¿Parar está de moda?…No, es una válvula de escape de la sociedad.

Hoy no voy a recurrir a cifras para expresar mis ideas alrededor del tema de los paros en Colombia.

Hay una “ola” de paros en este país: paran los cafeteros, los productores de papa y los transportadores. Los mineros también se manifiestan y seguramente luego les seguirán maestros y otros actores de la economía y la sociedad de nuestro país.

Las redes sociales juegan un papel novedoso pero ambiguo en esta dinámica. Gracias a ellas, las convocatorias y solidaridades crecen, las personas se enteran y la manifestación social adquiere mayores dimensiones. Se podría decir que la plaza pública se democratiza porque la participación crece: en la calle unos cientos o miles de ciudadanos expresan abiertamente sus preocupaciones, solicitudes o,  incluso, exigencias; al mismo tiempo, en la web, decenas o cientos de miles se solidarizan con la causa.

Sin embargo, si bien crece la participación, al menos virtual, también es cierto que ésta se banaliza: muchos compatriotas tienen “totalmente claro” que la culpa es de este “gobierno incapaz”, al que le quedó grande el puesto; pero muchos de los mismos, semanas atrás, cuestionaban a los manifestantes porque eran “idiotas útiles” de las FARC y, tan sólo un año atrás, alababan el “imprescindible” TLC con Estados Unidos; el cual cuestionan hoy con indeclinable vehemencia, ya que “es el culpable de todas las desgracias de nuestros pobres campesinos.”

Ahora no voy a sentar cátedra para “demostrar nada“. Yo también me siento confundido ante la complejidad de la realidad que vivimos. Sin embargo, quiero refrescar la memoria y traer a colación algunos hechos de nuestra historia y algunas recetas de los textos de la teoría económica.

1. La crisis que provoca estas manifestaciones comenzó a incubarse hace un cuarto de siglo.

Pongamos las cosas en blanco y negro: la apertura económica iniciada en 1990 (aproximadamente) fue un cambio radical en nuestro  modelo económico. Los argumentos eran: competir, modernizarnos, crecer, dar mayor bienestar. ¿La receta?: abrir las puertas a la competencia externa y modernizar el aparato productivo; el orden de los factores no altera el resultado, eso se decía. ¿El modelo o ejemplo?: los tigres asiáticos.

Pero el orden de los factores sí altera el resultado; incluso, algo peor, si sólo se trabaja un factor (competencia externa) creyendo que el segundo se desarrolla por inercia (modernizar el aparato productivo), entonces, los resultados son lo que tenemos hoy: un país que sólo produce y exporta materias primas.

Sin embargo, recordemos que en medio de las dificultades del analfabetismo y el atraso tecnológico rural, un conflicto que nació a mediados del siglo XX y la falta de vías de comunicación para llevar los productos del campo a la ciudad, este país era autosuficiente en materia alimentaria: los campesinos colombianos daban de comer a los citadinos.

La calidad de vida del campesino era precaria, pero algunas empresas rurales y subsectores  se modernizaron: cafeteros, bananeros, floricultores, exportadores de papaya, maracuyá, granadilla, pitalla, lograron hacer del campo un buen negocio. Pero esto se acabó para la mayoría de ellos con el nuevo modelo económico.

Con la apertura económica sí llegó la competencia externa pero no se dio la modernización del sector rural. La explicación es muy simple y tiene dos componentes. El primero, el campo en los países industrializados y grandes mercados emergentes no es un sector de libre competencia. No, es un sector altamente protegido con subsidios, aranceles, contingentes y barreras técnicas.

El segundo componente tiene que ver con el modelo: los países asiáticos. El éxito de Corea, Taiwán o Singapur no radica en que sus economías fueron dejadas “al garete” para que el mercado las arreglara. No, en esos países las barreras aduaneras sí bajaron, pero el Estado siguió siendo un director de orquesta que con Gasto Público “inteligentemente direccionado” estimuló la educación, la investigación, la innovación y el emprendimiento -nada que ver con la rapiña por las regalías que administra Colciencias-.

