impuesto al consumo serían motores para que el PIB acelere su crecimiento. La tesis en este caso parte del supuesto que las familias tienen una propensión marginal al consumo la cual genera un efecto multiplicador sobre la totalidad de la dinámica económica. Esto es, si los hogares destinan el 80% del ingreso al consumo, entonces, al elevar dicho ingreso, el consumo produce un efecto multiplicador a partir del 80% del ingreso incrementado.

El cuestionamiento a esta corriente viene por cuenta de la preocupación con respecto a la inflación. Si la demanda se incrementa (más gasto público, más gasto de los hogares), se corre el riesgo de que el aparato productivo no reaccione con la velocidad necesaria, lo que se traduzca en inflación e incremento de los bienes importandos. O sea, el efecto multiplicador del aumento del consumo puede ser absorvido por el alza en los precios o terminar beneficiando a los productores extranjeros.

Estimular la productividad a través de creatividad e innovación.

El anterior debate ha sido parte de la historia patria. Con medidas ofertistas o keynesianas hemos llegado a este punto. Hoy tenemos una gran economía (la 3a más grande de América Latina) pero cada vez menos industrializada. Entonces, si la idea es erradicar la pobreza hacia el año 2030 o convertirnos en verdadero mercado emergente, también hay que pensar en cambios cualitativos:

la creatividad, la innovación y el emprendimiento deben ser la base de la generación de nuevas industrias, más productivas y de talla mundial. En tanto seamos una economía dependiente de la minería, muchas de las medidas que se recetan tradicionalmente tendrán poco impacto en una sociedad fundamentalmente urbana y en un débil sector empresarial manufacturero o agroindustrial. Si el país no se fortalece en la producción de bienes manufacturados y servicios y no explota adecuadamente su potencial rural (alimentos, materias primas, bosques, biodiversidad), la ortodoxia macroeconómica nos mantendrá en tasas de crecimiento bajas.

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generar industrias de talla mundial. El reto no es solo crecer, es necesario que el mismo sea sostenido en el tiempo. Si no leemos las grandes tendencias de los mercados globales -biotecnología, nanotecnología, cibernértica, agroturismo, etc.- los esfuerzos que se hagan por lograr altas tasas de crecimiento sostenido serán infructuosas. La riqueza no está en la exportación de café en grano o en el ensamblaje de bienes innovadores diseñados en otras latitudes.

juan valdez

buen gobierno. Está claro que si el gasto público además de estar mal enfocado es administrado con corrupción, las posibilidades de que genere efectos multiplicadores de crecimiento se reducen significativamente. Un sector público más profesionalizado (carrera administrativa por concurso) y más íntegro (sin corrupción) es una condición necesaria para que la economía tenga un mejor comportamiento. Necesitamos más Estado; esto es, un régimen donde las directrices de largo plazo sean trascendentales y sólidas, no objeto de negociaciones partidistas cada cuatro años.

Tengo la convicción que los japonesees, los suecos o los finlandeses no tienen nada especial en su genética. Son seres comunes y corrientes. Pero en sus países, las cosas funcionan, el Estado hace su tarea.

 

Nuestro presidente ideal: uno que gobierne para el futuro, no para su período.

Terminando este 2017 ya hay varios candidados que se lanzaron al agua de cara a las elecciones presidenciales de 2018. Y cada uno hace su oferta, tiene sus adeptos pero también detractores. No los vamos a juzgar en este blog. Sin embargo, quiero decirles a todos ellos que el mejor presidente sería aquel que no gobernara con vista miope.

Particularmente en materia económica ha sido evidente la improvisación y la falta de visión en los gobiernos de este país. Este es un país que cuatrenio tras cuatrenio intenta reinventarse con un proyecto improvisado sin ambiciones de largo plazo. Las evidencias más claras son las reformas fiscales -no hay presidente que no deje su huella de impuestos-, o los ministerios, especialmente de agricultura y educación, cuyas cabezas son moneda de cambio en cada crisis política.

Sin querer ser simplistas, y sin desconocer que la coyuntura siempre será un reto para cualquier gobernante, este país tiene tareas pendientes que, mientras no se enfrenten, nos mantendrán en el subdesarrollo. Necesitamos fortalecer las políticas de Estado y dejar de depender de componendas politiqueras de corto plazo.

