Columnistas

Mi otra mitad azul

02 de julio de 2018

Nunca hemos hablado de las fuerzas sistémicas que garantizan que esos ríos se muevan y provean los bienes y servicios que hoy tenemos. El agua siempre debe analizarse como un factor sistémico y precisamente ese sistema es el desconocido. El ciclo del agua que nos enseñaron en el colegio nunca se nos debe olvidar, especialmente, el componente perteneciente al mar, a los océanos, inclusive a nuestras costas. Su riqueza es inimaginable, sus tesoros totalmente desconocidos y la manera de aprovecharlos sosteniblemente es como si no existiera. Son nuestra otra mitad.

Aunque se nos olvida permanentemente, nuestra media naranja son los mares, océanos, deltas, ríos que desembocan en el mar, canales y estuarios, los cuales cubren dos terceras partes de la superficie terrestre. Son la gran fuente del oxígeno para el planeta, determinan fuertemente los factores climáticos, absorben los gases de efecto invernadero y equilibran los eventos extremos climáticos. Pero también proveen minerales y alimentos, y de acuerdo a Bonapas Onguglo y David Vivas Eugui para el blog de ICTSD, los océanos generan más de 350 millones de empleos en pesca, acuicultura, turismo marítimo, costero e investigación. Para más de mil millones de personas el pescado es su principal fuente de proteína.

El comportamiento del mar nos determina las condiciones de lluvia en nuestros territorios y por supuesto enfrentan los grandes riesgos ambientales y económicos que surgen por el aumento promedio de su temperatura, elevación del nivel del mar, acidificación del agua, sobreexplotación y manejo de los recursos marítimos, principalmente, por desconocimiento de su estructura ecológica marina principal y por lo tanto, de los efectos que su uso puede tener en el sistema.

Es por esto que en la cumbre y en el documento de Río+20, las naciones se comprometieron a proteger y restaurar la salud, productividad y resistencia de los océanos y ecosistemas marítimos para preservar su biodiversidad y permitir su conservación, entre otros, y la Declaración de Abu Dhabi sobre la Economía Azul en el 2014 resaltó la contribución de la economía de los océanos para solucionar problemas de hambruna y pobreza, creación de medios de subsistencia sostenibles y mitigación del cambio climático.

Como un subconjunto de la economía verde y naranja nace la economía azul, en un contexto de sostenibilidad, para integrar a las poblaciones costeras y comunidades pesqueras tradicionales que promuevan su expansión económica, productiva y comercial basada en nuevas y buenas prácticas que se adapten a la realidad del ecosistema marino y costero.

Para esto Colombia ya está preparada a través de nuestro Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis – Invemar, encargado hace varias décadas de realizar las investigaciones de los recursos naturales renovables y del medio ambiente en los litorales y ecosistemas marinos y oceánicos, y su articulación con otras entidades públicas y privadas del país. Temas tan fundamentales como el cambio climático y su varibilidad extrema, los recursos marinos y su sobreexplotación, el aumento en el riesgo de la seguridad alimentaria y la reducción de oportunidades económicas, especialmente para las poblaciones costeras vinculadas a la pesca, están puestas actualmente sobre la mesa global.

Sin ir tan lejos, de acuerdo con ICTSD en el 2012, el valor de exportación del pescado y de productos derivados (tanto de acuicultura como de pesca) se estimó en US$ 129 mil millones, mostrando un crecimiento anual de 2 %. La acuicultura representó 24 % del total de la producción de pescado en 2011.

Para estos retos Minambiente e Invemar continuarán fijando políticas apropiadas que aseguren que el aprovechamiento de estos recursos se haga de manera sostenible, definiendo las variables apropiadas que deben ser contempladas en los permisos necesarios para su explotación, así como en los estudios de impacto ambiental de los proyectos, obras o actividades que afecten al mar, las costas y sus recursos y así como atender las necesidades de las poblaciones locales y regionales. Un mundo todavía por descubrir. Lleno de muchas oportunidades. Que como dice el Instituto José Benito Vives somos 50 % mar y la década 2020-2030 será azul.