Colombia: tan cerca del mundo…tan lejos de América Latina

Hoy quiero proponer un tema, a primera vista, muy político pero, la verdad, trascendental para el desarrollo económico de nuestro país: el proyecto de integración de Colombia.

La integración económica surgió como excepción a las negociaciones multilaterales del GATT. La idea era estimular el comercio regional, fortaleciéndose las economías conectadas. Así nacieron, el bloque europeo, la ALADI o la Comunidad Andina de Naciones -CAN-. Integrarse tiene muchos matices y puede ser un proceso complejo y profundo o superficial y básico.

Superficial es la firma de un TLC, ya que lo único que se logra es la liberación -no plena- de mercados de bienes y de capitales. Complejo es el proyecto de Unión Aduanera de la CAN o el del Mercosur, ya que desaparecen las aduanas nacionales y se crea un gran territorio aduanero regional, lo que reduce los costos de transacción y obliga a la creación de una administración fiscal supranacional. Es un reto grande.

El mejor ejemplo de lo que es un gran reto es la Unión Europea: permitir el libre movimiento de trabajadores, de mercancías, de servicios y de capitales; crear políticas regionales en agricultura, infraestructura, educación, hasta llegar a tener una moneda regional: eso es todo un reto de integración.

¿A qué le está apostando Colombia?

Las evidencias empíricas muestran que Colombia no es un líder en materia de integración regional. Es notorio el interés de nuestros gobiernos y de los empresarios por los TLC con Europa y Estados Unidos. Eso no es un error. La cuestión es que estos TLC no son proyectos de integración económica, sólo son propuestas de liberalización comercial. Eso es todo. Detrás del TLC no hay un proyecto de compartir experiencias, de creación de capacidades instaladas, de generación de bienes públicos de beneficio binacional. No, sólo hay una propuesta de liberalización incompleta de mercados.

Ahora, la otra evidencia empírica es que después de muchos años de gozar de preferencias aduaneras en Europa (SGP) y en Estados Unidos (ATPDEA), estos mercados siguen siendo importantes para venderles agricultura y, especialmente productos de la minería.

Es claro que la estrategia de diversificación de exportaciones que se inició en el gobierno de Lleras Restrepo -1966-1970) dio sus frutos, estimulando a exportadores no tradicionales como los bananeros, los floricultores o los confeccionistas. Pero, 50 años después, nada nuevo ha pasado. La política exportadora colombiana y, particularmente nuestra estrategia de integración no ha creado nuevas industrias exportadoras. Hoy exportamos con el mismo nivel de transformación que hace medio siglo. Antes era el café, ahora es el petróleo acompañado de carbón  y ferroniquel. Nada ha cambiado.

¿por qué Colombia no mira hacia Latinoamérica?

Durante más de una década, Colombia tuvo un comprador importante de manufacturas: Venezuela. Este mercado natural colombiano compraba casi todos los carros ensamblados que Colombia exportaba; igualmente compraba el 50% de nuestras confecciones. Era, cuantitativamente hablando, nuestro segundo mercado pero, cualitativamente, el primero: era el mayor importador de valor agregado colombiano.

Por diversas razones, geopolíticas principalmente, ese mercado fue cerrado. Sin embargo, trajimos el caso venezolano sólo como un ejemplo. El caso es que en Latinoamérica hay mercados interesantes para manufacturas de la calidad y el reconocimiento de los productos colombianos. Confeccionistas de de ropa interior femenina y ropa casual masculina, fabricantes de electrodomésticos y productores de alimentos procesados así lo han demostrado.

La pregunta es, por qué nuestros gobernantes no toman las riendas de la CAN y lideran un proceso que permita crear plenamente la Unión Aduanera Andina. Y ésta no es una meta final. Creada la Unión Aduanera hay que pensar en liberar los mercados de inversión en la región, iniciar proyectos de infraestructura para comunicar estos mercados: hoy es mucho más facil llegar a Miami que cruzar a Perú. Igualmente hay que llegar a acuerdos sobre movilidad de estudiantes, homologación de títulos, reconocimiento regional de patentes, integración energética, etc. etc.

Y la CAN no es un fin último tampoco. El gran proyecto es la unión CAN – Mercosur. Un gran mercado que incluye a Brasil y Argentina, las dos naciones más grandes de Suramérica. No por casualidad, Brasil es un BRIC, y ambas naciones hacen parte del G-20 grupo que está tomando las grandes decisiones de la economía global.

Mirar a Sur: ¿ese será nuestro Norte?

Un hecho es relevante en la actualidad: las economías del Norte han entrado en su peor crisis desde 1930 y aún no se ve luz al final del túnel. En cambio los mercados emergentes se han robustecido y se han convertido en la locomotora de la economía mundial. Además en Latinoamérica los proyectos de integración como Mercosur y UNASUR, avanzan a pesar de nosotros. Son otros los que los lideran. ¿vamos a dejar que esta locomotora avance sin nuestro concurso?