Aquí destaco tres retos de largo plazo que si algún presidente enfrentara dejaría una huella imborrable:

1. Educación. Los esfuerzos que se han hecho han sido insuficientes. Para empezar, es necesario asegurar la alimentación, la salud, el afecto y la educación adecuada en la primera infancia; en esta edad nos jugamos la mitad de la tarea. Niños sin la nutrición suficiente ni la estimulación adecuada y oportuna tendrán muchas menores posibilidades de ser buenos bachilleres, ni qué decir, profesionales.

En la educación básica y media también hay tareas. Necesitamos que los mejores bachilleres deseen estudiar licenciaturas y hacerse maestros, que deseen prepararse para el cambio generacional de los actuales docentes. Pero no, ellos no ven en las aulas su futuro profesional, no les atrae, no les motiva, no les parece suficientemente lucrativo. Igualmente, requerimos un currículo más moderno que prepare a los estudiantes para la universidad y también para la vida adulta y responsable. Los actuales currículos enciclopédicos y anacrónicos sólo llenan de datos a nuestros jóvenes, pero no los entrenan ni los sensibilizan para que lideren la construcción de su futuro y el del país.

Y la cadena continúa con la educación superior. En la ampliación de cobertura aún hay muchas tareas, pero también en la calidad con pertinencia de futuro. Necesitamos currículos ambiciosos para una nueva gestión del campo, para proteger el medio ambiente, para innovar y para reconstruir tejido social en un país descocido por medio siglo de guerra.

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2. Pasar de una economía minera a una más moderna, innovadora y diversificada. Ya lo hemos explicado muchas veces en este blog: este es un país que se desindustrializa. Colombia hoy depende como nunca de las exportaciones mineras y, en cambio, ha debilitado su industria manufacturera y su agro.

No podemos seguir cerrando los ojos al futuro: Colombia no tiene reservas significativas de petróleo para fincar el desarrollo de largo plazo. El carbón comienza a ser vetado en grandes economías como Francia, Canadá o Alemania; ya 25 mercados importantes han colocado el 2030 como fecha límite para su prohibición. Del resto de la minería ni se hable: entre la informal y la legal están deteriorando las cuencas hídricas y están afectando las tierras cultivables.

Para diversificar nuestra capacidad productiva es necesario pensar en agroindustria, fortalecer los mercados internos incrementando la interdependencia entre las zonas rurales y las ciudades; hay que focalizarse hacia la innovación, reconociendo que las inversiones en I+D tienen que dejar de ser marginales. Mientras hay países que dedican entre 1% y2% del PIB a la investigación, Colombia apenas alcanza el 0.25%. Y aquí hay que conectar al sistema educativo con el aparato productivo.

La economía extractiva y rentista no tiene futuro. El medio ambiente ya nos está pasando factura, a la vez que las economías más exitosas (las que crecen y distribuyen más riqueza) se focalizan en la innovación y la agregación de valor.

3. Primero el ser humano. A las políticas económicas hay que darles un viraje de 180%. Qué la inflación preocupe más que el empleo, qué nos focalicemos en el crecimiento del PIB más que en el desarrollo socio-económico; o que queramos resolver con subsidios inviables las necesidades fundamentales de la gente (salud, educación, vivienda, etc.) son clara evidencia de que estamos confundidos en nuestras prioridades.

Empresas formales y empleos formales son una receta mágica para atender la gente y viabilizar sistemas como el de salud o el de pensiones. Son las personas trabajando y bien remuneradas una prioridad para resolver varios de los problemas estructurales de la economía colombiana. La informalidad laboral , los bajos salarios y el desempleo son razones de primer orden para explicar la crisis de las EPS, el ruinoso costo del Sisben y la deprimente realidad de que la mayoría de los colombianos en edad de retiro no recibirán mesada de jubilación en los próximos lustros.

La economía tiene sentido si está al servicio de la gente; a la vez que es la gente la que hace realidad el desarrollo económico. Hay que invertir en y para la gente. Eso no es difícil de entender.

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Tal vez en una época de redes sociales y de apariencias estos retos no estarán en la agenda de los gobernantes, ya que sus resultados no se verán en el corto plazo y ni darán rédito político (léase votos). Así, por ejemplo, si un gobernante quiere que Colombia mejore sus resultados en las pruebas PISA, entonces sabe que deberá invertir en primera infancia para que se obtengan éxitos 15 años después. ¿Quién se atrevería?

Un verdadero estadista será aquel que vea a Colombia con ojos de futuro, no con cálculos electoreros.

 

 

 

Algo va de Catalunya a la disolución de la URSS.

