¿Pasaron de moda las mayorías?
Los eventos políticos de 2016 trajeron sorpresas para una mayoría de líderes políticos, analistas, orientadores de la opinión pública y, en general, ciudadanos atentos. Guiados por sus preferencias o expectativas sobre el curso que los acontecimientos deberían tomar, hicieron proyecciones y concluyeron que todo ocurriría según su voluntad. Pero los deseos y la realidad no siempre se acompañan, y con frecuencia esta los contradice. La voluntad se convirtió en capricho y en negación de los hechos objetivos y de las reglas de juego, desde Colombia hasta España, pasando por Estados Unidos y Gran Bretaña. Estos son los cuatro casos que interesan y tienen en común una tendencia propia del siglo XXI, como también de la era posterior a la tesis del Fin de la Historia: mientras Francis Fukuyama anunciaba en 1988 el triunfo de la democracia liberal y de los valores occidentales, hoy ocurre exactamente lo contrario y en sociedades con relativa apertura democrática.
Las mayorías como fuerza legitimadora de las grandes decisiones que comprometen el destino de una sociedad moderna, parecen estar pasando de moda o ser contraproducentes. En Colombia, más de seis millones de personas se manifestaron en un plebiscito que rechazó los acuerdos alcanzados por el Gobierno y la organización narcoterrorista de las Farc, pero muy pronto, el presidente Santos y la gran maquinaria política, junto con las altas cortes, actuaron como uno solo para desconocer lo que la gente había decidido, en una muestra de autoritarismo rampante. En España, luego de dos elecciones generales en las que el Partido Popular se ratificaba como partido gobernante, los líderes del Partido Socialista, de Podemos y de Ciudadanos, intentaron bloquear un segundo mandato de Mariano Rajoy, el ganador de las elecciones, procurando formar un gobierno entre opciones que, según las reglas del sistema parlamentario, habría sido viable, pero en todo caso iría contra lo decidido por la mayoría que respaldó al PP.
En Estados Unidos, con todo y el carácter racional y complejo de su sistema electoral, sindicatos, grupos dentro del Partido Demócrata, varios medios de comunicación, Ongs y otros grupos de presión económica y social, impulsaron el sabotaje al resultado que dio la victoria a Donald Trump, e incluso hicieron llamados a la protesta pacífica, que terminó tornándose violenta en numerosas ciudades estadounidenses.
Y en Gran Bretaña, luego del referendo que dio el resultado favorable a la salida del Reino Unido de la Unión Europea (votó el 52 % de los ciudadanos por esta opción), la justicia y otros poderes políticos, mediáticos y económicos, están en procura de deshacer el veredicto sobre este asunto tan importante. Está claro que hoy no se tienen en alta estima, por no decir que ninguna, las opiniones y los intereses de la gente. No hay límites y de hecho se expone la voluntad de las mayorías al ridículo, cuando se crea una falsa dicotomía entre brutos e inteligentes, entre decisiones populistas y decisiones y civilizadas, que divide a la sociedad y niega con arrogancia la naturaleza pluralista y competitiva de la democracia.