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Colombianas que trabajarán con el James Webb

Sofía Rojas Ruiz y María Claudia Ramírez Tannus son astrónomas y tienen proyectos con el telescopio más grande hecho hasta ahora.

Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana. El sueño de ser médica lo cumplí haciendo periodismo de salud. También escribo sobre ciencia y de vez en cuando cultura.

01 de agosto de 2022

Sofía Rojas espera confirmar 11 galaxias jóvenes formadas en los primeros 500 millones de años del Universo (ahora tienen aproximadamente 13.5 mil millones de edad), las cuales preseleccionó en trabajos pasados con el Telescopio Espacial Hubble. Con la tecnología del James Webb, la científica colombiana espera datos sobre la composición de luz en infrarrojo para estudiar los elementos que las componen, siendo el hidrógeno y el oxígeno los principales que busca.

Sofía quiere comprobar si esas once galaxias hacen parte de una época conocida como la reionización, en la que el Universo pasó de la oscuridad a la iluminación. Los datos comenzará a recibirlos desde noviembre y por ahora está haciendo ensayos.

Ella participó en el General Observers, el programa que designó la Nasa para las investigaciones que se harán sobre lo que arroje el James Webb en este primer año. Según la Nasa, se presentaron más de 1.000 propuestas hasta la fecha límite del 24 de noviembre de 2020. De estos se seleccionaron 286 investigaciones que abordan una amplia variedad de áreas científicas y ayudarán a cumplir la misión general de la Nasa de mejorar la compresión humana sobre el universo y nuestro lugar en él. Los científicos provenientes de 44 países solicitaron una parte de las 6.000 horas de observación disponibles en el primer año de Webb, lo que representa aproximadamente dos tercios de todo el tiempo de observación del Ciclo 1 de investigaciones. Y ahí está el trabajo de Sofía, y también el de María Claudia (siguiente historia).

Todo empezó de niña

Lo que más recuerda Sofía de su infancia es una televisión que reproducía la serie Cosmos de Carl Sagan y un librito de la misma serie que le leían sus padres. Le hablaban de estrellas y galaxias, palabras que una niña de cinco o seis años no entendía. Al poco tiempo llegó un telescopio para aficionados. Lo compró su papá para compartir el universo con su hija, y ella, desde la ciudad de Bogotá, vio más allá de la Tierra y se encontró con un montón de estrellas que aprendió a ubicar en coordenadas.

Sus papás son de las artes y las ciencias sociales. Ellos no entendían mucho sobre los astros, pero al ver la pasión de su hija intentaban explicarle cómo funcionaba el universo y esos puntos brillantes que más adelante entendería a la perfección. Recuerda un día que su ciudad se oscureció por un eclipse solar. Tenía apenas siete años cuando aprendió que la Luna tapaba el Sol y por unos segundos la Tierra quedaba en oscuridad.

En el colegio nunca le dejó de gustar la física y la astronomía, de hecho era muy buena con los números. A los 14 años empezó a hacerse más real la idea de estudiar el cosmos. Por ese tiempo asistió a un evento sobre ciencia en Corferias y conoció a varios astrónomos que la inspiraron, como la colombiana Adriana Ocampo, una geóloga planetaria que actualmente es la directora del programa de ciencia de la Nasa. Ella fue una motivación para decidir que viajaría a Estados Unidos: su sueño era trabajar en la Nasa. La mayoría de astrónomos y físicos inician con esa idea, y ¿por qué salir del país?, porque aquí en Colombia en ese tiempo no había posibilidades de estudiar astronomía. “En esa época era difícil. Los jóvenes que soñaban con ser astrónomos no tenían una buena orientación profesional porque casi nadie sabía sobre esta rama de la ciencia en Colombia”.

Antes de irse, en sus últimos años del colegio, sí visitaba el Planetario de Bogotá, a Maloka (el primer museo interactivo de Colombia) e iba a centros educativos como la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de los Andes y la Sergio Arboleda en las que pudo conocer observatorios astronómicos y empezar a comprender los misterios del cosmos.

“En esa época con mi mamá hicimos una lista de las universidades a las que podía aplicar en norteamérica. Buscamos becas y preguntamos sobre el proceso de aplicación, nos dimos cuenta de que se requería escribir varios ensayos y ahí empezó todo”.

A los dieciséis se fue de su casa. Para los papás fue difícil dejarla ir tan pequeña a buscar su camino como astrónoma. La niña que había conocido las estrellas y las galaxias por ellos, se iba en una búsqueda para comprenderlas mejor. Aprendió inglés y a escribir ensayos académicos. Pasó a la Universidad de Texas en Austin y allá se graduó de astrónoma y física.