En el año en que España vive el episodio más real de separatismo desde que se reinstauró la democracia en la década de 1970, también se conmemoran 100 años de la creación del, otrora, país más grande del mundo, el cual no alcanzó a vivir siquiera 75 años.

¿Por qué los países se dividen?

Yugoslavia, Etiopía o Checoeslovaquia fueron casos concretos de división de estados nacionales en el siglo XX. Pero hay otros fenómenos latentes en Bélgica, Italia, España, Canadá y en las naciones donde viven los kurdos.

Sin embargo, cada caso tiene su propia historia. Algunas secesiones se dieron cuando naciones existentes (con identidad cultural, económica e histórica) hacían parte de Estados más grandes donde se asfixiaba su identidad nacional. Probablemente esto explique la separación de la república Checa y Eslovaquia, o tal vez sea el caso de las naciones balcánicas que se habían organizado como Yugoslavia al desaparecer los grandes imperios al final de la primera guerra mundial; pero que se separaron después de un sangriento “divorcio”.

Geopolíticamente hablando, estas separaciones lograron cierta legitimidad internacional, la cual se fundamentó (o excusó) en la reconocida identidad nacional de los territorios que se separaron.

 

El aún inexplicable caso de la implosión de la URSS.

El caso de la Unión Soviética no es tan simple. Tal y como lo argumenté en un artículo que escribí hace varios años durante mis estudios en Argentina, la implosión de la URSS es compleja, ya que, si bien el país se conformaba por 15 repúblicas, de las cuales algunas tenían una clara identidad nacional (Estonia, Letonia, Lituania, por ejemplo), otras poseían una historia más compleja: una Ucrania culturamente dividida (un Occidente católico y ucraniano-parlante enfrentado a un Oriente ruso-parlante y ortodoxo) o las repúblicas del Cáucaso, creadas artificialmente por el gobierno bolchevique de Moscú en la primera mitad del siglo XX.

Tal vez pocos discuten por qué el partido comunista perdió el poder en ese enorme país o por qué todas naciones de la exURSS abandonaron el socialismo y transformaron sus sistemas, social, político y económico en democracias liberales y mercados capitalistas. Sin embargo, no es claro por qué un país conformado por territorios que por siglos estuvieron unidos, se desmoronó.

En este caso, mi hipótesis, -ver artículo- es que se dio una combinación de factores: nacionalismos en algunos casos -los bálticos, por ejemplo-, antipatía hacia las élites rusas que gobernaban en diferentes regiones de la URSS -las cuales pasaron a ser minorías étnicas en cada nuevo país- y la necesidad de élites locales de controlar sus mercados, incluído el político.

¿Por qué la complejidad del caso de Catalunya?

En otro estudio que hice hace varios años, -ver artículo- señalé la contradicción dialéctica que se presenta entre la globalización y la descentralización (o, incluso, separatismos). El caso de España cabe dentro de esta reflexión.

España es un país conformado por regiones autónomas, con una legendaria historia de unidad territorial -siglos-, a pesar de que en varias de aquellas se tiene una lengua propia. España es multicultural, eso no se discute. De hecho los vascos tienen una identidad cultural con significtivas diferencias con respecto a las demás regiones, cuyas lenguas tienen el mismo origen: son lenguas romances.

Pero, la otra categoría que marca la evolución del estado nacional en las últimas décadas es la globalización. Esta última genera un cambio en el ejercicio de la soberanía por parte de los estados. Para España este fenómeno es particularmente evidente en las últimas tres décadas desde que ingresó al bloque europeo, el cual se caracteriza por un proceso gradual de supranacionalidad por el cual la Unión Europea asume funciones que anteriormente ejercían los estados nacionales; como es el caso de la soberanía comercial, la monetaria y, en parte, la fiscal. O sea, los estados miembros de la Unión Europea renuncian a parte de sus funciones soberanas en favor del bloque.

Bajo este contexto es que se nace la pregunta ¿por qué se separan los catalanes? no tienen una historia de identidad nacional que les preceda, por lo menos durante siglos; tienen una fuerte interdependencia económica con las demás regiones de España y, además, quieren ser parte de la Unión Europea. O sea, ¿se separan de España para unirse a la Unión Europea y convertirse en socios de España?

ingreso a la zona euro

Como se puede ver, no es fácil de entender este caso de separatismo. Sin embargo, a riesgo de reducir el tema, no se puede negar que en España se mantiene viva la discusión por la necesidad de ampliar la autonomía en el marco de un proceso histórico de descentralización del país.

