Columnistas

Reflexiones a propósito de las elecciones

08 de noviembre de 2015

Las elecciones regionales y locales que acaban de pasar ameritan algunas reflexiones acerca de los cambios y mensajes que se derivan de las mismas. Todo indica que es más complejo que decir, se cambió la tendencia abstencionista, o ganó este o aquel partido político.

Primero, es necesario señalar que en las elecciones para alcaldes en las grandes ciudades -Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga, entre otras- triunfaron personalidades políticas o empresariales antes que partidos; es decir, allí la pertenencia a determinada formación partidista fue irrelevante y los ciudadanos votaron fue al candidato, sin importar los apoyos partidarios que pudieran habérsele sumado a esa candidatura; es más, la tendencia en casi todos los casos fue a no identificar al candidato con una fuerza política determinada, sino más bien resaltar sus capacidades de gestión o la trayectoria previa; esto podría llevar a la conclusión que los partidos políticos perdieron toda relevancia en estos espacios; sin embargo, es muy temprano para esa conclusión porque en este tipo de elección territorial tiende a primar más la capacidad de gestión o la confianza que puede inspirar un candidato, que el peso político del partido al cual se le identifique o sea parte activa.

Segundo, otra cosa son las votaciones por cuerpos colegiados, concejos y asambleas que en general correspondieron más a listas partidistas, pero allí la presencia del voto preferente sigue marcando mucho la individualidad y su peso político; si bien desde el punto de vista cuantitativo sería el mejor indicador para medir el peso electoral propio de cada partido, sigue siendo solo una referencia, porque el peso de las individualidades políticas con seguridad altera un poco lo anterior. Al respecto sigue siendo un campo de aprendizaje importante, especialmente para los partidos minoritarios, que en la medida en que no utilizan, por ejemplo, el sistema de lista cerrada, pueden terminar perdiendo votos; igualmente la no utilización de coaliciones entre partidos y movimientos políticos para listas de corporaciones territoriales puede ser una mala estrategia para estas organizaciones políticas lograr maximizar sus votaciones. Allí es fundamental el análisis de cómo actuar en cada circunstancia, pero en general lo deseable sería ir a un sistema de lista cerrada por partido o coalición, que facilite el ejercicio de votar al ciudadano.

Tercero, un gran aprendizaje es que a pesar de que puedan existir problemas de controversia nacional, lo que determina el comportamiento de los votantes en este tipo de elecciones es la problemática local y lo que esperan los ciudadanos en términos de la eficacia de las autoridades que van a dirigir sus municipios o departamentos; en esta elección vimos que un tema relevante como lo era el de la implementación de los acuerdos de terminación del conflicto armado e iniciar la construcción de paz, tarea que va a ser la responsabilidad de muchas de las autoridades regionales y locales elegidas, no fue de importancia para definir la orientación del voto. Esto sin embargo tiene de aspecto positivo, que el alcalde o gobernador elegido puede con mayor tranquilidad y sin el peso de compromisos electorales previos, asumir las tareas atinentes a ejecutar de manera adecuada programas asociados a la implementación de acuerdos de paz en sus regiones.

Cuarto, no hay duda que los partidos han perdido centralidad en la decisión de los ciudadanos -especialmente los que se sitúan en los extremos de derecha e izquierda-, pareciera que esta elección vio a un electorado más situado en el centro político y apoyando las propuestas menos controversiales, esto mostraría que hay cierta fatiga de la polarización que ha atravesado otros temas nacionales y una tendencia a un cierto ‘voto de compromiso’ con la solución de problemas que afectan la vida cotidiana.

Quinto, es demasiado temprano para decretarles la muerte a los partidos políticos, porque si bien han perdido peso en estas elecciones regionales, lo siguen teniendo para elegir representantes a las corporaciones públicas y con seguridad en las nacionales próximas su centralidad va a aumentar; otra cosa es que cada vez menos hay un partido hegemónico y por lo tanto van a ser las coaliciones la figura fundamental en las elecciones uninominales y frecuentemente en las colegiadas.

Por último, el que tengamos un creciente electorado no rabiosamente adscrito a una determinada corriente política, nos indicaría que ese electorado estaría dispuesto a escuchar propuestas y tomar decisiones en cada caso, pero por el otro lado, siguen teniendo un peso muy grande las lógicas clientelistas y ciertas prácticas de corrupción, que distorsionan el funcionamiento de la democracia.