Columnistas

No es Vargas Llosa, es Cortázar

12 de febrero de 2022

Un amable lector, el señor Jorge Iván Carvajal, a quien agradezco, me hizo caer en cuenta de la equivocación cometida por mí en la columna publicada el pasado 22 de enero. Hablando de escribir corto en las columnas de opinión, atribuí al nobel peruano Mario Vargas Llosa un comentario en el sentido de que el cuento era como una pelea de boxeo que se ganaba por knock-out, mientras en la novela se conquistaba al lector por puntos.

“No es Vargas Llosa, es Cortázar”, me corrigió el acucioso lector. Y me adjuntó el texto de “Algunos aspectos del cuento” del escritor argentino. Creo que la mejor manera de enmendar mi error es trascribir el aparte del escrito en referencia. Mea culpa. La falta de rigor es inaceptable siempre, sobre todo en periodismo.

Decía Julio Cortázar en una conferencia que dictó en Cuba y que ha pasado a ser una lección obligatoria sobre el cuento como género literario:

“Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out. Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que prefieran y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos. El cuentista sabe que no puede proceder acumulativamente, que no tiene por aliado al tiempo; su único recurso es trabajar en profundidad, verticalmente, sea hacia arriba o hacia abajo del espacio literario. Y esto, que así expresado parece una metáfora, expresa, sin embargo, lo esencial del método. El tiempo del cuento y el espacio del cuento tienen que estar como condenados, sometidos a una alta presión espiritual y formal”.

Dejo para otra oportunidad hablar sobre el cuento según Cortázar. Quisiera sí rematar lo de escribir corto, añadiendo estos consejos:

—No dé rodeos. Diga una cosa detrás de otra. Las perífrasis o circunloquios acaban metiendo en un laberinto sin salida tanto al que escribe como al que lee.

—No empiece a escribir sin saber cuál va ser el final. Si no conoce la meta se perderá en el camino y prolongará innecesariamente los intentos de poner punto final.

—Si no tiene nada que decir no escriba. El silencio, oral y escrito, es una invaluable contribución a la cultura y a la formación de la opinión pública