¡A crear el Cartel de los Caficultores!

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Esta última semana de noviembre de 2013, El Colombiano reseñó que Roberio Oliveira Silva, Director Ejecutivo de la Organización Internacional del Café, OIC, está vislumbrando la posibilidad de un nuevo Pacto Cafetero.

Sin embargo, no se trata de un acuerdo como los de vieja data -aquellos que rigieron el mercado entre la década de 1960 y el año 1989. No, el señor Oliveira hace referencia a un acuerdo entre países productores y las grandes firmas torrefactoras que procesan y comercializan la bebida en el mundo: Jacobs, Nestlé, PyG, entre otros.

¿Por qué puede ser viable y qué tan pertinente puede ser una decisión de esta envergadura? Para comprender este tema, es necesario conocer las particularidades del mercado mundial cafetero.

El mercado mundial del grano se caracteriza por una crónica sobreoferta: muchos países produciendo café, lo que genera excedentes que deben ser almacenados, generando altos costos financieros por el inventario de mercancía. De igual manera, la oferta del grano se halla dispersa por el mundo con una participación importante de naciones centroamericanas, africanas, asiáticas, Brasil y Colombia. En cambio la demanda del grano es oligopsónica, o sea, un pequeño grupo de multinacionales demanda la mayor parte del café verde que se comercializa en el mundo.

Adicionalmente, las multinacionales, a lo largo del siglo XX guiaron al consumidor final hacia las mezclas de granos, evitando que éstos prefieran el café de un país en particular. Ello menguó siempre la capacidad de negociación de los paises cultivadores. Por último, se distingue la existencia de diversas variedades de café, las cuales son reconocidas en el mercado mayorista: robustas y arábica son los más relevantes, teniendo la última una prima especial en el mercado, y siendo las robustas el grano de menor valor.

Desde la década de 1960 se firmaron pactos entre países productores y naciones consumidoras del grano. Con ello, los caficultores aseguraban unas cuotas de exportación, los importadores tenían un tranquilo abastecimiento, y el mercado se caracterizaba por tener precios sin mayores sobresaltos: si la cosecha caía, los productores liberaban sus inventarios, y si había una bonanza de producción, los stock se incrementaban.

Este tipo de acuerdos se rompe en 1989 y desde dicho año el mercado mundial del café se mueve al vaivén de la libre oferta y demanda. La mayor consecuencia de este hecho fue la caida en los precios mundiales del grano. Durante dos décadas, los cafeteros colombianos apenas han logrado sobrevivir a un mercado que no paga un precio justo por la mercancía que ofrecen. Los efectos han sido varios: reducción de frontera agrícola cafetera en países con grano de mayor valor y aparición de grandes competidores con cafés más baratos: Vietnám e Indonesia, principalmente. Igualmente, hay que reconocer como un hecho positivo el lento auge de algunos negocios más sofisticados relacionados con el café gourmet y productos con valor agregado en los países productores: tiendas Juan Valdez, confitería, repostería, artesanías, agroturismo, etc.

¿Qué puede explicar que las firmas multinacionales dueñas del gran mercado del grano estén dispuestas a firmar acuerdos que beneficien a los países productores? La primera hipótesis que se me ocurre es que “el mercado lo equilibra todo“. Después de comprar el grano a precios cercanos a sus costos de producción durante un cuarto de siglo, es muy probable que el mercado les esté enviando señales prospectivas: escasez absoluta de ciertas variedades en el mediano plazo -por la reducción de la frontera agrícola- e inminente crecimiento de las industrias nacionales de los países productores con variedades gourmet y nuevas marcas en los mercados.

En otras palabras, las grandes multinacionales pueden estar leyendo el futuro, el cual les depararía escasez de materia prima y aumento de la competencia de nuevas marcas y de granos especiales posicionados en los consumidores finales.

Habría que hacer estudios pero seguramente los bajos precios han hecho que los productores de suaves colombianos y otras variedades de arábica no renueven cafetales o, incluso, sustituyan cultivos (por cítricos, ganadería, turismo, etc.) y que, a la vez, los emprendedores en el mercado de cafés especiales y con valor agregado ya estén logrando un nivel de madurez que les permita consolidar en el largo plazo su presencia con marcas propias y productos de una sola variedad: suaves colombianos, por ejemplo.

Reflexión final:

El tema del café en Colombia es muy complejo, está relacionado no sólo con los precios internacioinales sino también con la tecnificación del campo, con la distribución de la tierra y con las vías de acceso, entre otros. Pero en el mercado mundial hay un hecho trascendental, el control que las multinacionales han ejercido durante casi un siglo ha menguado la capacidad de los países productores de obtener mejores resultados en la comercialización del grano.

En consecuencia, un nuevo pacto cafetero, en el marco de un contexto diferente al de 1989, puede ser una estrategia que ayude a aliviar los dolores de miles de familias campesinas que apenas logran sobrevivir en una industria históricamente tan importante para nuestro país. Sin embargo, me surge la duda de si deberíamos incursionar en un acuerdo con las multinacionales o es hora de que los países productores reconozcan intereses comunes y lleguen a un acuerdo que genere un CARTEL DE PRODUCTORES, el cual trate de tener una mayor incidencia en la definición del rumbo del mercado internacional cafetero.

El tema queda abierto…

 

 

 

Colombia: apertura comercial de un país que se desindustrializa.