El primer semestre lo pagaron sus padres con esfuerzo. Luego buscó becas y en la universidad fue estudiante asistente de investigación, para que le hicieran un descuento en la matrícula. Allí encontró uno de los campos que más le apasionan: las primeras galaxias que se formaron en el universo. Tanto así que el proyecto de investigación que propuso a la Nasa para desarrollarlo con datos que arroja el James Webb es sobre esto.

Sofía se radicó en Heidelberg, al suroeste de Alemania. Actualmente es estudiante de doctorado en el Instituto Max Planck de Astronomía. Tiene una relación estrecha con Colombia. Hace parte de la Red de Estudiantes Colombianos de Astronomía y a veces desde la distancia da charlas sobre su trabajo y su experiencia en el exterior

María Claudia Ramírez Tannus es de Bogotá, Colombia. Tiene una hija de un año y medio, y aunque se dedica de tiempo completo a ser mamá, también es astrónoma.

Su amor por comprender la naturaleza y el universo inició aquí en Colombia, cuando todavía el país no ofrecía muchas oportunidades para los que querían estudiar astronomía, dice ella.

Pero llegó muy lejos. Tanto que ahora colidera una investigación sobre estrellas, con el objetivo de entender la formación del Sistema Solar, con datos que arrojará el Telescopio Espacial James Webb, muy mencionado últimamente por ser el más tecnológico del momento (Ver ayuda).

La historia de María Claudia inicia en Bogotá, cuando apenas era una adolescente que asistía a clases de Física, sus favoritas. Aprendió a mirar a su alrededor y hacer experimentos que le enseñaron a comprender el mundo, tanto así que apenas se graduó tomó la decisión de estudiar Física en la Universidad de los Andes.

En sus últimos semestres viajó a México y allá conoció y se enamoró de la Astronomía en la Universidad Nacional Autónoma de México.

“Fui a una escuela de astronomía observacional a ese país porque en esa época la astronomía no era fuerte aquí en Colombia. Me enseñaron a hacer telescopios pequeños, y luego en Puebla conocí telescopios grandes de un metro y fue increíble”.

Esa experiencia fue su acercamiento más valioso con la Astronomía. Allá aprendió a manejar los distintos datos que arrojaban los telescopios en espectros o imágenes y le gustó tanto que tomó la decisión de estudiar astronomía observacional, que es recopilar y almacenar información sobre el universo que podemos ver con los ojos, el observable.

María Claudia, al igual que Sofía, también vive en Heidelberg, Alemania, y es doctora en Astrofísica del Instituto Anton Pannekoek de la Universidad de Ámsterdam en Países Bajos.

Su investigación

En 2021 envió su trabajo “Objetos estelares jóvenes masivos y el origen de binarias masivas” que lidera en el Instituto Max Planck de Astronomía en Alemania para participar en el General Observer —un programa para que científicos postularan sus trabajos para acceder a los datos del James Webb— y el de ella quedó entre los primeros. Empezará a recibir información en agosto, mientras que otros lo harán en los últimos meses de este 2022.

“Con la investigación queremos comprender el origen de nuestro Sol. El James Webb nos ayudará a observar una región similar a la que se encontraba el Sol cuando era bebé y estudiar el efecto de las estrellas masivas en la formación de planetas para que así se creara el Sistema Solar”, explica la científica.

María Claudia se siente orgullosa de todo lo que ha logrado. Recuerda cuando decidió tomar este camino y se siente feliz de que sus papás la hayan apoyado y que ahora puedan ver lo lejos que ha llegado. Se siente orgullosa de sus padres, pero también de poder contribuir a la astronomía en Colombia.

“Es un orgullo poder representar a Colombia. Siempre pienso en las niñas y jóvenes que quieran dedicarse a la astronomía y espero que no dejen de hacerse preguntas, las más locas. Es probable que si a uno le apasiona encuentre el camino como yo lo hice”, dice Ramírez Tannus.

María Claudia recuerda Colombia con cariño. Es muy cercana a su país y visita varias veces a su familia. También suele dar charlas a estudiantes de física en colegios y universidades colombianas para que estos jóvenes aprendan a soñar y tengan referentes de que se puede lograr. “Siempre espero volver a Colombia. Sí quiero, pero todavía no hay buenos recursos para los investigadores”.

La científica espera que el país en algún momento progrese, porque ya la astronomía está más fuerte y hay muy buenos programas universitarios.

A María Claudia le gusta que las personas se interesen por su trabajo y siente vocación por enseñarles a los demás sobre estos temas. Le gusta conversar, y más allá de su trabajo hace deporte. Se dedica a escalar y a compartir con su hija en Alemania