La autonomía fiscal aparece en el orden del día de las relaciones entre Madrid y las regiones autonómicas de España. Este tema, que como todo proceso de descentralización es una manera de hacer más real la democracia en tanto se acercan las decisiones mayores al constituyente primario, también es un mecanismo para fortalecer la convivencia entre las élites centrales y las regionales.

La anterior explicación sirve para entender, al menos parcialmente, cómo el separatismo catalán en tan sólo unos años logró poner en jaque la soberanía española, algo que no alcanzaron los vascos -con una combinación de formas de lucha- a lo largo de décadas.

A modo de conclusión.

Los separatismos no tienen explicaciones unidimensionales. Son complejos. Cada caso tiene sus propias razones e historia. La identidad nacional (o al menos la identidad local) se combina con los interese de élites para argumentar un proceso separatista, a pesar de los costos que genera la incertidumbre del cambio.

Sin embargo, es evidente también que las democracias maduras tienden a ser descentralizadas como un mecanismo que hace más real la participación del ciudadadano en las decisiones que le son importantes.

Seguramente con la aplicación del artículo 155, el gobierno de Rajoy logrará detener, al menos temporalmente, este intento separatista. Pero las huellas que este proceso dejará en las presentes y futuras generaciones no sabemos que tan profundas serán. O sea, seguramente en el campo jurídico se socava la independencia, pero en el político “el fuego seguirá quemando el bosque.”

En consecuencia, ya sea por identidad nacional o por negociaciones de élites, el futuro de España está atado a una revisión de su constitución, particularmente en aquello que tiene que ver con las autonomías locales.

La globalización es compleja: los países se unen entre ellos -o al menos sus mercados- mientras sus hilos internos se descosen.

 

 

 

Pronóstico muy conservador para la economía colombiana 2018.

1. Factores críticos de la economía colombiana:

  • El comportamiento de la economía global, la dependencia de exportaciones de commodities (hidrocarburos) y la desindustrialización histórica conllevan que la economía colombiana se mantenga en bajas tasas de crecimiento desde 2014.
  • El consumo de los hogares representa 3/5 partes del PIB. (Fuente: DANE)
  • La política monetaria del Banco de la República (gestionar la tasa de interés de intermediación) ha demostrado alta eficiencia en el control de la inflación (subir las tasas de interés) pero no muestra la misma evidencia en la recuperación económica (bajar las tasas de interés).
  • El desempleo estructural colombiano (alrededor del 10% de la PEA) es el doble del promedio de América Latina
  • En la última década, las exportaciones de hidrocarburos (petróleo, carbón) pasaron a representar 70% de la canasta de bienes (Fuente DANE).
  • Los bienes exportados manufacturados, con complejidad tecnológica media y alta apenas representan el 12%. (Fuente: Consejo Nacional de Competitividad).
  • La inversión Extranjera Directa –IED- llega fundamentalmente a la industria extractiva y a la banca y servicios. En menor medida a los sectores, agropecuario y manufacturero.
  • Dentro de las finanzas públicas, los ingresos derivados de la renta petrolera, representan 1/6 parte.

PIB y Demanda AgregadaFuente: diseño propio con datos del DANE.

2. Componentes relevantes del PIB colombiano.

Como se verá en el siguiente gráfico y datos complementarios, la economía colombiana es altamente concentrada, poco industrializada, y ha dejado de ser rural.

– el sector servicios representa más de la mitad del aparato productivo del país,

– dentro del sector servicios se destacan, el sector bancario y el sector de servicios personales y sociales,

– el sector manufacturero concentra en cinco industrias, más de la mitad de la producción del sector,

– en la minería, los hidrocarburos concentran el 90% de la industria,

– el sector agropecuario, de poco peso, ya no depende del café, el cual equivale apenas al 11% del sector.

PIB y serviciosFuente: diseño propio con datos del DANE

3. Dinámica de la Economía Global (Fuente: Congreso Nacional de Exportadores, memorias):

  • Fuerte desaceleración económica desde 2008, con estancamiento sostenido en la Unión Europea y Japón. Frágil recuperación de Estados Unidos y desaceleración permanente de China.
  • Caída en los precios mundiales de los commodities, especialmente hidrocarburos.
  • Participación pequeña de América Latina en el PIB global, mientras aumenta la participación del Este Asiático.
  • Crisis de los acuerdos comerciales en el mundo: Unión Europea (Brexit y Catalunya), NAFTA (Estados Unidos y México) y CAN (Colombia y Venezuela). Estancamiento de los Mega-tratados TPP y TTIP y de las negociaciones Multilaterales (OMC).