Chile es un ejemplo interesante: tiene convenios con todo el mundo, y su comercio es diversificado: América Latina es tan importante para los exportadores chilenos, como lo es Estados Unidos. La razón: este país tiene una base exportadora diversificada: minería, agricultura, agroindustria y otros sectores con valor agregado.

Dolar barato: si un problema no tiene solución…busque otro problema

La angustia se ha tomado los mercados colombianos. El peso revaluado tiene preocupados a Tirios y Troyanos. Gobierno y empresarios no saben qué hacer ante una coyuntura tan negativa para los productos colombianos. Pero el tema se está abordando de una manera muy simplista: esperar que el Banco de la República y el gobierno tomen medidas para hacer subir el precio del dólar.

Pero, el problema no es sencillo. El dólar está barato en todo el mundo y ello responde a una situación objetiva: la gradual caida de competitividad de la economía norteamericana frente a Alemania, Japón y, especialmente, un pequeño grupo de mercados emergentes liderado por China e India. Adicionalmente, hay argumentos de coyuntural política macroeconómica norteamericana: la Reserva Federal y el gobierno de Estados Unidos están empeñados en mantener el dólar barato para recuperar empleos a través de un mejoramiento en su balanza comercial.

Adicionalmente, otro argumento simplista es que estamos asociando la tasa de cambio como una variable que afecta negativamente, de manera principal, al sector exportador, pero la realidad no es así. Es la industria nacional que abastece al mercado doméstico la que está pagando la  mayor parte de los platos rotos de la revaluación, lo que se convierte en factor fundamental para explicar la falta de empleos.

De hecho, a pesar de la queja de nuestros exportadores, las ventas colombianas al exterior crecieron entre 2009 y 2010, pasando de 32.853 millones de dólares a 39.820 millones. Entonces, si la situación es tan difícil, debido a la devaluación del dólar, ¿por qué las exportaciones crecen más del 20% al año? La respuesta es sencilla: estamos exportando commodities y éstos están viviendo una gran bonanza mundial.

No queremos con estos datos desconocer que algunos sectores manufactureros, -titanes, se les podría llamar- están siendo seriamente afectados con la tasa de cambio actual. Lo que deseamos plantear es una revisión del tema de manera estructural: llevamos dos decenios de apertura económica, y uno de los argumentos fundamentales para instaurar este modelo, en lugar del proteccionismo de mediados y finales del siglo XX, era la necesidad de modernizar el aparato productivo colombiano. Pero hoy, veinte años después, seguimos siendo exportadores de commodities.

Estos dos gráficos del Mincomex muestran que no hay manufacturas que tengan un peso significativo en el volúmen total de exportaciones (cerca de 40 mil millones de dólares en 2010). Definitivamente son los hidrocarburos y otros sectores de la minería que, aunados al café, copan el mayor porcentaje del mapa exportador colombiano. Excepto Venezuela, todos los demás mercados han sido fundamentalmente compradores de nuestras materias primas.

Pero, lamentablemente, Venezuela dejó de ser nuestro segundo mejor mercado, su participación ha caído del 15% a poco menos del 5% y su histórico segundo lugar ha sido ocupado por China, país que compra más del 6% de nuestra oferta.

En conclusión, si de exportar se trata, estamos exportando pero, en general, nuestra economía se ha estancado, no se ha modernizado y nuestro aparato productivo no ha cambiado de manera significativa con respecto al que teniamos antes de la apertura, ni de manera comparativa con respecto al de nuestros competidores. Colombia ocupa, según el Indice de Competitividad Global medido en 2010, el puesto 68 entre 139 naciones, muy por detras de vecinos nuestros como Chile, Brasil, Barbados, Panamá o Costa Rica.

Entonces, si no podemos frenar la devaluación del dólar, ataquemos las variables que si están en nuestras manos y de las cuales depende la competitividad de nuestras empresas: corrupción, burocracia e ineficiencia estatal, infraestructura, mano de obra calificada y estructura fiscal. Variables reconocidas como debilidades colombianas según el Indice de Competitividad Global.

Ampliar la cobertura y mejorar la calidad del sistema educativo, reducir la corrupción y mejorar la infraestructura vial son estrategias que reducen costos, disminuyen tiempos, ayudan a innovar, a mejorar la calidad y, por lo tanto, atraen inversión extranjera a la vez que elevan la productividad de la industria nacional. Aunque el dólar realmente está muy barato, el problema estructural de nuestra baja competitividad está en estas variables que son totalmente domésticas.

De otro modo, con dólar barato y economía no competitiva, no sólo vamos a perder nuestros mercados externos, sino incluso el doméstico.