En Colombia se ha delegado al sector privado y al mercado que direccionen la economía. Se privatizó la educación (sin subsidios) pero con ello sólo se logró más cobertura pero no con más calidad. Lo mismo pasa con la salud y las EPS. No hablemos de Colciencias o de los programas nacionales de emprendimiento empresarial, porque allí, ni siquiera cobertura se logra.

Durante más de medio siglo, este país vivió de los cafeteros; la industria del grano alimentó un modelo económico que dio origen a la incipiente economía manufacturera que tenemos: gaseosas, cervezas, textiles, confecciones, siderurgia, ensamblaje de vehículos, electrodomésticos. Si no fuera por la economía cafetera (hasta 1989), muchas empresas industriales ni siquiera existirían.

 

2. Los TLC son el postre de una amarga cena.

Los problemas de desindustrialización, minería informal o de altos costos del combustible, no nacieron con este gobierno, ni con los TLC. Sencillamente estamos viviendo la continuación de un modelo fallido (o de la ausencia de modelo).

Antes de la apertura exportábamos, en su orden: café, minería, confecciones y agroindustria; siendo los dos últimos, un tercio de nuestra balanza comercial. Hoy exportamos, en su orden: productos de minería, café, confecciones y algo de agroindustria, siendo los dos últimos, menos del 15% de las ventas al exterior. En otras palabras, hemos retrocedido en materia de sofisticación de nuestra capacidad productiva. Los TLC con Estados Unidos y Europa están en pañales, aún no hay nada de qué culparlos, son una simple continuación de un regionalismo abierto que nos tiene sumidos en el subdesarrollo: igual o peor que hace un cuarto de siglo.

3. ¿Reversar o seguir?

Ni reversar, ni seguir: corregir. Si las élites de este país (incluidos los industriales del campo y la ciudad) creen que el modelo aperturista es el camino, entonces hay que aplicar “correctivos fundamentales”. Hagamos lo que debimos comenzar a hacer hace 25 años:

Subsidiar la calidad educativa y la investigación. No sólo se trata de graduar más bachilleres, más tecnólogos, más técnicos o más magísteres: hay que tener una población con competencias en lectoescritura, lógica y pensamiento matemático, capacidad de análisis, de síntesis, de adaptación al cambio, y bilingue. No estoy diciendo nada nuevo, no me estoy inventando nada, pero no sigamos esperando que el libre mercado lo haga, no lo va a hacer. El libre mercado sólo pondrá más sillas y tableros en las aulas y profesores con salarios más precarios. Eso no es sinónimo de calidad educativa.

Formalizar el trabajo en el campo y la ciudad. Seguir creyendo que los bajos salarios nos van a hacer competitivos es una falacia centenaria. El texto de economía dice “salarios productivos”. No se trata de pagarle menos al trabajador, se trata de que el trabajador produzca más y de más calidad. Para eso, el trabajador tiene que estudiar, tiene que capacitarse.

- Subsidiar la innovación empresarial: las empresas necesitan apoyo -las del campo y las de la ciudad-. Los subsidios a los exportadores fueron perversos en su concepción, no estimulaban la productividad, la calidad o la eficiencia, sólo los volúmenes. Si una empresa va a investigar, que se le subsidie; si va a renovar equipos, que se le apoye; si va a capacitar su personal que se le financie. Punto.

Proteger el campo. No es casual que el tema en el que menos se avanza en las negociaciones de la OMC sea el agrario. Lo mismo pasa en los TLC, es el último tema que se cierra. Convirtamos el campo en una política de Estado, que si la seguridad va a seguir siendo prioritaria en la agenda de los gobiernos, entonces, que esa lista la encabece la seguridad alimentaria. Todo el mundo protege el campo, ¿nosotros por qué no?