La economía global no presenta indicios de recuperación. Los pronósticos para 2018 señalan un crecimiento semejante al de 2017 (entre 3,3% y 3,8% según FMI); el cual es jalonado por los mercados emergentes y desacelerado por los países industrializados. Este crecimiento desacelerado no permite prever aumentos importantes de los precios del petróleo en 2018. El FMI pronostica que el precio del crudo se eleve sólo 2-4% en 2018 con respecto a 2017.

4. Escenarios socio-políticos para el año 2018 en Colombia:

La estabilidad política también marca el curso de la economía. En el caso colombiano, el proceso electoral será fundamental y, dentro de éste, las posiciones de los candidatos frente al proceso de paz. Para los empresarios, la clave de sus decisiones de inversión se halla relacionada con la certidumbre o incertidumbre que genere el ambiente político. Para ello, planteamos tres posibles escenarios y su relación con la incertidumbre del ambiente para los negocios:

  • Escenario 1: los candidatos favorables al SI en lo que respecta al proceso de paz obtienen la presidencia y las mayorías en el congreso. Se genera mayor certidumbre de corto plazo.
  • Escenario 2: los candidatos favorables al NO en lo que respecta al proceso de paz obtienen la presidencia y las mayorías en el congreso. Se genera mayor certidumbre de corto plazo.
  • Escenario 3: quien gana las presidenciales no logra mayorías en el congreso. Se incrementa la incertidumbre política.

El ambiente político, a medio año de las elecciones, indica que estamos más cerca del tercer escenario, esto es, el de mayor incertidumbre.

Conclusiones generales de corto plazo -2018-:

  • El año 2018 comienza con fuerte incertidumbre en lo interno y con un ambiente externo poco favorable al crecimiento económico. En consecuencia, ni el PIB, ni el empleo deben mostrar variaciones positivas relevantes. De hecho, debe ser un año de bajas inversiones, crecimiento desacelerado y estancamiento de la tasa de empleo.
  • El año 2018 no presenta factores favorables para la recuperación económica: los mercados de crudo no crecen, el precio del mismo permanece cerca a sus niveles actuales, Venezuela y Ecuador siguen siendo mercados poco atractivos y otras exportaciones que sustituyan al petróleo sólo crecerán lenta y gradualmente.
  • El mercado doméstico no crecerá en 2018, el ambiente no permite pronosticar crecimiento del empleo.
  • La ley de garantías electorales se suma al déficit fiscal como un fenómeno que mantendrá comprimido el gasto público.
  • La incertidumbre electoral, además de los bajos precios del petróleo, mantendrán bajos los niveles de inversión, al menos durante el primer semestre de 2018.

 

 

 

 

 

 

Colciencias y Publindex: ¿miden lo que se debe medir?

Los hechos:

Colciencias funge como ente rector del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación -SNCTeI-. El nombre del sistema es bastante sugestivo ya que reconoce la relación entre la ciencia pura y dura y su aplicabilidad: las soluciones tecnológicas y las innovaciones.

El papel que juega Colciencias como eje articulador del SNCTeI no está exento de debates.

Durante los últimos años se cuestionaron los mecanismos para distribuir los recursos de las regalías del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías. Bajo la lupa de los más críticos siempre ha estado la politización en el manejo de dichos recursos.

De igual manera, por años se debatió cuál sería el modelo ideal de medición del desempeño de los grupos de investigación. El nuevo modelo comenzó a implementarse en 2013 y la desazón fue mayor cuando muchos grupos “élite” bajaron de categoría bajo los nuevos parámetros. Con el tiempo, las instituciones y sus grupos se han ído acomodando; pero aún persisten debates, entre otros el de las facultades de ciencias sociales y humanas que se consideran tratadas como “de segunda mano” con respecto a las investigaciones relacionadas con tecnología e innovación. Como se preguntaba un crítico que leí:  “¿Cuál es la relevancia de un estudio sobre la literatura colombiana del siglo xix? O, ¿por qué hay que apoyar una investigación sobre el impacto cultural del grafiti?”

Por último, Publindex hace tan sólo unas semanas reportó la evaluación de las revistas indexadas. El modelo de medición ha sufrido un cambio sustancial en el cual se incluye el índice H que se construye a partir del número de veces que los artículos publicados han sido citados en toda la web. Y ahí fue Troya nuevamente: casi el 60% de las revistas que habían sido indexadas en la medición pasada fueron descalificadas esta vez. O sea, de más de 500 revistas indexadas se pasó a poco más de 240.