TLC Estados Unidos-Colombia: ¿panacea o quimera?

Comencemos este ensayo contestando a la pregunta planteada en el título: el TLC con Estados Unidos no es una panacea para el crecimiento de la economía colombiana, pero tampoco se puede negar que hay sectores ganadores que se beneficiarían significativamente con  su ratificación.

Pero, todo debe tener su verdadera medida. El TLC tiene implicaciones “ofensivas” y “defensivas”. Las ofensivas tienen que ver con los sectores exportadores que ingresarán al mercado norteamericano sin el pago de aranceles. En este grupo se encuentran principalmente los rubros que durante dos décadas se han beneficiado del ATPA y ATPDEA. O sea, para estos sectores, dentro de los que se destacan los de la cadena textil-confección, el TLC es la garantía de poder entrar permanentemente al mercado norteamericano con franquicia arancelaria, y no tener que estar “mendigando” periódicamente la preferencia, como sucede actualmente con el ATPDEA. Aunque poco se puede hablar de diversificación de exportaciones, gracias a la preferencia.

Adicionalmente, esas preferencias de largo plazo tienen un costo: los sectores colombianos que pueden salir afectados por la competencia de productos norteamericanos en el mercado nacional. Tal es el caso de productos agrícolas como carne de pollo, maíz, arroz, entre otros. En este caso hay dos atenuantes de importancia: los subsidios del agro norteamericano que pueden generar competencia desleal pero, de otro lado, la gradualidad con la que se liberarán estos sectores, lo que le da tiempo a los productores colombianos para prepararse.

Adicionalmente, así como el ATPDEA no transformó nuestro país, el TLC no será una panacea. Incluso, México que lleva más de 15 años en el NAFTA es un ejemplo de lo que estamos planteando. Verdaderamente las exportaciones mexicanas se han disparado y Estados Unidos se ha consolidado como el gran mercado de los productos “manitos”. Pero, el desarrollo mexicano aún deja mucho que desear, este país se ha convertido en un gran exportador de mano de obra barata, lo que se traduce en empleos crecientes pero no muy bien remunerados.

Por lo tanto, si bien el TLC con Estados Unidos impactará de manera importante al comercio exterior colombiano, nuestros empresarios y el gobierno deben valorar también otras opciones que tenemos en la actualidad:

TLC con la Unión Europea. Europa es nuestro segundo mercado a nivel mundial y haber firmado este tratado nos coloca en igualdad de condiciones con respecto a competidores de Africa, Asia y  América Latina que ya gozaban de esta preferencia.

Acuerdo CAN-Mercosur. Latinoamérica es un mercado muy importante para el mundo. En el caso colombiano, Venezuela y Ecuador han tenido históricamente mucho peso en nuestra balanza comercial. Brasil y Argentina son dos de los mercados emergentes más atractivos del mundo y, por último, Chile es un país que tiene grandes intereses comerciales en la región. Digamos que Suramérica es el segundo mercado más importante del país austral…por algo será.

Tratados comerciales con China y demás países asiáticos: este es el coloso que más crece en el mundo. Hay que mirar hacia el Asia, que hoy maneja más del 50% del comercio mundial. Colombia debe priorizar su salida al pacífico. No sólo se trata de ingresar al APEC, en lo que está empeñado el gobierno colombiano, sino que hay que revisar nuestro plan de desarrollo con respecto al puerto de Buenaventura, al departamento del Chocó y al Darién: vías de acceso al Pacífico e infraestructura portuaria, Carretera Panamericana y Canal Interoceánico.

Para cerrar, es importante decir que el tema CAN-Mercosur debería ser mirado con mayor profundidad. La posibilidad de crear una Unión Aduanera suramericana tiene muchas implicaciones políticas y económicas. Pero, de avanzarse en esa dirección, estaremos creando un bloque suramericano con una gran capacidad de competir en los mercados mundiales. Pero, para ello, debemos mirar geopolíticamente y geoeconómicamente a nuestra región, este no es sólo un tema comercial.

Exportaciones colombianas: la brújula nos señala un Nuevo Norte.

Introducción:

Las exportaciones colombianas se clasifican en Tradicionales y No Tradicionales. Las primeras recogen fundamentalmente a los sectores de hidrocarburos y café. En el segundo  grupo se incluye el resto de sectores. Sin embargo, es evidente que el término No Tradicionales es anacrónico ya que recoge principalmente al sector textil-confección, bananos, flores, y otros de bajo nivel de agregación de valor. La categoría de No Tradicionales respondía al reto del último cuarto de siglo XX, de reducir la dependencia del café y la minería.