No tomemos a la ligera las negociaciones con la guerrilla. Este no es un tema electoral, se trata de uno de los mayores karmas de la sociedad colombiana en medio siglo. Nadie mejor que los campesinos sabe lo que han significado estas décadas de guerra. No quiero banalizar el tema, pero los semáforos de las ciudades son una muestra representativa de lo que ha sufrido este  país, especialmente sus campesinos: desarraigo y miseria.

Negociar o  no negociar no puede ser un ejercicio de cálculo electoral. 

 

 

 

 

Colombia: tan cerca del mundo…tan lejos de América Latina

Hoy quiero proponer un tema, a primera vista, muy político pero, la verdad, trascendental para el desarrollo económico de nuestro país: el proyecto de integración de Colombia.

La integración económica surgió como excepción a las negociaciones multilaterales del GATT. La idea era estimular el comercio regional, fortaleciéndose las economías conectadas. Así nacieron, el bloque europeo, la ALADI o la Comunidad Andina de Naciones -CAN-. Integrarse tiene muchos matices y puede ser un proceso complejo y profundo o superficial y básico.

Superficial es la firma de un TLC, ya que lo único que se logra es la liberación -no plena- de mercados de bienes y de capitales. Complejo es el proyecto de Unión Aduanera de la CAN o el del Mercosur, ya que desaparecen las aduanas nacionales y se crea un gran territorio aduanero regional, lo que reduce los costos de transacción y obliga a la creación de una administración fiscal supranacional. Es un reto grande.

El mejor ejemplo de lo que es un gran reto es la Unión Europea: permitir el libre movimiento de trabajadores, de mercancías, de servicios y de capitales; crear políticas regionales en agricultura, infraestructura, educación, hasta llegar a tener una moneda regional: eso es todo un reto de integración.

¿A qué le está apostando Colombia?

Las evidencias empíricas muestran que Colombia no es un líder en materia de integración regional. Es notorio el interés de nuestros gobiernos y de los empresarios por los TLC con Europa y Estados Unidos. Eso no es un error. La cuestión es que estos TLC no son proyectos de integración económica, sólo son propuestas de liberalización comercial. Eso es todo. Detrás del TLC no hay un proyecto de compartir experiencias, de creación de capacidades instaladas, de generación de bienes públicos de beneficio binacional. No, sólo hay una propuesta de liberalización incompleta de mercados.

Ahora, la otra evidencia empírica es que después de muchos años de gozar de preferencias aduaneras en Europa (SGP) y en Estados Unidos (ATPDEA), estos mercados siguen siendo importantes para venderles agricultura y, especialmente productos de la minería.

Es claro que la estrategia de diversificación de exportaciones que se inició en el gobierno de Lleras Restrepo -1966-1970) dio sus frutos, estimulando a exportadores no tradicionales como los bananeros, los floricultores o los confeccionistas. Pero, 50 años después, nada nuevo ha pasado. La política exportadora colombiana y, particularmente nuestra estrategia de integración no ha creado nuevas industrias exportadoras. Hoy exportamos con el mismo nivel de transformación que hace medio siglo. Antes era el café, ahora es el petróleo acompañado de carbón  y ferroniquel. Nada ha cambiado.

¿por qué Colombia no mira hacia Latinoamérica?

Durante más de una década, Colombia tuvo un comprador importante de manufacturas: Venezuela. Este mercado natural colombiano compraba casi todos los carros ensamblados que Colombia exportaba; igualmente compraba el 50% de nuestras confecciones. Era, cuantitativamente hablando, nuestro segundo mercado pero, cualitativamente, el primero: era el mayor importador de valor agregado colombiano.

Por diversas razones, geopolíticas principalmente, ese mercado fue cerrado. Sin embargo, trajimos el caso venezolano sólo como un ejemplo. El caso es que en Latinoamérica hay mercados interesantes para manufacturas de la calidad y el reconocimiento de los productos colombianos. Confeccionistas de de ropa interior femenina y ropa casual masculina, fabricantes de electrodomésticos y productores de alimentos procesados así lo han demostrado.

