¿Sociedad del conocimiento o conocimiento para el bien de la sociedad?

Estoy leyendo a George Friedman, un osado prospectólogo que se atreve a delinear escenarios de futuro para los próximos 100 años. ¡Y nosotros apenas tratando de pronosticar el precio del petróleo para el primer trimestre de 2018!

La lección que tomo de este tipo de autores generalmente me lleva a conclusiones parecidas: hay que mirar el mediano y el largo plazo. Por ello, quisiera reflexionar sobre algunos determinantes de los cambios en el mediano plazo, los cuales deberían ser tenidos en cuenta para planear el destino de nuestras empresas y de nuestra vida familiar y personal.

Sociedad del Conocimiento e Inteligencia Artificial.

Cada cierto tiempo (décadas), la tecnología da saltos que, gradual o aceleradamente, transforman nuestras formas de producir, de intercambiar y de consumir. El petróleo y los autos, hace un siglo ya, cambiaron al mundo -para bien o para mal-: se abandonó al carbón, se crearon las ciudades y nos volvimos sedentarios.

En la década de 1930, la televisión llegó a los hogares de Inglaterra y Estados Unidos, a partir de ese momento, la vida no fue la misma. No sólo se desplazó a la radio, sino que la cotidianidad adquirió nuevas dimensiones. La educación y la diversión fueron empacadas en esa pequeña caja, haciendo más sedentaria aún nuestra vida y proyectando valores desde diferentes puntos del planeta.

Con la informática, la llegada del Internet y la telefonía móvil -hasta los Smartphone-, el mundo se ha encogido. Especialmente desde la década de 1990, cuando los dispositivos y el Internet se masificaron en los hogares, estamos viviendo cambios acelerados que aún no logramos procesar.

Lo primero que ha sucedido es que la forma de trabajar cambió radicalmente. Todo lo hacemos en línea, somos inútiles si no tenemos Internet, no sabemos trabajar sin un dispositivo y, además, ahora trabajamos 7/24 porque llevamos nuestra oficina en el bolsillo. Nos guste o no nos guste, esa es la realidad.

binario mundo

Pero esos cambios son sólo la punta del iceberg. El bosque de cambios que estamos sembrando apenas ha dado pequeños frutos. La cosecha que nos espera es enorme:

Los vehículos sin conductor son una realidad del presente que se expandirá aceleradamente en el futuro. Este fenómeno va a cambiar no solamente la movilidad (menos accidentes y más velocidad promedio gracias a la ausencia del factor humano) sino que también alterará el mercado laboral: el transporte público no requerirá de conductores, por ejemplo.

Analytics, minería de datos, Inteligencia Artificial. Estos son vocablos ya comunes en la academia y en el mundo empresarial. La capacidad tecnológica de recoger datos, acumularlos, procesarlos, analizarlos y deducir respuestas (propuestas, diagnósticos, recetas, etc.) alrededor de aquellos, transformará radicalmente nuestra forma de vivir y trabajar. Qué todos nuestros dispositivos se conecten entre sí, qué el refrigerador reporte cuando un producto se agota (Internet de las cosas), qué tu proveedor de películas y otros programas de diversión te haga sugerencias “a la medida” no será ciencia ficción. Es una realidad del presente.

Pero, seguramente lo más impactante será el hecho que la Inteligencia Artificial destruirá millones de empleos. Esto suena catastrófico, pero es una realidad. Así como la máquina de escribir dejó sin trabajo a los caligrafistas, el campero a los arrieros o la talanquera electrónica a los porteros de parqueaderos, todo indica que muchas funciones que hoy realizan profesionales serán ejecutadas por la Inteligencia Artificial. Todo aquello que adquiere algún nivel de rutina, es absorvido por estas “máquinas inteligentes” que procesan y analizan datos. Los diagnósticos de la medicina general, los asientos contables, la docencia magistral, la operación bancaria, el ensamblaje de bienes, hasta el acarreo urbano (drones en lugar de mensajeros) no requerirán de talento humano. La lista es más larga.

qualcomm

¿Qué hacer?

Esta pregunta se la tienen que hacer los políticos, los empresarios, los educadores y cada individuo con respecto a su vida personal y familiar.

