VENEZUELA SIN RETORNO
El escenario que hace unos meses pocos imaginaban para Venezuela, hoy es una realidad. Las protestas multitudinarias en las calles de Caracas y otras ciudades, con millones de personas reclamando su libertad, el fin de la dictadura y el retorno de la democracia, produjeron un júbilo tan grande entre la gente, que las consignas más comunes en las marchas eran “Venezuela sin retorno” o “Y va a caer, este gobierno va a caer”. La represión, los asesinatos, los abusos y las detenciones arbitrarias por parte de las fuerzas del régimen de Maduro, con la Guardia Nacional Bolivariana liderando los destrozos y saqueos a comercios en compañía de los Colectivos (bandas delincuenciales al servicio de la Revolución), no fueron suficientes para amedrentar a la sociedad civil, agrupada en torno a asociaciones de estudiantes universitarios, partidos y movimientos de oposición y gremios económicos, que recogieron el descontento y la frustración de los ciudadanos.
Desde el 1° de abril, con el anuncio del Tribunal Supremo de arrebatar sus competencias a la Asamblea Nacional, hasta el 31 de julio, cuando se celebraron las fraudulentas elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente, pasaron cuatro meses de manifestaciones sin cesar y un paro nacional. Sin embargo, después de cuatro meses hubo un gran frenazo a las protestas y a las acciones de La Resistencia, y la calle se enfrió, como dicen coloquialmente los venezolanos.
Ahora, a pesar de la presión de los gobiernos europeos y latinoamericanos, y de las sanciones que ha aplicado el gobierno de los Estados Unidos, la dictadura sigue en pie y ha lanzado una gran jugada política, con la casi plena certeza de que saldrá victoriosa y podrá afianzarse en el poder. La Asamblea Nacional Constituyente, que es ilegítima, convocó a elecciones regionales para el mes de octubre, y varios candidatos de la Mesa de Unidad Democrática se postularon para enfrentar al Chavismo y conseguir las gobernaciones más importantes. Por su parte, el gobierno promovió una nueva ronda de negociaciones con la oposición, en República Dominicana. Las dos iniciativas tienen el mismo objetivo: legitimar al régimen autoritario ante la sociedad internacional, para desactivar cualquier intervención (militar, tal vez) en el futuro próximo y mejorar su imagen.
Hoy por hoy, solo algunos líderes de la oposición se han mantenido firmes y no han caído en la trampa del diálogo, y los jóvenes están retomando el impulso de las protestas. A dos semanas de las elecciones, Venezuela, una potencia petrolera, está a punto de quedarse sin gasolina y la crisis de desabastecimiento y escasez generalizada de alimentos y medicinas persiste, para confirmar que el Socialismo del Siglo XXI, que se anunciaba como el camino a la felicidad, solo sirvió para destruir la economía del país, incrementar la pobreza y legitimar la violencia y la represión de las libertades de todos. La solución está en manos de la gente, sí, pero se requiere el combustible del apoyo internacional, dejar la insistencia en condenas diplomáticas sin efecto y pasar a la acción para derrotar a la dictadura.