Una muy sentida despedida
Decirle adiós a ambos padres, saber que tras su ineluctable partida ellos están a diario alumbrando el camino con sus consejos y sus presencias y, además, después poder señalar que “la muerte del segundo progenitor es como mirar a través de un telescopio una noche y ya no encontrar un planeta que siempre estuvo allí”, es lo que lleva a Rodrigo García Barcha a confeccionar su excelente texto “Gabo y Mercedes: Una despedida”, publicado por Random House.
Se trata, sin duda, de un libro muy íntimo que muestra al lector los últimos días del más importante escritor nacional de todos los tiempos y una figura cimera de la literatura universal, Gabriel García Márquez —en 2014—, y que también evoca la partida de su mujer Mercedes Barcha Pardo —en 2020—. Al mismo tiempo, se descubre un escrito sencillo y penetrante, cargado de sufrimiento y realismo, hecho en un lenguaje al alcance de todo tipo de público; una verdadera obra maestra redactada sin la floritura y la exhuberante imaginación del hombre de Macondo, pero acompañada de un estilo directo que pone al lector en el escenario mismo de los acontecimientos como si pudiera presenciarlos. Desde luego, la inclusión de excelentes fotografías —algunas de ellas inéditas— ayudan a componer la magnífica escena.
Como es obvio, es triste conocer detalles tan duros de los últimos años del gran genio literario acosado por el cáncer, la demencia senil con la pérdida de la memoria y la imposibilidad de poder volver a escribir; algo que se dice de forma descarnada. Una muy difícl vejez vivida por quien alcanzó los más sonoros reconocimientos que un escritor puede cosechar en vida, gracias a su genialidad, lucidez, infinita curiosidad, disciplina, tezón y entrega; un final que un mortal de esa estatura intelectual no merecía y que, de paso, recuerda mucho las grandes dificultades que él tuvo para forjarse como magnífico cultor de las letras hasta llegar a ser el ídolo de millones de lectores. Ese hombre que —y eso le dijo al autor el asistente de su padre— podía “hablar de manera hermosa hasta de las cosas más horribles”.
Es más: el escrito, en medio de su perfección, recupera algo que los estudiosos de la pedagogía han dicho siempre: El saber no nace en escuelas, colegios o universidades. Los valores, la formación académica y la sabiduría no se adquieren como si se tratara de una vil mercancía (algo que esta sociedad líquida y neocapitalista pretende), porque, como dice hoy el hijo mayor de García Márquez, ellos surgen en el seno del hogar: “Ningún director, escritor, poeta —ninguna pintura ni canción— han influido más en mí que mis padres, mi hermano, mi esposa y mis hijas. Casi todo lo que vale la pena saber se aprende todavía en casa”.
Desde luego, este libro-testimonio no podía quedar completo sin evocar a la matrona, a Mercedes, esa mujer calificada por el autor como “franca y reservada, crítica e indulgente, valiente, pero temerosa del desorden”, a la vez “profundamente afectuosa”, que fue el gran acicate para que el nobel de literatura confeccionara su fabulosa obra y que, con su presencia, guía a hijos y nietos en este devenir existencial. Y es que, así sean pocas las páginas que el texto le dedica a ella, para el lector queda muy claro que el gran homenaje contenido en el escrito —más que una despedida— es para esa dama que murió en plena pandemia, de forma curiosa también a los 87 años de edad, como el propio Gabo.
En fin, estamos ante un diario redactado en tiempo presente, conmovedor, emotivo, que no solo despide a los dos padres, sino que muestra el drama existencial de los hijos; de él se puede decir lo aprendido por el autor de su progenitor: “no hay nada mejor que algo bien escrito”; y, conste, García Barcha lo logra con creces al elaborar la obra