Los políticos y los empresarios tienen que resolver el dilema que da vida a la contradicción fundamental del capitalismo, tal  y como lo explicaba Marx: el choque entre los intereses del capital y los del trabajo. Esto significa que cada empresario en particular sería muy feliz al no tener que contratar más trabajadores (menores costos laborales) pero que las agremiaciones empresariales no sabrían qué hacer ante el hecho que millones de personas pierdan su capacidad de comprar bienes y servicios. En otras palabras: ¿producir para quién? Como lo dice un clásico maestro de la economía “un robot puede producir un coche, pero no puede comprarlo“.

Los educadores tenemos que preguntarnos ¿qué debe aprender el hombre del futuro? ¿para qué los estamos formando? Como señalaba Martí, la labor de la educación es formar para la vida. Hace rato se viene cuestionando a los centros de educación por poner su foco sólo en las necesidades laborales: formar para el trabajo, no para la vida. Sin embargo, ya sea para la vida en sentido estrecho (trabajo) o en sentido amplio (el trabajo, la familia, los sueños, la estética, la ética, etc.), los currículos deben revisarse a fondo. No podemos seguir preparando personas para que aprendar a hacer lo que harán las máquinas y mucho menos para que sean espectadores pasivos del cambio (bueno o malo): ¿cómo proteger el planeta? ¿cuáles son los mayores retos de la humanidad, las prioridades? ¿qué sentido darle a la vida? Son muchas preguntas que no se deberían  delegar a las máquinas. Estos nuevos retos conllevan darle al estudiante un rol más protagónico desde el diseño mismo de los planes de estudio hasta los procesos evaluativos.

¿Y los ciudadanos? En el plano laboral la tarea es “hacerse imprescindibles” ¿Esto qué significa? es nuestra capacidad de análisis, nuestro sentido de pertenencia con la Misión y la Visión, nuestra iniciativa, creatividad y espíritu emprendedor, lo que hará que sea pertinente nuestra presencia en una organización. ¿Lo demás? para eso nos apoyaremos en las máquinas inteligentes.

procesos mecanicos

Pero ¿y nuestra vida personal y familiar? Esa es la gran pregunta. La inteligencia artificial, si no lo reflexionamos a fondo, también puede hacer artificial nuestra vida. No deseo con este último comentario desdeñar los aportes de la tecnología a la calidad de vida (salud, educación, transporte, etc.) sino que busco dejar la inquietud sobre la importancia de reflexionar los nuevos retos axiológicos de la humanidad en esta sociedad del conocimiento: revalorar la convivencia y solidaridad, dar definición al respeto a la diferencia (tolerancia), potenciar la preocupación por el deterioro de la naturaleza (agua, aire, bosques, otras especies animales).

 

 

 

Propongo reingeniería al sistema educativo colombiano: redefinirlo todo.

Se ha vuelto lugar común señalar que Colombia necesita un sistema educativo que garantice Cobertura, Calidad y Pertinencia. Bajo este slogan se han implementado programas gubernamentales para lograr que niños y jóvenes de escasos recursos puedan estudiar (Ser Pilo Paga, por ejemplo), se han creado indicadores y sistemas de medición de calidad (CNA en la educación superior)  y se ha buscado el acercamiento de las empresas a las instituciones educativas (la unión Universidad, Empresa, Estado es un ejemplo de ello).

El estribillo, aunque incompleto, no suena mal. El problema es la forma como ha sido interpretada la melodía a lo largo de las décadas. Aunque los dos últimos gobernantes han dado relativa estabilidad a esta cartera (Uribe tuvo una sola ministra y Santos en sus dos períodos lleva 3 ministras), no hay evidencias que estos 16 años de neoliberalismo económico hayan apuntado en una única dirección. O sea, cada ministra ha tratado de dejar su propia huella personal.

Sin desconocer que la consigna tiene valor (cobertura, calidad y pertinencia), voy a sugerir lineamientos necesarios para una política de Estado que se apropie de los propósitos y estrategias de la educación de Colombia, despojando a los gobernantes de turno de la iniciativa:

1. Un verdadero Sistema Educativo.

El actual sistema educativo se divide en “compartimentos estancos” que no conversan entre ellos. Desde la primera infancia hasta llegar a la formación de magisters y doctores -pasando por la básica y la media, y conectados con la formación para el trabajo y el desarrollo humano-, diferentes organismos  hacen esfuerzos deshilvanados que terminan dando resultados marginales. El sistema educativo tiene que poner su foco en “el ser“, quien desde su infancia hasta la vejez es el mismo, sólo que se desarrolla, pero sigue siendo el mismo; por ende, no se le puede seguir parcelando, haciendo que los subsistemas educativos no se guien por el hilo conductor de la persona que se forma.