 

Ideas para revisar los indicadores de medición.

1. Es evidente que las mediciones que se realizan están inspiradas (¿o más que eso?) por modelos extranjeros, particularmente de los países industrializados. O sea que el síndrome de la OCDE cruza directamente nuestro SCTeI.

Las dudas razonables tienen que ver con la pertinencia. Una cosa es que los países industrializados sean un referente y otra muy diferente es que se pueda copiar su modus vivendi. No se puede desconocer la importancia de la investigación para la competitividad, ni la importancia de investigaciones basadas en métodos cuantitativos. Pero eso no quita que un país como el nuestro -o el mundo loco de hoy- requiere de más humanismo y más estudios sociales: el post-conflicto no es un tema de cálculos suma cero, es un tema de repensar el modelo de convivencia social, política y económica. Esto sólo por poner un ejemplo.

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Por lo tanto, tiene validez el cuestionamiento a un sistema global que subvalora al método crítico o a los métodos cualitativos. En esa misma dirección es evidente que las publicaciones top, llámese Scopus o Isi (Web of Science), difícilmente aceptarán un artículo elaborado bajo estos métodos o que se ocupe de temas de interés “parroquial” (país, departamento, zona, etc.).

En otras palabras, no podemos confundir referentes con modelos a copiar. Nuestros investigadores deben preocuparse por los retos de nuestro país y la región, y necesitamos modelos de medición que valoren debidamente estos aportes.

2. A la hora de medir la labor investigativa en nuestro SCTeI, el reinado lo tienen los grupos de investigación y los papers. Y yo quiero sentar bases para un debate.

Un grupo de investigación estructura su trabajo en función de líneas, las cuales son permanentes y se dinamizan a través de los proyectos de investigación, los cuales son temporales. Como resultado de las investigaciones pueden obtenerse diversos productos: artículos científicos, libros, patentes, software, prototipos, diseños industriales, nuevos materiales académicos, diseños curriculares, etc.

Vamos por partes.

a. ¿Por qué no medir las líneas de investigación en lugar de los grupos? Una línea es una categoría duradera que da cuenta de intereses sentidos de un colectivo de investigadores. O sea, si una línea responde a una necesidad social o a un problema teórico concreto, entonces, lo importante sería ver cómo dicha línea madura y avanza en la generación de nuevo conocimiento en función del reto que se intenta abordar. Yo me imagino que buscar la vacuna contra la malaria es una “tremenda” línea de investigación del científico Patarroyo y su equipo de trabajo. Estoy seguro que lo más relevante de este grupo de trabajo no se mide por la cantidad de papers publicados, sino por el grado de avance de su investigación, el cual seguramente se evidencia a través de diversas productos. Esto me lleva a la segunda reflexión.

b. ¿Por qué los grupos de investigación les dan menos importancia a otros productos, resultado de los proyectos de investigación? No tienen nada de malo los artículos publicados en revistas científicas de alto perfil. El problema que se está evidenciando es que el número de papers publicados crece pero no sabemos cuál es el grado de madurez de las líneas de investigación. De hecho, ni el sistema invita, ni la realidad empírica muestra que los investigadores estén interesados en los demás productos que se pueden derivar de proyectos de investigación. O sea, pocos grupos de investigación desarrollan software, realizan consultorías empresariales, patentan innovaciones o evidencian su participación en la generación de políticas públicas, sólo por poner algunos ejemplos.

Ya lo planteaba en un artículo anterior, este sistema de medición está convirtiendo al SCTeI  en un círculo vicioso de “escribir para citar y citar para escribir“, algo muy lejano al propósito científico de “hacer la pregunta para buscar la solución“.

Comentario final.

Hace varios años lidero el grupo de investigación Organización y Gerencia, Orygen, clasificado en Colciencias. Como todos los grupos, con mis colegas se han logrado papers publicados en revistas indexadas. Pero lo que más orgulloso me pone es que muchos de aquellos se acompañan de software, consultorías, diseños industriales, casos de enseñanza y simuladores empresariales que llegan al aula de clase o se ponen al servicio de empresarios y emprendedores. No ha sido fácil mantener esta filosofía -ha sido costoso-, pero la universidad en la que trabajo (Ceipa Business School) es consciente de que se debe hacer investigación pertinente y de impacto.

Estoy seguro que hay otros grupos con una filosofía semejante, y probablemente con muy buenos resultados de impacto; sin embargo, ésta no es la constante. Creo que debemos avanzar en esta dirección.

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