Por qué en Dinamarca no hay Odebrechts
Los escándalos de corrupción en el mundo, que se reproducen cada día como una epidemia y llenan el espacio de los noticieros, los periódicos y los programas de debate y discusión sobre la actualidad, y sacuden a la opinión pública atenta en las redes sociales, trascienden la vida cotidiana y la coyuntura. Algunos analistas, profesores universitarios, intelectuales y hasta líderes emergentes de la política, cuando se refieren a la corrupción en América Latina y, puntualmente, en Colombia, afirman que es un problema cultural, es decir, propio de nuestras sociedades desordenadas y folclóricas, y que fenómenos como el clientelismo y el rentismo en la política son únicos, inherentes a la historia que hemos vivido. En conclusión, somos corruptos o se nos percibe como corruptos, porque somos latinoamericanos.
Otro punto de vista más objetivo y esclarecedor, pero que invita también al pesimismo, es el ofrecido por la organización Transparencia Internacional, que todos los años publica su Índice de Percepción de la Corrupción. Allí se califica a 176 países con puntuaciones de 0 a 100 (100 es percepción de ausencia de corrupción, y 0 corresponde a muy corrupto), y el resultado de 2016 indica que dos tercios de los países se encuentran por debajo de la mitad, lo que también significa que la corrupción está presente en todas partes y no es una enfermedad latinoamericana o africana. En Orden y Decadencia de la Política, Francis Fukuyama argumenta que no hay sociedades perfectas, angelicales y en donde no se presenten desviaciones o abusos de poder, o la cooptación del poder político por parte de grupos de presión o élites, y más bien propone la debilidad institucional y el deficiente marco de libertades políticas, civiles y económicas, como la principal causa de la corrupción.
Que Dinamarca, Nueva Zelanda y Finlandia sean percibidos como transparentes (en las primeras diez posiciones del Índice), mientras que Colombia, Brasil y Argentina (en el medio) son percibidos como corruptos, y Venezuela esté casi al final, al lado de Somalia y Sudán (los más corruptos del mundo), es más un signo de las diferencias en el desarrollo del Estado de Derecho, la democracia y la economía de mercado, que de peculiaridades culturales o geográficas.
En Dinamarca también hay seres humanos codiciosos que pueden transgredir el orden y los límites institucionales, pero la conciencia y la cultura política de la gente, junto con un Estado proporcionado en su tamaño y sus funciones, son la clave para no ser contagiado por los Odebrechts latinoamericanos.