Columnistas

Tragedia

01 de julio de 2017

Aquí cada tragedia desnuda un problema, muchas nos enseñan la geografía de un país que poco conocemos, todas, develan la incapacidad de este estado, en Guatapé naufragó una embarcación, vendrán investigaciones y culpas; como en casi todos los sectores, estamos llenos de normas y de leyes que poco se cumplen, este Estado experto en desconfiar, está siempre listo a legislar, pero poco sabe de controles serios, aquí se prefiere casi siempre el negocio a la vida, que lo digan si no los señores de la guerra.

Nadie entregó chalecos salvavidas a los turistas, pero ¿los habrían usado? Para un colombiano en plan de turismo festivo y rumbero es más importante bailar, brincar y fotografiarse que proteger su vida, la seguridad poco nos importa; recuerdan cuando hace años nos exigieron usar el cinturón de seguridad, la polémica fue grande, aún hoy hay conductores que lo lucen como banda de reinado, puro adorno.

Quién revisa las embarcaciones que navegan en el embalse, quién garantiza que esas estructuras que han denominado como “artesanales” cumplan con los requisitos exigidos para soportar pesos y desplazamientos, según lo dice el diario El Tiempo “aunque existe un marco normativo amplio que contempla a todos los responsables de preservar la seguridad, todavía no se ha definido dónde estuvo la falla en el naufragio en Guatapé y quiénes deben responder”.

El problema es que ahí están las normas, diseñadas para un país perfecto, pero nunca socializadas de manera correcta con los operadores, los emprendedores o los industriales, mañana multarán, cerrarán y estigmatizarán a algunos de los implicados, pero nunca serán los funcionarios de este Estado incompetente los que asuman su responsabilidad al no haber compartido con las empresas la normatividad vigente, insisto, aquí lo importante es el negocio y si median los impuestos, aún mejor, se trata de recaudar para robar.

En Guatapé se ha hecho el mismo “desarrollismo” desmedido del resto del Oriente, esta tragedia debería servir para reflexionar acerca del turismo que desea promover y desarrollar el municipio, treinta mil visitantes cada fin de semana ejercen una presión sobre el territorio que aún está por dimensionarse; nos debería importar más la región que el negocio, ojalá la anunciada provincia turística ordene algo.

Pero las tragedias también exponen a veces el lado más hermoso de los hombres, la capacidad que aún nos queda de ser solidarios, circula en redes sociales un texto, que de ser cierto, habla muy bien de la condición humana, “de otro lado, el gerente del hospital La Inmaculada, de Guatapé, Eduardo Rivera, contó que en el momento del naufragio, a las dos y treinta de la tarde, tenía un médico y una enfermera en turno. Al ocurrir el hecho, se activó la alarma y llegaron otros cuatro médicos del hospital y las otras cuatro enfermeras.

Sin embargo, agregó, de entre los turistas aparecieron otros 15 médicos, entre generales, cirujanos, anestesiólogos, pediatras, hasta un otorrinolaringólogo y un ginecobstetra; también acudieron diez auxiliares de enfermería y cuatro sicólogos. Los vecinos del hospital se solidarizaron con cobijas para los pacientes y hornos microondas para calentar las vacunas.

Se sumaron las tripulaciones de ambulancias de Granada, Marinilla, Rionegro, El Peñol y San Rafael y la farmacia del parque La Culebra, de Comfama.”

Ante la ineficacia del Estado, la solidaridad de los nuestros.