Columnistas

SOBRE EL POBRE PATRIMONIO

30 de septiembre de 2017

Estación Lo Que Queda, a la que llegan los buscadores de rastros arquitectónicos, históricos, geográficos, morales, culturales y de conocimiento probado, pero no encuentran más que muros deteriorados, mentiras oficiales sobre pasados maquillados, una que otra planta con un animal enfermo buscando huecos en un territorio roto, colecciones de pecados asquerosos, subculturas de la mala repetición y conocimientos a los que se les quita parte del orden que contienen para que sean más rentables. Y es que en esto que llamamos patrimonio (que tiene que ver con lo que hemos hecho), la herencia es asustadora y Edgar Allan Poe se movería a sus anchas por ella creando nuevas pestes rojas y negras, péndulos más filados y emparedamientos más atroces, porque lo que hay es un gótico aporreado, habitado por lechuzas, búhos, cuervos y otros seres de la noche, entre ellos colecciones enteras de diablos de todos los tamaños y voces, de mano larga y baba colgante, ojos enrojecidos y diente largo. La palabra patrimonio, que proviene de patria construida y en calidad de herencia para que lo mejor persista y así las generaciones nuevas no se pierdan por el camino, pues ya sabrían lo que hay que hacer y sostener, también puede indicar patria destruida, lo que ya implica heredar trozos en mal estado, malas conciencias y zonas oscuras habitadas por la codicia, la corrupción y la ignorancia. Es que esto también se hereda, igual que las cucarachas y los ratones que habitan los baúles y áticos de los testamentos, o el conocimiento heredado que, cuando está contaminado (tocado del desprecio y o la burla), ya presagia lo peor. Así que hay patrimonios pobres y quizá el más pobre que tenemos es el de la moral (las buenas costumbres), que llega acompañada de desorden, burlas a las leyes y hervores pecaminosos.

Los patrimonios, que para efectos de balance y valoración estarían conformados por elementos tangibles (arquitecturas, territorio, arte), también tienen un compuesto intangible y es lo mental heredable, que no es solo un asunto de neuronas sino de ejemplos recibidos en la casa y en la sociedad y que provienen de padres y gobernantes, de maestros y hombres públicos. Y es claro: una persona es el resultado de lo que ha visto hacer y lo que han hecho con ella. Y es también los controles éticos que ejercen sobre ella para que, en lugar de libertinaje, construya libertad e inteligencia propicia para mantener en buen estado lo que le hace bien a él y a los otros. Así, lo patrimonial no es para ver sino para vivir. Y es la patria que tenemos, ese lugar donde cumplo unos deberes y adquiero unos derechos. O lo contrario.

Acotación: lo patrimonial, que se confunde con solo la arquitectura (la más falsificada y ecléctica), antes que bienes muebles e inmuebles, es la arquitectura humana que heredamos y sobre la que construimos. Y esto hace rico o pobre al país, pues sobre lo bueno o lo malo se construye el destino. Hay herencias buenas y otras que son sustos.