Oferta poco diversificada y mercados:

En la actualidad, se puede decir que Colombia ha avanzado poco en materia de diversificación de exportaciones. Según el DANE, el 52% de las exportaciones de 2009 fueron hidrocarburos y café; mientras que la mayor parte de las No Tradicionales fueron: textiles y confecciones (9,2%) banano (5,3%), alimentos, bebidas, azúcar y animales (20,7%), flores (6,8%), oro (8,6%). O sea que la mitad de  las No Tradicionales son productos de bajo nivel de valor agregado.

En nuestro informe anterior Commodities: nueva perspectiva para países no industrializados,  habíamos reconocido el potencial que representan los combustibles fósiles y los biocombustibles para nuestro desarrollo pero, es necesario hacer una lectura de un nuevo reto que enfrenta el sector exportador colombiano: el destino futuro de nuestros productos. Según el DANE, Colombia tiene una alta dependencia de tres mercados internacionales: Unión Europea, Estados Unidos y Venezuela.

Según esta tabla: Estados Unidos, Venezuela, la Unión Europea y la CAN representan ¾ partes de la demanda mundial de las exportaciones colombianas. Fuente: http://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/exportaciones/bol_exp_jul09.pdf

 

 

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Venezuela: incómodo pero necesario vecino.

Principales exportadores

No quiero hablar de política. Quiero hacer unos comentarios argumentados sobre las relaciones económicas de Colombia con Venezuela. Es necesario reflexionar sobre la importancia del mercado venezolano para la economía colombiana.

Cuando estudias el comercio exterior te das cuenta que se señala a los países del Norte  como los grandes mercados de las naciones en vía de desarrollo. Por eso, Estados Unidos, La Unión Europea y Japón se han convertido en los principales objetivos de las exportaciones de América Latina, Asia y África. Bueno, ahora China se erige como el nuevo gran mercado.

Sin embargo, todos estos mercados tienen en común que son nuestros compradores de productos genéricos, la mayoría fundamentales para el desarrollo de sus economías industrializadas: combustibles y materias primas de origen vegetal, mineral y animal. Digamos que son productos “básicos” y que, por ende, difícilmente los dejarán de comprar.

Caso contrario es lo que sucede con Venezuela. Para Colombia, los patriotas no sólo significan el segundo comprador de nuestras exportaciones, sino que eran (antes de la crisis) nuestro principal consumidor de bienes manufacturados (ver gráfico de Fedesarrollo).

Fuente: Fedesarrollo. Según este gráfico, antes de que Venezuela anunciara su salida de la CAN, la expansión de la economía colombiana, y particularmente de sus exportaciones manufactureras, se explicaría por el peso del mercado venezolano. Por ejemplo: el 20% de las exportaciones a Venezuela eran vehículos, a la vez que el 80% de los vehículos que exportaba Colombia al mundo iban dirigidos al mercado venezolano. Con las confecciones pasaba algo similar: 16% de las ventas a Venezuela eran confecciones a la vez que este país era el receptor del 50% de las confecciones que Colombia exportaba. Definitivamente Venezuela es un mercado estratégico para la economía colombiana.

En pocas palabras, Venezuela nos compraba valor agregado, o sea, productos procesados que tienen un mayor precio en el mercado, que ocupan más mano de obra y, por ende, generan más riqueza. Si miramos los mercados mundiales, notaremos que la mayor parte del comercio mundial se da entre las economías industrializadas (ver mapa del Sciences Po). Y esto no es gratuito. El comercio mundial creciente es el de productos de alto valor agregado, por ende es el de productos que se hacen con avances de ciencia, tecnología e innovación.

Fuente: Instituto de Ciencias Políticas de París – Sciences Po- El mapa muestra los 10 mayores flujos comerciales del mundo, destacándose que los primeros nueve se realizan entre Europa, Norteamérica y el Este Asiático. Sólo sobresalen, en el 10º puesto, las exportaciones de América Latina hacia Norteamérica.

Lo anterior explica que sean Europa, Norteamérica y el Este Asiático los principales exportadores del mundo. Por lo tanto, ante la crisis de relaciones con Venezuela, que ha traído como consecuencia la caída en las exportaciones al vecino país, la compensación que se ha logrado por el aumento de los ingresos por las ventas de petróleo, carbón, ferroníquel y otros commodities hacia Europa, Estados Unidos y China, no es equivalente, cualitativamente, a la pérdida del mercado venezolano.

En conclusión, la decisión del nuevo gobierno colombiano de tratar de mejorar las relaciones con Venezuela, la cual ha sido muy polémica desde el plano político, tiene asidero en la lógica económica: tener reglas claras con el vecino país para seguirle exportando e, incluso, tratar de preservar las preferencias arancelas de la CAN, -organización a la que éste país renunció-, debe ser un objetivo de las autoridades políticas y económicas colombianas, de cara a la recuperación de la economía y el empleo.

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