La pregunta es, por qué nuestros gobernantes no toman las riendas de la CAN y lideran un proceso que permita crear plenamente la Unión Aduanera Andina. Y ésta no es una meta final. Creada la Unión Aduanera hay que pensar en liberar los mercados de inversión en la región, iniciar proyectos de infraestructura para comunicar estos mercados: hoy es mucho más facil llegar a Miami que cruzar a Perú. Igualmente hay que llegar a acuerdos sobre movilidad de estudiantes, homologación de títulos, reconocimiento regional de patentes, integración energética, etc. etc.

Y la CAN no es un fin último tampoco. El gran proyecto es la unión CAN – Mercosur. Un gran mercado que incluye a Brasil y Argentina, las dos naciones más grandes de Suramérica. No por casualidad, Brasil es un BRIC, y ambas naciones hacen parte del G-20 grupo que está tomando las grandes decisiones de la economía global.

Mirar a Sur: ¿ese será nuestro Norte?

Un hecho es relevante en la actualidad: las economías del Norte han entrado en su peor crisis desde 1930 y aún no se ve luz al final del túnel. En cambio los mercados emergentes se han robustecido y se han convertido en la locomotora de la economía mundial. Además en Latinoamérica los proyectos de integración como Mercosur y UNASUR, avanzan a pesar de nosotros. Son otros los que los lideran. ¿vamos a dejar que esta locomotora avance sin nuestro concurso?

Chile es un ejemplo interesante: tiene convenios con todo el mundo, y su comercio es diversificado: América Latina es tan importante para los exportadores chilenos, como lo es Estados Unidos. La razón: este país tiene una base exportadora diversificada: minería, agricultura, agroindustria y otros sectores con valor agregado.

Crecimiento económico 2011: pronóstico reservado

Introducción: siguiendo la tradición, los analistas nacionales aprovechan la época navideña para pronosticar el desempeño de la economía en los próximos 12 meses. Sin embargo, no es viable mirar los indicadores de una economía abierta como la nuestra sin relacionarla con el comportamiento de la global e, igualmente, no tiene sentido práctico si no se le analiza en un contexto de largo plazo.

Pronósticos: Como antesala debemos decir que las cifras del año que estamos cerrando son menos alagüeñas de lo esperado por gremios y gobierno. El crecimiento económico del tercer trimestre sólo alcanzó, según el DANE, 3,6%, guarismo inferior al proyectado hace un año. De hecho, todo indica que el 2010 cerrará por debajo del 4%. Esto nos coloca dos puntos por debajo del promedio latinoamericano.

Conocedores de esa información, gremios y autoridades económicas presupuestan para 2011 un crecimiento que oscila entre 4,3% (Asobancaria) y 5% (Fedesarrollo y Andi). Banrepública y ANIF estiman que el crecimiento será cercano al 4.5%.

Factores endógenos: En estos pronósticos pesa mucho el comportamiento de la inversión y el incremento del consumo doméstico. En otras palabras, el crecimiento de la economía colombiana depende en gran medida de la recuperación del consumo de las familias, de las inversiones de nuestras empresas y de los capitales internacionales. Con respecto a los últimos, debe destacarse que continúa la concentración de estas inversiones en la industria de extracción (petróleo y gas, principalmente) y en el sector servicios: banca, comercio y telecomunicaciones, principalmente.

Lamentablemente, (ver en nuestro blog: Globalización Financiera: retos para países en desarrollo -gráfico 2-)  mucha de la inversión extranjera que llega al sector servicios se relaciona con fusiones y adquisiciones y en  menor medida con la generación de nuevas empresas. No se visualiza un redireccionamiento de estos capitales hacia la industria manufacturera o agropecuaria, donde tenemos unas ventajas comparativas importantes y un enorme potencial para la generación de empleo.