Antecedente

Durante las décadas de 1960-1980, Colombia abrazó el modelo de Promoción de Exportaciones, el cual complementaba a medio siglo de Sustitución de Importaciones. Mientras este último permitió que algunas pequeñas plantas manufactureras se consolidaran como empresas de talla nacional (locerías, cerveceras, cementeras, fabricantes de gaseosas, textileros, confeccionistas, marroquineros, etc.), el primero pretendió que el país redujera la dependencia de las exportaciones de café. Ello permitió que se consolidara el concepto de Exportaciones Menores -todas aquellas diferentes al café y a los hidrocarburos-. Gracias a este esfuerzo proteccionista, los floricultores, bananeros y confeccionistas, principalmente, salieron a los mercados internacionales.

La realidad actual

Pero, a partir de 1990 cambiamos el modelo: abrimos las puertas a la competencia externa y al capital internacional. ¿Cuál era el objetivo?: obligar a nuestras empresas a competir y atraer capitales para que  se pueda modernizar el aparato productivo. Los cambios se han visto: la modernización de las comunicaciones y la sofisticación y ampliación de cobertura del comercio en grandes superficies y en la banca, principalmente.

Para consolidar la estrategia el país renuncia a liderar los proyectos de integración regional como la CAN, y se lanza a la apertura de mercados globales a través de la firma de TLC con países y bloques de Europa, Norteamérica y Asia.

Fuente: http://www.semana.com/economia/articulo/con-acelerador-fondo-tlc/346478-3
Esta tabla, publicada por la revista Semana, muestra el tamaño de los mercados con los que firmamos Acuerdos Comerciales y el actual comportamiento de nuestro comercio exterior con ellos. El balance es claro: Estados Unidos y la Unión Europea siguen siendo nuestros principales mercados, luego los países latinoamericanos son un blanco interesante (25% de nuestras exportaciones van a socios de nuestro vecindario).
 

Sin embargo, lo que estas cifras no muestran es que después de 23 años de apertura y más de una década buscando TLC con países de diferentes regiones, nuestra oferta exportable no ha tenido los cambios esperados. Veamos aleatoriamente unos datos. Según el DANE en el primer semestre de 2012 67,2% de las exportaciones fueron mineras, especialmente hidrocarburos, productos manufacturados 16%, y alimentos poco más del 10%.  Con respecto a 2011, dichas exportaciones aumentaron 10%, fundamentalmente por el crecimiento en las exportaciones de petróleo y otros productos mineros.

Ahora, si miramos por productos, encontramos que el aumento de las exportaciones de manufacturas, con respecto a 2011 se explica principalmente por el crecimiento en las ventas de ferroníquel y plástico en formas primarias y medios de transporte. O sea, además de que la industria manufacturera sigue siendo poco representativa en las exportaciones, sus pocos avances tienen que ver con productos de bajo nivel de complejidad tecnológica o ensamblajes.

De igual modo, si miramos la estructura de las exportaciones agropecuarias, veremos que café (33%), flores  (22%) y bananos (11%) representan 2/3 partes de las ventas del sector en 2012.

Ahora, según ANIF, la desindustrialización que vive nuestro país no sólo se evidencia en las exportaciones. La relación entre Valor Agregado y PIB, según un estudio de Clavijo ha caído de 24% en la década de 1970 a cerca del 12% en la actualidad. La industria manufacturera aportaba 1/4 del empleo en la década de 1980 y ahora apenas alcanza el 13%.

Esto, en concepto de los expertos, se puede explicar por el cierre del ciclo de la industria liviana de bajo nivel tecnológico (cervezas, gaseosas, calzado, confeccioines), lo que se tradujo en un auge del sector servicios. Pero también estarían haciéndose visibles los efectos de una típica “enfermedad holandesa” resultado de la expansión del sector minero energético. Esto último explicaría la revaluación de más de una década y el encarecimiento relativo de la mano de obra. Factores que juegan negativamente para el desarrollo de los demás sectores transables: manufacturero y agropecuario.

Conclusiones:

La estructura exportadora colombiana es la misma de la década de 1960 cuando el país instauró el modelo de promoción de exportaciones para reducir la dependencia del café y los hidrocarburos. El café sí redujo su participación, los caficultores, incluso, están viviendo su viacrucis, pero ahora dependemos de las exportaciones de petróleo y carbón. Ni el sector manufacturero, ni la agroindustria son las locomotoras exportadoras de este país.

Pero, el problema es más complejo si vemos, en general, la estructura del PIB del país: decrecimiento del valor agregado, reducción absoluta de la participación del sector manufacturero y relativo encarecimiento de la producción nacional, debido a la sobrevaloración de la moneda, fenómeno asociado al auge minero-energético.

SIn embargo, el país acelera la firma de TLC sin privilegiar la solución de los problemas internos que explican el éxito competitivo de los mercados emergentes y de los países industrializados: infraestructura de calidad, crecientes procesos de investigación, desarrollo e innovación, apalancados en un sistema educativo que forme profesionales emprendedores que promuevan transformaciones en procesos, productos y servicios.

Nuestra baja cobertura educativa, los problemas de subalimentación de, aún, significativos grupos de niños, y la poca inversión en innovación y desarrollo -lo que se evidencia en las pocas patentes que el país registra- son talanqueras concretas para un país que firma TLC con todo el mundo, con la expectativa de aumentar la participación en dichos mercados. Como lo hemos reiterado en artículos anteriores, no se necesita de Acuerdos Comerciales para exportar petróelo y carbón, estos productos tienen un mercado bastante libre a nivel global.