Columnistas

¿Verdad o Posverdad?

13 de noviembre de 2017

El gobierno le ha anunciado al mundo la comisión de la verdad “que tendrá la responsabilidad de reconstruir la verdad histórica del conflicto armado en Colombia”. Esa comisión está integrada por personas con claras y definidas orientaciones ideológicas, cuando la reconstrucción de la historia debe partir de la imparcialidad, del contexto legal, jurídico e institucional de Colombia, para efectos de no convertir la historia en una herramienta para justificar conductas reprochables a la luz del derecho, la ética y la moral.

En el contexto de la verdad histórica del país es pertinente reconocer que no existe ideología alguna que justifique masacres, secuestros, extorsiones, narcotráfico, reclutamiento de menores.

Bajo ninguna circunstancia se puede justificar “la rebelión” como si por la violencia un país democrático pudiera permitir la oposición a la vida, honra y bienes de los ciudadanos con la idea de ser luchadores sociales. Si se llegara a aceptar que el camino de las armas es una forma de hacer política, sencillamente estaríamos relativizando la ley y la moral.

Nadie desconoce que Colombia ha tenido desigualdades, que ha padecido el clientelismo y la politiquería y que ha sufrido los embates de la corrupción, pero ello jamás justificará la violencia. Nuestro país debe derrotar esos fenómenos en democracia, en las urnas, pero bajo ningún pretexto justificando ninguna actitud que vaya en contra del ser humano, de la vida, de la dignidad.

Que se han presentado abusos por parte de algunos miembros de las fuerzas armadas y han deshonrado el uniforme, merece sanciones sin dobleces. Pero no se puede homologar a las fuerzas armadas con el terrorismo, porque han sido las fuerzas de la legalidad y la Constitución. Las Farc han sido un grupo narcoterrorista antes que un actor político.

La comisión de la verdad no puede prestarse para hacer una reconstrucción de la historia reivindicando, justificando o suavizando el papel de los grupos armados ilegales. Una comisión de la verdad debe partir por reconocer sin dobleces quiénes han estado por fuera de la ley.

El riesgo que existe es que las tendencias ideológicas conviertan a esa comisión en una comisión de la posverdad, que busque atenuar la larga carrera de violencia en cabeza de los grupos armados ilegales. No existe diferencia entre un asesinato cometido por un paramilitar o un guerrillero. Los dos a la luz objetiva del derecho son igual de repudiables. Ninguna ideología podrá justificar su carrera criminal. Llama la atención que en la vida intelectual de quienes van a conformar la comisión de la verdad ha habido una forma para minimizar, atenuar o inclusive tratar de justificar “la lucha armada”.

Los colombianos merecemos que nuestra historia sea reconstruida con objetividad y sin la incidencia de ideologías. Poca credibilidad tendrá una comisión en la cual no han participado otros sectores del país y se ha preferido un sesgo ideológico.

Debe crearse una comisión paralela, de académicos, con el liderazgo de alguna universidad para no dejar que nuestra historia se escriba en función de las pretensiones de las Farc sino que nuestra historia permita dejar en claro que no existe ninguna forma de violencia que se pueda justificar. La verdadera paz debe surgir de un triunfo de la legalidad sobre los criminales y no darles a los criminales la posibilidad de configurar su propia verdad. El camino de manipular la realidad o de matizarla o de simplemente reorientarla nos conduce a la posverdad y la posverdad no es más que una forma sofisticada de llamar a la mentira.

* Precandidato presidencial CD