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Chile, destino donde todo ocurre en todas partes al mismo tiempo

Desde el desierto más árido del mundo hasta las nieves perpetuas, pasando por las estepas patagónicas, el país austral se acomoda a gustos diferentes.

Redactor del Área Metro. Interesado en problemáticas sociales y transformaciones urbanas. Estudié derecho pero mi pasión es contar historias.

24 de septiembre de 2022

Hacer esquí en la cordillera nevada, al día siguiente lanzarse en tabla por las dunas del desierto y ver el atardecer en una cristalina playa al frente del Pacífico. No hay ningún truco, pero sí magia, y Chile la tiene. Tan largo como angosto —4.270 kilómetros de punta a punta y 445 kilómetros de lado a lado—, y con oferta de turismo en todos los pisos térmicos, el país austral es un destino que se adapta a cualquiera.

Por eso se acaba de coronar por octavo año consecutivo como el mejor destino de turismo de aventura, mantuvo por quinta vez el título de mejor destino romántico por Atacama y alcanzó por segunda vez el galardón de mejor destino de Sudamérica. Lo avalan el ramillete de experiencias que abarcan su escena urbana, el enoturismo, la aventura, la naturaleza, el astroturismo, sus cruceros por los confines del continente y las playas.

Su magia no solo proviene de parajes de todos los colores, sino de su historia y su actualidad política. Los pueblos indígenas evitaron durante siglos la llegada de los españoles hasta que al final se impusieron los colonizadores pero solo hasta el río Biobío, después de un prolongado conflicto que se conoce como la Guerra de Arauco en la que sobresalieron mapuches como Lautaro y el cacique Colocolo.

Luego de la Conquista vino la pacificación de la Araucanía (1861), la Guerra del Pacífico (1879-1884), más conflictos civiles, gobiernos liberales y regímenes radicales que dieron paso al presidencialismo en el siglo XX. El golpe militar a Allende en 1973 abrió la era de la dictadura de Pinochet que, a pesar de su fin en 1990, todavía tiene resonancia en un país sacudido por las protestas y aún pendiente de saber qué pasará con su constitución luego del triunfo del no hace 20 días. Por eso paisajes e historias hacen de Chile un destino donde todo ocurre en todas partes al mismo tiempo.

Santiago, una moderna ciudad de antaño

La capital chilena es más moderna que patrimonial. La gran cantidad de sismos que se registran cada tanto es la razón del porqué se conserva un reducto de construcciones coloniales, sobre todo en el centro de la ciudad. La arquitectura cuenta las historias de la aristocracia chilena. En la Plaza de Armas, donde está plasmada gran parte de la memoria nacional, se erige la estatua ecuestre de Pedro de Valdivia, el conquistador y fundador del país; además del monumento a la Libertad Americana o la victoria de Ayacucho, batalla final de la Independencia del continente y donde fue héroe el antioqueño José María Córdova. Alrededor están los antiguos edificios de la Municipalidad de Santiago, la Catedral, el Museo Histórico Nacional, los Tribunales de Justicia y el Palacio de la Moneda, casa del presidente de la República y testigo de excepción del golpe de Estado a Salvador Allende en 1973, porque fue bombardeada en su fachada norte. Luego puede visitar dos parques urbanos para bajarle temperatura a la jornada: el cerro Santa Lucía, donde se aprecia el desarrollo que ha tenido la ciudad desde la llegada de los españoles al valle del Mapocho en 1540; y el parque Metropolitano, de 720 hectáreas, y el cual tiene un teleférico para llegar hasta la cima. Termine el día en el Sky Costanera, un enorme rascacielos de 300 metros —125 metros más que el edificio Coltejer— con mirador de 360 grados en el último piso.