Sin embargo, debemos destacar el pronóstico optimista de la ANDI que da un peso significativo a cambios estructurales que se habrían dado en las empresas colombianas y que inciden en su competitividad de largo plazo: innovación, desarrollo de nuevos productos e inversiones en calidad.

Tema aparte representa el comportamiento del clima. Los problemas que ha vivido Colombia con el invierno afectan a la agricultura y a las vías de infraestructura, principalmente. De un lado, ello se puede traducir en malas cosechas, escasez de materias primas y alimentos, y sobrecostos de transporte por pérdidas de tiempo y dificultades de acceso. Pero, de otro lado, la concentración del presupuesto del gobierno hacia la construcción de viviendas, vías y apoyo a los damnificados, se convierte en un motor de recuperación económica que jalonará a diversos sectores de la economía colombiana.

Factores exógenos: Este moderado optimismo de los gremios y del Banco de la República se matiza con variables del orden internacional. El crecimiento depende también de las buenas relaciones con los vecinos (Ecuador y especialmente Venezuela, son dos grandes compradores de bienes manufacturados y alimentos de origen colombiano). Igualmente, el escenario gris de la economía de las naciones industrializadas pende como espada de Damocles sobre el ciclo económico global. Estas economías aún no se recuperan plenamente de la crisis financiera mundial: guerra de monedas y alto desempleo se convierten en potenciales factores de proteccionismo, baja en las importaciones y caída en los flujos de capitales hacia economías en vía de desarrollo.

Un determinante de estos factores externos será el comportamiento de la tasa de cambio. Para la banca nacional y extranjera, el dólar terminará el 2011 con una cotización  que oscila entre $1720 y $1854. Este consenso de la banca es un indicio negativo para el crecimiento de la economía colombiana. Si este dato se acompaña de un estancamiento en los países del Norte –hecho altamente probable- podría darse una baja en los precios de los commodities, lo que afectaría seriamente nuestros ingresos de exportaciones.

De igual manera, una recesión en el Norte y un dólar barato, acompañados de un sostenido consumo doméstico -según pronóstico del gobierno y los gremios-, elevarán el déficit en cuenta corriente a causa del aumento de las importaciones y la caída en los ingresos de remesas por el desempleo de los colombianos que viven en España y Estados Unidos.

Comentario final: En nuestro blog consideramos que el próximo año no será  muy bueno y que el crecimiento económico estará cercano al pronóstico menos optimista que presentan los gremios. Las razones de nuestro moderado pesimismo son:

1. Los países industrializados no salen de su crisis –de hecho, es altamente probable una nueva recesión-, lo que afectará nuestras exportaciones y los flujos de inversión. En el mediano plazo, las sombras son mayores ya que, de seguir la guerra de monedas, estaremos enfrentando un mercado con un dólar devaluado, además de un posible renacimiento del proteccionismo. El TLC con Estados Unidos seguiría empantanado y la Ronda de Doha de la OMC podría estar cerca de un fracaso definitivo.

2. La alta politización de las relaciones con Venezuela no permite ver confianza en los empresarios para incrementar inversiones de cara a exportaciones sostenibles hacia el vecino país. Venezuela era, antes de la crisis de relaciones diplomáticas, nuestro principal comprador de manufacturas.

3. La recuperación de la economía colombiana no se acompaña de un mejoramiento significativo del empleo. El desempleo sigue siendo alto y, aunque cae, el subempleo y el empleo de baja calidad que se han generado no aseguran un sostenido crecimiento del consumo doméstico.

4. Será un factor positivo el incremento gradual en el volumen de extracción y exportaciones de petróleo, lo que asegurará ingresos sostenidos de divisas en los próximos años.

5. Y, lo más destacable es el pronóstico de la ANDI sobre los cambios en innovaciones y calidad, lo que se comprobará más claramente en el mediano y largo plazo y no tanto en el 2011.