Hoy la universidad se queja de la calidad de la educación media y el gobierno reconoce que no tiene los mejores profesores en la educación básica -mal remunerados, mál seleccionados, poco motivados-, y el Sena cualifica a los futuros operarios de las empresas al margen de lo que sucede en el resto del sistema educativo. Tenemos un archipiélago de instituciones educativas separados por un mar de “excusas y razones burocráticas y egoistas“.

Necesitamos un sistema educativo integrado, que garantice enlaces inteligentes entre sus diferentes componentes.

2. Formar un Ser Social para que construya un nuevo país.

No voy a cuestionar la formación por competencias. Este es un debate mayor. Sin embargo, las competencias, sea cual fuere la definición que se tome, se componen de elementos cognitivos (conocimientos), aplicados (habilidades y capacidades) y axiológicos (actitudes y valores), y la verdad es que nuestro sistema educativo sigue centrado en conocimientos y habilidades.

Algunas instituciones educativas se han quedado anacrónicas al seguir colocando el foco de su labor formativa en la “transmisión de conocimientos.” El mundo ha cambiado y los docentes ya no podemos considerarnos poseedores del saber; la llamada Sociedad del Conocimiento abrió una enorme compuerta por la cual se filtra el acervo de conocimiento de la humanidad. Por ende, los maestros estamos llamados a “dar método“, esto es, a ofrecer caminos para que los estudiantes busquen, seleccionen, procesen y construyan nuevo y pertinente conocimiento.

que como cuando donde

En este proceso evolutivo, algunas instituciones educativas creen que su propósito mayor es “formar para dar empleo o para crear empresa“; en otras palabras, estamos evadiendo la responsabilidad social al reducir el futuro de las personas a sus necesidades materiales, las cuales se satisfacen a través del aparato productivo. Somos mucho más que potenciales trabajadores o empleadores: somos seres sociales que necesitamos desarrollarnos íntegramente para hacer un aporte a los retos que en su momento histórico enfrenta “la vida“.

Digo “la vida” y no la sociedad para extender nuestro compromiso a todas las especies vivas del planeta. Hoy más que nunca hay que hacer dicha extensión de propósitos. Necesitamos un niño y un joven que crezcan con los valores de su responsabilidad social y ambiental, con su compromiso por el respeto a la vida, con el valor de la tolerancia y el respeto a la diferencia, con una actitud creativa y proactiva frente al futuro complejo e incierto.

Si la corrupción es un problema medular de nuestra sociedad, si la vida está en riesgo porque se le subvalora y por el calentamiento global, entonces; necesitamos un sistema educativo integrado que ponga el foco en los valores para dar vida, para consolidar convivencia y asegurar futuro a las nuevas generaciones.

enseñando en el bosque

3. Garantizar el acceso a la educación

La Constitución Política de Colombia ofrece una educación gratuita y obligatoria de los 5 a los 1 5 años de edad, lo que incluye un año de preescolar y la educación básica (hasta 9o grado). Eso es insuficiente, pero lo más grave es que tampoco se cumple.

Es imperativo que todos los niños tengan atención educativa desde la primera infancia, independiente de su situación social y económica. Es catastrófico que tengamos bebés que son objeto útil para la mendicidad, que haya niños trabajando en el campo o adolescentes delinquiendo en lugar de estar usando sus talentos para la creatividad y la innovación social. Abolir estas prácticas perversas no sólo es arrebatarle a la violencia su más preciada “materia prima”; sino que es asegurar que todas las personas, estén donde estén, tengan una oportunidad de desarrollarse y de aportar a la construcción de una mejor sociedad. Esta sería la mayor manifestación de que existe una verdadera democracia: oportunidades educativas para todos.

niño con computador y abuela en el campo

No debe haber dudas: ahorrar en educación es sinónimo de suicidio por parte de una sociedad. Todos los problemas empiezan a resolverse cuando a ninguna persona se le niega el derecho a una educación pertinente y de calidad.

Necesitamos un sistema educativo de cobertura universal desde la primera infancia.

Para cerrar:

Esto no lo hará ningún gobernante; a ellos les cuesta invertir en el futuro; ya lo hemos visto por décadas. Los políticos gobiernan para asegurar su supervivencia en el mercado electoral. Es necesario crear una política de Estado (no de gobierno) que asegure la coberture universal, que desmercantilice la educación (y no me refiero a la coexistencia de instituciones públicas y privadas, sino a la formación de jóvenes sólo para que sobrevivan en el mercado) y que asegure su carácter sistémico.