El esplendor del Cajón del Maipo

A unos pocos kilómetros de Santiago, con la compañía inseparable de la cordillera de Los Andes durante el recorrido, se encuentra San José de Maipo, una de las comunas que componen la región metropolitana de Santiago (a 48 kilómetros de la ciudad). Forjado como un pueblo minero, tiene arquitectura de estilo clásico y diversos pisos térmicos de precordillera. Cuentan los josemaipinos, gentilicio de la comuna, que cuando Charles Darwin cruzó la cordillera hacia Chile por allá en 1832 pasó por el Maipo porque sus descripciones geomorfológicas coinciden a la perfección con el Cajón. En verano, la alta cordillera se abre y los turistas tienen un ramillete de opciones deportivas como rafting, canopy, pesca y trekking. En invierno, con la montaña repleta de nieve, hay senderismo corto en precordillera, ski y snowboard, como el centro Lagunillas que tiene varias pistas para recibir a fanáticos de los deportes de nieve, principiantes y experimentados. Lagunillas arrienda equipos que incluyen ski, snowboard, botas y bastones, además de clases grupales incluyendo también la actividad. En la temporada alta (julio y agosto), los tiquetes van desde 15.000 hasta 20.000 pesos chilenos, es decir, entre 75.000 y 100.000 pesos colombianos.

El enorme desierto de Atacama

El desierto de Atacama es el lugar no polar más árido de la tierra y cubre más de 105.000 kilómetros cuadrados, un área similar a 1,5 Antioquias. Volamos al aeropuerto de Copiapó, una ciudad de tradición minera que queda al norte de Santiago, pero hacia el centro del enorme desierto. Una de las visitas obligadas es el parque paleontológico Sitio Los Dedos, a 12 kilómetros de la población de Caldera, significativo por su abundancia y diversidad de sus fósiles de vertebrados extintos hace millones de años, como peces, tiburones, pingüinos, aves gigantescas, cetáceos y cocodrilos, entre otros. Un plan en esa zona es el conocido desierto florido, en una época en la que se alinean los astros, con precipitaciones inusuales que deben superar cierto rango normal en la zona no polar más árida del planeta para que aparezca una gran diversidad de flores que colorean el paisaje seco y arenoso. Muy cerca de Caldera están las dunas de Atacama, un programa imperdible para los exploradores que quieran practicar sandboard, descenso en tabla por la arena. El recorrido continúa por la ruta costera entre Caldera y Huasco, donde hay un valle que es conocido como el Jardín de Atacama por la gran cantidad de aldeas agrícolas, entre ellas, Totoral, un minúsculo pueblo de 150 habitantes que guarda delicias gastronómicas en el restaurante de Cristian. Otros parajes recomendados: la Bahía Inglesa, Alto del Carmen y playa de la Virgen.

Viñedos, pisqueras y olivos completan el plan

Chile cuenta con valles de pisos térmicos perfectos para el cultivo de las uvas que le dan fama mundial a sus vinos. Por eso es común y extendido el enoturismo, planes que permiten que el turista conozca de primera mano el cultivo y el proceso vinícola. Ni qué decir de la vendimia en marzo y abril, una de las tradiciones más festivas del país. Los valles del Maipo y Pirque, en cercanías de Santiago, ofrecen condiciones para albergar las zonas con mayor tradición vitivinícola del país. Puede degustar vinos de la cepa Cabernet Sauvignon, destacada entre los mejores exponentes del país, y recorrer las diferentes viñas de este valle, con tours en bicicleta, degustaciones y complementar con lo mejor de la gastronomía austral. Pero no solo de vino vive el hombre, Chile también es producto de pisco. En el Alto del Carmen está Armidita, una viña centrada en la producción de piscos de alta pureza y del dulce vino pajarete. Ofrece recorrido por sus bodegas, coctelería, maridajes y tour gastronómico. Puede visitar plantaciones de olivos, degustar olivas, aceitunas y participar en una cata de aceite de oliva extra virgen en Olivos Centenarios, ubicado en Huasco Bajo, al oeste de la ciudad de Vallenar, en el desierto de Atacama.

* Con invitación del Servicio Nacional de Turismo de Chile y la aerolínea JetSmart